TEATRO

Figuras emergentes que tienen mucho para decir y mostrar

Desde El gato de Schrödinger a Muñeca rota, una tendencia que crece.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El montaje El gato de Schrödinger agotó las localidades. Foto: M. Fernández

El 2016 fue un gran año para los autores nacionales y para dejar claro que el teatro íntegramente nacional pisa fuerte con productos de excelencia. Varios son los nombres de dramaturgos emergentes que resaltaron este año y que vale la pena mencionar.

Así, con estilos muy distintos pero con gran calidad, nombres como Santiago Sanguinetti, Jimena Márquez, Lucía Trentini, Marianella Morena o Federico Roca ocuparon durante todo el año varias salas que llenaron función tras función.

Sanguinetti, logró lo que, a mi entender, fue una de las obras más sobresalientes del año. El gato de Schrödinger fue una pieza redonda desde donde se la mire. Así, el autor ofreció un texto inteligente y con humor negro —que causó sorpresa en más de una ocasión— lleno de referencias y con la intensidad y verborragia habituales en su dramaturgia, combinado con una actuación estupenda en la que el elenco en su totalidad se entregaba absolutamente a un director que demandaba hasta el último esfuerzo de sus actores. Sanguinetti logró poner en escena, junto con el elenco de la Comedia Nacional, la más pura esencia teatral: ser y no ser a la vez.

Otro caso destacable es el de Jimena Márquez, que resaltó con varias puestas durante este año. La última fue La duda en gira, que se presentó en la sala principal del Teatro Solís y la tuvo dirigiendo a la Comedia Nacional. Fue un trabajo con un gran despliegue escenográfico y que transitó un humor bastante más directo que el de Sanguinetti, que por momentos se acercaba a la parodia. Pero lo más destacado de Márquez quizás haya sido el reestreno de El club de los idiotas, obra que fue llevada a escena por actores jóvenes y con escasa experiencia y que sin embargo cautivó a una gran franja de público.

El humor inteligente del texto y la frescura y entrega de los actores —que egresaron en 2015 del Instituto de Actuación de Montevideo— hicieron que la obra se mantuviese en cartel por varios meses y luego volviera a reestrenar. Con el mismo elenco, Márquez llevó a escena El tesoro olvidado de la familiaRTMFRJMK, que le dio el Premio Florencio para Niños como Mejor Directora y como Mejor Espectáculo. Esta obra fue una de las más destacadas de la cartelera durante las vacaciones de julio y septiembre.

Si de dramaturgos jóvenes y talentosos se trata, es imposible olvidar a Lucía Trentini quien con su policial sinfónico conquistó al público teatrero. Muñeca rota fue la mejor forma de demostrar que en Uruguay hay gente joven con ganas de hacer cosas nuevas. Así, Trentini logró hacer música —en su sentido más literal y en su sentido más metafórico— de una historia policial vertiginosa que atrapa de principio a fin.

Sobre Morena y su Barranca abajo no hace falta decir demasiado. Basta hablar de la combinación de la tradición con la innovación en una receta efectiva para una dramaturga sensible y provocadora —parte de la provocación se encuentra, justamente, en desarmar a un clásico de la dramaturgia uruguaya y meterse en su esencia para rearmarlo— que tiene acostumbrado al público a puestas críticas, cuestionadoras y, sobre todo, llenas de belleza.

Podría mencionar a decenas de jóvenes dramaturgos que durante el año escribieron, dirigieron y produjeron sus propias obras. A dramaturgos que se están descubriendo y a otros que se están reinventando. A dramaturgos que tienen mucho para decir y mucho talento para ofrecer. El 2016 fue un gran año para el teatro uruguayo. Ojalá que sean muchos más.

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