TEATRO

Formato de verano para una terapia involuntaria

El comediante Ezequiel Campa está hoy en La Trastienda.

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Ezequiel Campa. Foto: Francisco Flores

El argentino Ezequiel Campa, una visita habitual de La Trastienda en los últimos años, inaugura hoy la temporada de café concert con un espectáculo llamado Formato Verano que, asegura su responsable y protagonista, es un poco más que una excusa para justificar este regreso.

"Es una selección de los grandes éxitos que nunca tuve", bromea el comediante, quien recuperó material viejo aunque ahora aggiornado, y lo mezcló con algo de lo que venía haciendo y con un poco de Jugo y confusión, el nuevo show que estrenará en abril y que, asegura, todavía no tiene muy claro a dónde está yendo.

"Lo que voy a hacer ahora es una mezcla incluso de distintos momentos míos como comediante. Tiene mucho material de observación de lo cotidiano, que siempre consideré eso como un material más iniciático, porque después el desafío es pasar de eso a mostrar una cosa mucho más personal y profunda. Pero hay cosas que me siguen divirtiendo", dice Campa, que ha pasado por el cine y la televisión argentina y que desarrolló parte de su camino como comediante junto a Malena Pichot, con quien durante varias temporadas hicieron el espectáculo Campa-Pichot.

Desde que emprendió su proyecto personal, que es el del stand up más clásico (él frente al público, con dinámica corporal pero con el foco puesto en su manera de decir), Campa está en ese proceso de compartir sus asuntos personales para hacerlos públicos, y a partir de ahí dar un mensaje que también sirva para hacer reír. "Y aunque no debería ser el objetivo —no lo es en mi caso— tiene algo de terapéutico", admite.

Con esta terapia involuntaria regresa hoy a las 21.00 a La Trastienda, y hay entradas en venta en Red UTS y Redpagos, a partir de 500 pesos.

—¿Decidiste en algún momento que querías ser comediante, o se dio así?

—Yo ya era actor, nunca había pensado en la comedia. Tenía solamente el recuerdo y la sensación de haber hecho reír a la gente, desde chiquito. Y de repente me crucé con el stand up, y empecé a ver mucho. Y después me acerqué ya para hacerlo, pero como mi intención era divertirme eso hizo que no le pusiera presión, entonces fue sucediendo. Yo creo que hay un montón de cosas que uno busca, pero la mayoría de las cosas importantes lo terminan encontrando a uno. O dicho de otra manera, las encontrás cuando no las estás buscando. Tiene que ver con hacer cosas y disfrutarlas.

—En tiempos de redes, ¿hay una exigencia mayor por ser gracioso todo el tiempo?

—Es un tema ese, porque el stand up sigue siendo una cosa under e independiente, entonces en ese sentido estamos obligados a usar todas las herramientas que tenemos para que nos conozca la mayor cantidad de gente posible, además de que puede significar que alguien de la industria te vea. Eso es válido, pero la calidad de esos contenidos en general no es buena. Y lo otro discutible es cuánto tiempo le dedicás a eso y cuánto tiempo le dedicás a tratar de ser un mejor comediante, porque no solamente hacer videos te va a hacer un mejor comediante. El problema es cuando prima en vos que venga más gente. No tiene nada que ver con lo que deseaba cuando me acerqué al teatro.

—¿Y qué querías?

—Quería que a la gente le pasara conmigo lo que a mí me pasaba cuando veía a determinado actor. Ese deseo primario se trasladó al stand up: para mí la risa es una emoción tan válida como el drama.

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