crítica: cascanueces

Una fantasía escénica con sabor a despedida

El Ballet Nacional Sodre estrenó su último título de la temporada, con coreografía de Silvia Bazilis

Cascanueces
Cascanueces, por el BNS. Foto: Carlos Villamayor

Pese a que Cascanueces es como un ritual que se repite año a año en las más distintas geografías, la función de estreno del pasado jueves 21 tuvo un sabor único, de algo histórico, irrepetible. Porque este espectáculo es el último que presenta el BNS bajo la dirección de Julio Bocca. Y el gran bailarín y gestor argentino habló antes de la función, para despedirse del público, hecho que fue saludado con varias salvas de aplausos. Bocca se presentó de traje oscuro y la camiseta de la Celeste, y agradeció lleno de emoción a una platea que no paró de interrumpirlo al ovacionarlo.

Luego se alzó el telón y empezó esa hermosa fantasía de época que es esta obra llena de imaginación, que muchas veces el público quiere ver como ese cuento que ya se conoce y es un placer revivirlo. Obviamente que la escenografía, con sus decorados cambiantes, y su utilería refinada, enmarcaron las acciones. Y los elementos de tecnología digital fueron utilizados con justeza y de modo oportuno, encajando perfectamente con todos los recursos de la escenografía tradicional. Los accesorios de la escena, desde el reloj de pie al cañón que dispara en escena, sumaron gracia y colorido al resultado.

Y una vez más, María Noel Riccetto sedujo al público con una interpretación llena de candor, en la que logró momentos de gran delicadeza, y también subrayando los aspectos lúdicos.

En general todas las primeras figuras se desempeñaron con solvencia, aunque en algunos tramos, principalmente en el primer acto, la evolución del argumento y el despliegue de fantasía pesan más que el desarrollo coreográfico. De todos modos, la obra es un encanto de ver y escuchar, y en el segundo acto ofrece un gran abanico de coreografías. El trabajo de Silvia Bazilis es siempre una garantía.

Más allá de la fantasía de la trama, la fascinación que Cascanueces ejerce debe mucho a la música de Tchaikovsky, quizá el mayor compositor para ballet, y el maestro Martín García, desde el podio, aprovechó muy bien todos esos momentos de hedonismo y sensualidad de esas melodías envolventes.

En cuanto al vestuario, el trabajo de Nelson Mancebo dotó al resultado de texturas y colores sumamente precisos y armonizados, que además se alejaron de las notas lúdicas para concretar una verdadera indumentaria teatral. Y la idea es muy buena, dado que contrapesa la fantasía general con un vestuario suntuario pero a la vez bastante concreto.

Cascanueces no es un título que en otros tiempos se hiciera tanto en el ballet local. El Ballet del Sodre lo hizo varias veces, entre ellas en 1958, con coreografía de Jurek Shabelewski y el rol de Clara a cargo de Graciela Martínez, y volvió sobre ese título también a mediados de los años 70, en versión de Margaret Graham y protagónico por cuenta de Sonia Sánchez.

Pero esta versión quedará para el recuerdo no solamente como un notable espectáculo en el que luces, música, escenografía, coro, coreografía y baile armaron un resultado estético exquisito. También quedará como el último montaje que hizo el BNS bajo la dirección artística del maestro Julio Bocca.

ficha

Cascanueces [*****]

Música: Piort Ilych Tchaikovsky. Coreografía: Silvia Bazilis. Orquesta: Orquesta Juvenil del Sodre José Artigas. Coro: Coro de Niños del Sodre. Diseño de escenografía: Gastón Joubert. Vestuario: Nelson Mancebo. Lugar: Auditorio Adela Reta. Funciones: hasta el jueves 28. Localidades agotadas.

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