ARIEL ARDIT

"Por Gardel, decidí dedicarme al tango"

Es hoy uno de los mejores cantantes de tango en Argentina y nominado a los premios Grammy, el cordobés Ariel Ardit se presenta mañana junto a la Filarmónica a las 21.00 en el Teatro Solis (de 400 a 1.200 pesos por Tickantel) para presentar su sexto disco, Gardel Sinfónico (Sony).

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Ariel Ardit. Foto: Marcelo Bonjour

—¿Cuál es la intención de este disco, Gardel Sinfónico?

—La idea siempre fue llevar el Gardel compositor al ámbito sinfónico. Había pasos obligados en los lugares importantes de la historia de Gardel, y Uruguay es uno de ellos. Empezamos con Medellín donde se grabó el disco y seguidamente va a ser en el Teatro Colón (en febrero). Obviamente que me interesaría hacerlo en Nueva York, donde hizo las películas.

—Antes de eso te presentas en Montevideo.

—Es que Uruguay es uno de los lugares más importantes que tiene que ver con la historia de Gardel. Por lo que es una parada obligada y muy buena. También por eso hay expectativa por el concierto.

—¿Cómo surge la idea de mezclar a Gardel con una orquesta sinfónica?

—Los temas que grabé son las composiciones de Gardel, donde aparece con su pluma de compositor, y son los temas de las películas. Entonces el repertorio es el que lo hace internacional a Gardel, porque no es el repertorio de las guitarras. La última época de Gardel en el cine son los temas con los que él salía a competir discográficamente con las grandes voces como Bing Crosby o algunos crooner de jazz.

—¿Por eso el disco suena como una big band?

—Claro. Entonces ya la insinuación de las versiones de Gardel en el cine no eran tres guitarras. Aparecía el violín, el piano y tenían otro bagaje más orquestado. Es que Gardel tuvo una gran afinidad con la ópera y la música sinfónica: era un asiduo concurrente al Teatro Colon.

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—¿Hace mucho que tenías ganas de hacer este disco?

—Esto surge a partir de un homenaje que se le hace en el año 1995 a Gardel en Toulouse que vi por televisión. Había una sinfónica que interpretó todo el repertorio de Gardel "Volver", "Soledad", "Cuesta abajo", en versiones instrumentales, no cantaba nadie. Pero esas melodías son tan buenas, tan bien compuestas y logradas en lo musical, que van de una guitarra a una orquesta sinfónica y siempre suenan bien.

—¿Y entonces?

—Pensando un poco en la afición de Gardel por la música clásica, al ver ese homenaje me dije: "qué lindo que un cantante de tango pueda ponerse al frente de una sinfónica cantando esos temas". A mí esa experiencia me llevó 20 años concretarla. Entonces con Andrés Linetzky que hizo los arreglos, quisimos mantener la esencia del tango, con acompañamiento sinfónico.

—¿Fue sencillo hacer eso?

—Lo más difícil de lograr fue la articulación. Cuando tenés una orquesta con pocos instrumentos, la articulación rítmica es más ágil, y que una línea de 16 violines y 10 violas puedan articular como necesita el tango, tener esa agilidad, es más lenta. Por eso tiene que estar bien escrito para que sea ágil y estoy convencido que eso se logró. Por eso la gente que venga al show va a escuchar tango. No va a escuchar a una sinfónica tratando de tocar tango. Y ese es el desafío que nos planteamos y creo que conseguimos.

—¿Qué se necesita para ser un buen cantante de tango?

—Ojalá hubiera una fórmula del tipo tome esto cada ocho horas y cantará bien. Para lo que sea se necesita un condimento afectivo. Tenes que tener amor por lo que hacés.

—¿Cuál es la importancia de Gardel en tu carrera?

—Por Gardel decidí dedicarme al tango, por lo que para mí, es un honor cada vez que canto uno de sus tangos con la sinfónica. Arriba del escenario me digo: yo soy esto, y no tengo que justificar nada más.

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