crítica

Fina humorada sobre relatos chejovianos

Esta puesta en escena es de alguna manera un doble viaje en el tiempo. Por un lado transporta al espectador a los tiempos de la galera y el abanico, los largos lutos, y toda una serie de usos sociales ya en desuso, propios de los días en que Chejóv escribió estos tres encantadores relatos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Manuel Caraballo y Rosario Martínez conforman una buena dupla en escena.

Por otro, el montaje en sí también podría tener una datación lejana en la historia del teatro uruguayo, propia de dos o más décadas atrás. Pero ese es otro de sus encantos, que se reflejan ya en la blanca escenografía de Osvaldo Reyno, que invita al público a ubicarse ante estas historias que describen muy bien aquellos antiguos burgueses y terratenientes.

Una obra breve poco difundida del egregio narrador y dramaturgo ruso (Un trágico a pesar suyo) sirve a su vez de hilo conductor para los dos relatos centrales, ambos tan ricos en emociones como profundos en sentido: El Oso y El pedido de mano. El primero de los tres relatos abre el juego y crea escenas intermedias y el remate, por medio de un trabajo escénico en el que se luce el veterano Walter Etchandy junto a Pablo Isasmendi, un actor que sabe cargar sus papeles de mucha convicción y energía, desplegando un aire de torpeza muy eficaz.

El primer sketch da paso a un trabajo de tres actores que se comunican muy bien, y que logran expresar claramente los distintos puntos de vista de sus personajes, distintos en clases sociales y en modos de ubicarse ante la realidad. Diego Rovira (otro intérprete solvente, que da gusto reencontrar en escena), interpreta a un individuo que llega a una casa burguesa a que le hagan efectivo el pago de una deuda. Pelusa Vidal, en el papel de la dueña de casa, está de luto, y el largo ir y venir de ambos personajes se remata en una situación llena de ironía, muy al estilo de Chéjov. Sara de los Santos articula la relación entre ambos personajes, con un papel secundario que ella hace valer.

Colocados en orden ascendente, en cuanto al grado de hilaridad, de complejidad y de interés, El pedido de mano es en sí misma una pequeña obrita teatral, e invita a disfrutar de un trío de actores de primer nivel. Empezando por Carlos Frasca, cuya sola presencia anticipa la risa. Los modales con que el actor arma a su personaje, su tono, sus maneras de época, son detalles en los que conviene detenerse.

Junto a él, una vital pareja de actores (Rosario Martínez y Manuel Caraballo) logra las mejores escenas del espectáculo, que juega mucho a satirizar antiguas costumbres de clase. El modo en que el argumento va y viene rápidamente, y cómo los personajes cambian de golpe el carácter y el tono, es uno de los atractivos de esta parte, y más en general de la puesta en escena.

Como el nombre lo indica, El pedido de mano escenifica aquella vieja costumbre: pero en este caso, el pretendiente va generando una serie de discusiones que agitan el clima familiar y ponen en peligro el resultado. Y a través de ese ingenioso relato, no sólo hay una rica pintura de costumbres, sino también perfiles psicológicos interesantes, que permiten reflexionar incluso desde una perspectiva psicoanalítica.

En conjunto, Locura de verano permite ver un fino trabajo de dirección de Curi, un artista de las tablas que ya forma parte de lo mejor de la historia del teatro nacional. También la presencia de Osvaldo Reyno en la escenografía, o de Carlos Frasca en el elenco, también habla de una generación de buenos artistas del pasado que sigue en pie. Más que hacer reír todo el tiempo, la obra provoca risas intermitentes y hasta espaciadas, pero conquistadas a través de la inteligencia y el talento. Y más allá de la risa, la diversión está presente de principio a fin, en este refinado divertimento, nada común en la cartelera de hoy. La sala del Teatro Victoria, muy bien arreglada para la ocasión, es el marco preciso de esta linda velada teatral.

SABER MÁS

Locura de verano [***]

Sobre relatos de Antón Chéjov.  Versión y dirección: Jorge Curi. Escenografía: Osvaldo Reyno. Vestuario: Soledad Capurro. Iluminación: Jimena Correa. Elenco: Walter Etchandy, Pablo Isasmendi, Pelusa Vidal, Sara de los Santos, Diego Rovira, Carlos Frasca, Manuel Caraballo, Rosario Martínez. Sala: Victoria. Funciones: viernes y sábados (21h), domingos (19 h). $ 300.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados