ENTREVISTA

Fernanda Muslera: "“Creo que mi teatro tiene mucha influencia de cine”

La dramaturga uruguaya Fernanda Muslera estrena mañana en La Cretina su obra Luz Negra, que dirige Christian Zagía.

Fernanda Muslera. Foto Marcelo Bonjour
Fernanda Muslera estrena mañana en La Cretina, la obra :Luz negra". Foto Marcelo Bonjour

Nació en Uruguay, se crio en Argentina, vivió un año en Nueva Zelanda e hizo un viaje largo por Asia, se radicó en España y hace siete años se instaló de vuelta en Uruguay, donde trabajó como periodista cultural para luego volcarse a un nuevo amor: el teatro. Fernanda Muslera estrena mañana en La Cretina su obra Luz Negra, con dirección de Christian Zagía, y sobre eso conversó con El País.

—Mañana estrenás en La Cretina Luz Negra. ¿Cuándo arrancó esta historia?

—La escribí hace tres años; es la primera obra que escribí. Pero tuve una mala experiencia con un productor, la puse en un cajón, y al mismo tiempo se empezó a mover El amigo fantasma, que se estrenó en el Circular, entonces puse mis fichas ahí. En paralelo seguí escribiendo, terminé mi tercera obra, Rescate a la dama con tutú, encontré a la actriz perfecta para ese papel y se lo dije, pero era rara esa aproximación, porque antes tenés que tener al director. Entonces ella, Elena Delfino, me sugirió a Christian Zagía. Hablando de la vida, le dije a Christian que tenía otra obra, se la leí y le encantó, y fuimos con esa.

—¿Qué te llevó a escribir Luz Negra, a dar el salto desde el periodismo cultural a hacer tu propia dramaturgia?

—Siempre estuve vinculada a la escritura, y después me fui vinculando con el periodismo. Pero yo siempre me sentí, ante todo, una persona volcada a la escritura. Escribí una novela que nunca publiqué, y con la que no sé si me sentí demasiado cómoda. Después, por el periodismo, empecé a acercarme más al teatro, porque siempre fui muy cinéfila, y empezaron a surgir las ganas de contar ciertas historias. Cuando escribí Luz Negra me sentí supercómoda, y fue tal el gusto que tuve, que de ahí no paré de escribir teatro. Me gusta mucho trabajar desde el diálogo, y me encanta estar sentada sola en mi casa, escribiendo la obra; y el trabajo con los actores, ver cómo la obra se va transformando.

—Viviste en otros países, pero tu vínculo con el teatro se forjó acá, ¿no?

—Básicamente sí. Veía teatro en Buenos Aires, pero siempre fui muy cinéfila, y mi teatro tiene mucha influencia del cine. En El amigo fantasma me lo decían; en Luz Negra, Linklater o Woody Allen son referencias. El cine es muy importante en mi formación, y se ve en el teatro que hago.

—¿El mundo del teatro, que te conocía como crítica, te abrió las puertas?

—Re, me sentí supervalorada. La primera persona que leyó Luz Negra fue Jorge Bolani, y fue tan entusiasta su devolución, que me impulsó. Hay un montón de gente que me ha apoyado. También creo que el libro de la Comedia Nacional ayudó a que me conociera la gente del teatro, a que vieran que me lo tomo con seriedad.

—Me decías que en esta obra se trata ese dilema de las mujeres, por ser Susanita o ser Libertad. Cuando te lanzaste a hacer teatro, ¿enfrentaste esa dicotomía?

—Mi hijo de cuatro años fue como un disparador. Igual, nunca me quiero quedar con la intriga de las cosas que me gustan: si algo me apasiona voy por ello. Obviamente escribí eso por un proceso que había pasado, y que veía en mis amigas, y porque estamos en una bisagra generacional por todo lo que pasa ahora y lo que nos inculcaron de niñas. Pero a veces hay una dicotomía de o me realizo como profesional o soy madre, y no es así. Cuando fui madre, fue cuando me animé a dar pasos que no había dado.

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