FESTIVAL DE CIRCO

Sin las fieras el circo se multiplica

Desde hoy al domingo 25, va el Segundo Festival Internacional de Circo de Montevideo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Festival de circo. Foto: Difusión

Hoy comienza la segunda edición del Festival Internacional de Circo de Montevideo, que se afirma con este segundo paso. Y lejos de ser un hecho fortuito, el encuentro artístico de payasos y acróbatas de Uruguay y el mundo habla de un estado de las cosas muy activo en este arte que en los últimos tiempo ha experimentado cambios tan drásticos como definitivos: los animales abandonaron prácticamente la carpa de lona, y este arte milenario actualmente revive bajo el nombre de nuevo circo.

No es casual, creo, que mientras en Montevideo los circos con animales fueron cada vez más escasos, haya cobrado fuerza esta nueva modalidad, que ahora reúne a artistas de Francia, España, Argentina, Chile, Brasil y Uruguay, en formatos que abarcan sala, carpa y al aire libre, más proyecciones de documentales sobre el arte circense y mesas redondas.

A principios de los años 20, la llegada a Montevideo del circo alemán Sarrasani marcó el inicio en esta ciudad de la gran era de los circos llenos de animales y artistas del mundo. La llegada del gran circo germano significaba un acontecimiento, empezando por el enorme sentido del espectáculo que ofrecían sus instalaciones, desde la llegada al puerto, hasta su instalación en el Parque Rodó.

Previo a la primera función, un desfile por la Av. 18 de Julio brindaba una fiesta popular, con la exhibición de todo tipo de animales exóticos y salvajes, que servían de publicidad para convocar espectadores. Desde entonces y durante décadas, grandes circos del mundo fueron aplaudidos por el público uruguayo, hasta que un lento declinar fue haciendo que el espectáculo circense fuera presentando un semblante cada vez más pálido.

La llegada del Circo Safari, en 2006, hace justo una década, marcó una especie de canto de cisne del circo con fieras, mientras en su puerta se reunían los activistas, reclamando el cese de esa modalidad. De manera paralela, el llamado nuevo circo iba creciendo, cobrando una dimensión cada vez mayor y con más presencia en Uruguay. La llegada del Cirque du Soleil el pasado marzo al Parque Roosevelt, marcó un hito, una señal de madurez de la plaza uruguaya para estos espectáculos.

Entre aquella visita del Safari y la primera del Cirque du Soleil, un conjunto de compañías extranjeras fue habituando al público local al asombro. Hace un año, el Auditorio Nacional Adela Reta recibía a la compañía sueca Cirkus Cirkör, que ofreció un despliegue de destreza física al servicio de un espectáculo cargado de climas y lirismo. Algo antes, el espectáculo australiano Circa, animaba la misma sala con una fusión de música, danza, teatro, acrobacia y contorsionismo.

El llamado nuevo circo abarca muchas cosas distintas, y de algún modo el festival que hoy comienza es un buen muestrario de su desarrollo, internacional y local. En la grilla hay compañías en formato de teatro callejero, payasos de estilo muy personal, números aéreos, malabarismo, y hasta trabajos de fuerza capilar. De hecho, este festival de teatro lo lleva adelante el grupo El Picadero, que lleva más de una década de actividad, y funciona en el predio donde fue la fábrica Campomar, en Capurro, en Uruguayana y Zufriategui. Allí va a estar armada la carpa de Circo Tranzat, otro de los grupos locales que ha crecido y convoca a más y más público.

Entre los invitados del festival está la compañía francesa Les Rois Vagabonds, un elenco muy premiado, que se presenta en la sala del Auditorio Nelly Goitiño, hoy y mañana a las 20:30 (Tickantel, $ 400). Luego, visitantes y locatarios se podrán ver, con entrada a voluntad, en el Jardín Botánico, en la Plaza Seregni y El Picadero.

Pero las artes circenses tienen una particularidad. Si por un lado pueden concretarse en un espectáculo de despliegue descomunal, por otro también pueden tener una producción mínima, modesta. Porque hay algo del circo que se puede mantener desde el maravilloso despliegue del Cirque du Soleil, a la prueba de un malabarista solitario trabajando en la vía pública.

El crecimiento de la actividad circense tiene muchas puntas. Por un lado, los artistas de circo han ido entrando en muchos montajes, desde la ópera a la danza, y hoy su lenguaje es muy demandado para un amplio rango de géneros del escenario. Por otro, el mercado laboral del artista de circo también está fuera de los escenarios, en los eventos comerciales, las fiestas privadas, y en la extensión cultural en entornos educativos. Y en los semáforos, donde también hay posibilidades de ganarse la vida.

"Hay de todo: lo que tiene la calle es que habilita desde gente que está probando cosas por primera vez, o a otra gente que tiene que satisfacer una necesidad de supervivencia. Pero también es una herramienta importante para gente que tiene además de esa actividad, otras de más desarrollo de técnica. Para muchos malabaristas, el semáforo es una solución porque es como un entrenamiento pago", explicó a El País Luis Museti, integrante de El Picadero y de la organización del festival.

DE LOS CIRCOS FAMILIARES A LOS NUEVOS ARTISTAS CIRCENSES.

El horizonte se amplía porque las propuestas mejoran.

Creciendo: el circo se vuelca a la extensión cultural. Foto. Difusión
Creciendo: el circo se vuelca a la extensión cultural. Foto. Difusión

La primera edición en 2014, convocó a más de cinco mil espectadores en distintos espacios de Montevideo y Canelones, y más de 100 artistas provenientes de seis países. El encuentro tuvo una muy buena recepción por parte del público, augurando un camino de consolidación para esta nueva edición. La segunda edición presentará 17 espectáculos, todos los días hasta el domingo 25.

"Desde el festival, nuestra intención es incentivar el crecimiento del circo, y creo que eso acompaña un proceso, en la ciudad y en el país, de crecimiento constante. El circo sigue estando en el semáforo, en los parques, que es una fase inicial: muchos hemos empezado en los semáforos y en los parques. Pero ahora se están empezando a ver propuestas que contemplan más áreas de la creación escénica, y que se pueden presentar en otros circuitos, como salas de teatro o festivales internacionales", explica Luis Museti, uno de los puntales de la organización del encuentro circense.

Muchas de las propuestas uruguayas se han presentado en el exterior, como el grupo Tranzat, que se presentó en Francia. "El horizonte se empieza a ampliar a medida que las propuestas van creciendo y van integrando más disciplinas, involucrando más equipos técnicos. Y así poder desarrollar un lenguaje más propio", agrega Museti, quien detalla que este festival reunirá a unos 70 artistas de circo, entre uruguayos y extranjeros.

"El promedio de edad de estos artistas es entre 20 y 30 años, aunque hay gente que ha entrado en los 40 y sigue activa. Y hay una camada nueva de grupos, que están empezando a crear espectáculos, que son más veinteañeros", indica el artista de circo y gestor.

"Nosotros somos como pioneros, entre comillas, porque no venimos de familias de circo. El otro circo, el de antes, y que hay todavía por el Interior, es el circo de las compañías familiares", remata Museti.

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