ENTREVISTA

Gabriela Iribarren sobre "Ana contra la muerte": "Te llena de vida esa obra"

La actriz protagoniza la última obra de Gabriel Calderón, uno de los fenómenos recientes del teatro uruguayo. De eso habló con El País

Gabriela Iribarren. Foto: Estefanía Leal
Gabriela Iribarren. Foto: Estefanía Leal

En una sala de fondo negro, parada ante un público que aplaude como si en ese compás hubiera que poner todo lo que se siente adentro, sostenida a un lado por María Mendive y al otro por Marisa Bentancur, Gabriela Iribarren está a punto de desarmarse. Tiene la respiración agitada y en el gesto, esa mezcla de esfuerzo y goce que se traduce en felicidad pero que ahí, a flor de piel, se parece al vacío. Acaba de terminar una función de Ana contra la muerte y todavía siente a ese personaje hinchándole las venas, consumiéndola.

Un rato después ya estará relajada, ya se habrá despojado de la mochila de esta madre dispuesta a todo por la vida de un hijo. Charlará, reirá, dormirá y al día siguiente, de vuelta, le pondrá el cuerpo a esta obra de Gabriel Calderón que por primera vez la lleva a escena con sus compañeras de toda la vida y, hace 20 años, socias en el Instituto de Actuación de Montevideo. Y estará vacía de nuevo y otra vez se recompondrá, porque tiene cuatro décadas de oficio y porque nació, lo supo siempre, para eso: para actuar.

Ahora, en entrevista con El País, hay un instante en el que Gabriela Iribarren parece estar también a punto de desarmarse. Trata de explicar cómo han sido los ensayos de Ana contra la muerte, busca con esfuerzo alguna palabra que sea capaz de resumirlo todo, se refugia en un trago de café demasiado largo, y de golpe suelta su inesperado hallazgo. “Horrible”, dice.

“Fue muy doloroso... Yo hice un duelo. Pero es la mezcla del dolor de la circunstancia con la emoción del hecho artístico, la belleza de algo perfecto”, resume. “Y termina la obra y parece que me voy a desmayar, pero llego a mi casa y estoy feliz. Eso es lo que quiero transmitir: te llena de vida esa obra”.

Quince años atrás, o más, Iribarren, Mendive y Bentancur le pidieron a Calderón que les escribiera una obra. Querían trabajar juntas y llevar a escena ese teatro tan suyo: inteligente, ácido, fantástico.

Pero en 2019 el dramaturgo se les apareció con una idea y un texto que nada tenía que ver con lo imaginado. Les dijo que quería leerles una escena, la primera. Ellas dijeron que sí. Él leyó. Ellas escucharon. “Y el impacto fue brutal”, dice ahora.

Ana contra la muerte es un drama duro sobre una madre que afronta el cáncer de su hijo sin recursos pero sin resignación. Iribarren es Ana y Mendive y Bentancur le dan vida a una variedad de personajes en una puesta de gran exigencia actoral y factura técnica muy sencilla y muy lograda. El texto se inspiró en la muerte de la hermana de Calderón.

Es una obra bella y poderosa y, además, el fenómeno teatral de los últimos meses. Hizo un preestreno en 2019, agotó 14 funciones en 2020 en plena pandemia, y reestrena este jueves en la Sala Hugo Balzo del Auditorio del Sodre, para una docena de funciones también con entradas agotadas.

“Trasciende el exitismo, el elogio. Y vivir eso en el teatro es un privilegio”, asegura Iribarren, más en tiempos pandémicos. “Cuando los artistas salimos a exponer el sufrimiento del sector y apelamos al público, el público respondió. Ana... es un fenómeno y la rapidez con la que se agotan las entradas habla de ese furor, que es contado con los dedos en la carrera de cualquier artista”.

"Trasciende el exitismo, el elogio. Y vivir eso en el teatro es un privilegio"

Gabriela Iribarren

Para la actriz, la cuestión de fondo es sencilla: “las personas necesitan el arte”.

“La cultura siempre fue la Cenicienta de todos los gobiernos, y no es un problema solo nacional”, dice sobre la crisis que vive el sector ante la emergencia sanitaria. Convencida de que el arte escénico no puede transformarse en un nicho de mercado y de que es el Estado el que debe invertir en él porque así invierte en el pueblo, asegura que los artistas resistirán a pesar de todo. “Porque somos como las cucarachas, ¿viste? Se va a explotar el mundo y vamos a quedar nosotros. Y haremos con lo que tengamos. Pero tener una cultura marginada es un empobrecimiento para cualquier país”.

Iribarren dice que ama al personaje de Ana con todo su corazón, no más ni menos que a Laura Winfield de El zoo de cristal, a Stella de Debajo de las polleras, a Honey de Quién le tema a Virginia Woolf, a Simone de Beauvoir, a Elena Quinteros.

En su historia conviven decenas y decenas de personajes de teatro, cine y televisión. Este año espera dedicárselo a la obra de Calderón aunque siempre hay otros proyectos en la vuelta, y pronto rodará la serie de Amazon Helado y porno, del argentino Martín Piroyansky, que se filmará en Uruguay.

Gabriela Iribarren. Foto: Estefanía Leal
Gabriela Iribarren. Foto: Estefanía Leal

Por delante está, también, el festejo de los 20 años del Instituto de Actuación de Montevideo (lo previsto está en pausa por la pandemia), una escuela que la directora y docente define como “una magia”. “Ahí se produce algo que nos hace sentir que todo esfuerzo vale la pena”, dice hablando también por Mendive y Bentancur, sus compañeras en este viaje.

En el IAM, como en Ana contra la muerte, como en cada trabajo que Iribarren se pone por delante, todo se trata de correr riesgos. “Nuestra profesión te devuelve lo que vos le das. Vos le das mucho y te devuelve mucho, en satisfacción y en llegar al otro. Y le das poco y te devuelve poco. Es muy noble y muy concreta, ¿viste? Y no todo el mundo está dispuesto. En mi casa ya lo saben todos: yo, 15 días antes de un estreno, no existo. Hace 38 años que soy actriz”, sintetiza Iribarren. “Y los riesgos, en el arte, son los que te hacen crecer y transmutarte. Cuando uno siente profundamente una vocación artística, lo que vos querés es expandirte, ir a espacios nuevos, aunque impliquen riesgos. Y ese es un acto grande de libertad”.

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