crítica: "Rinocerontes"

Cuando lo extraño se va tornando familiar

En el escenario mayor del Teatro Solís se está presentando un eficaz montaje sobre texto de Ionesco

Rinocerontes
Rinocerontes. Foto: Carlos Dossena

Álvaro Ahunchain es un hombre de teatro y también de la publicidad, y en ambos casos, es alguien que sabe comunicarse con el público. Y en este trabajo de montaje ambicioso, que hace para la Comedia Nacional, en el gran escenario del Solís, tomó el histórico texto del escritor franco rumano Eugène Ionesco, y lo sirvió hábilmente en escena. Y convirtió una pieza de vanguardia de fines de los años 50, en un espectáculo entretenido, conservando el potente contenido que le infirió el autor, y hasta actualizándolo un poco hasta nuestros días.

En cuanto al montaje, sobresalen algunos efectos, articulando muy bien los sonidos con el trabajo de utilería para representar los rinocerontes. El aporte de Elián Stolarsky es valioso; los efectos de destrucción, muy bien escenificados, y las tomas de la película de Leni Riefenstahl, muy bien integradas.

A eso, y al solvente trabajo de los actores, se suma el poderoso texto, que no ha perdido su capacidad para hacer reflexionar al espectador. Lógicamente, quienes se enfrentan al texto por primera vez, lo disfrutan mucho más que quienes ya conocen sus claves y sus recursos. De todos modos, la pieza teatral es, lógicamente, brillante.

Porque el absurdo de Ionesco es un juego literario lleno de sentidos, que de algún modo parodia la racionalidad ciega y juega con su sinsentido. Los juegos lógicos, los silogismos con los que el autor divierte al público, siguen siendo eficaces. Y más allá de eso, el autor construye una progresión dramática enérgica, que avanza sin parar, como el propio avance de los rinocerontes en el argumento. El escritor expone con lucidez las discusiones que esconden obsesiones, parodiando cierta mirada excesivamente intelectual; creando una obra que es fantasiosa, pero que habla mucho de la realidad y sus mecanismos, de la psicosis colectiva, de cómo una idea hueca se puede instalar como verdad categórica. Y en ese aspecto, la pieza sigue más vigente que nunca.

Actoralmente la obra está muy bien presentada, con un gran trabajo de Levón, que vuelve a ofrecer tramos de trabajo físico muy logrados. Y Leandro Núñez cumple un rol difícil, cuando tiene que salir al público en el entreacto, y ofrecer un monólogo, el mismo que Luis “El Bebe” Cerminara recitaba con enorme fuerza en su versión de La cantante calva, y que le valió el Premio Florencio Mejor Actor, en 1984. Y Nuñez cumple con ese arriesgado monólogo, de complejo humor, y lo hace muy bien, en un registro propio.

Más allá de esos puntos específicos, el conjunto del espectáculo es bueno, principalmente para el público menos experimentado, que está descubriendo en esta representación a este texto magnífico. Pero no se trata de una escenificación de originalidad extrema, desde las raíces. Consiste en un buen montaje de un texto ya clásico, con una escenografía elegante y divertida, y un vestuario llamativo. Muy recomendable para asomarse por primera vez al mundo de Ionesco.

ficha

Rinocerontes [****]

Autor: Eugène Ionesco. Director: Álvaro Ahunchain. Compañía: Comedia Nacional. Escenografía: Beatriz Arteaga. Diseño de máscaras: Elián Stolarsky. Sala: Teatro Solís. Viernes y sábados (20.00) y domingos (18.00). Tickantel, $ 190.

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