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El exótico cuento de piratas que conquistó Hong Kong

Esta noche el Ballet Nacional del Sodre estrena la premiada escenificación de El Corsario

El corsario
El corsario, en su nueva versión. Foto: Santiago Barreiro

Esta noche en el Auditorio Nacional Adela Reta se estrena El Corsario, en la premiada escenificación con decorados de Hugo Millán, quien recibió el pasado 20 de abril el Hong Kong Dance Award. Con producción enteramente confeccionada en los talleres del Auditorio, el espectáculo cuenta con coreografía de Anna-Marie Holmes, sobre música de Adolphe Adam. Quedará en cartel hasta el domingo 27 de mayo, y las localidades se venden en Tickantel, desde $ 890 a $ 60. La función del jueves 24 será a beneficio de Aldeas Infantiles.

En esta edición, María Noel Riccetto no formará parte de ninguno de los elencos. En la función de hoy, el rol de Medora estará a cargo de Mel Oliveira, el de Conrad lo cubrirá Gustavo Carvalho, y el de Ali, Ciro Tamayo.

El título, ya con esa coreografía, lo hizo el Ballet Nacional del Sodre en 2011, y volvió sobre él en 2014, siempre con muy buena convocatoria del público, estando entre las obras más taquilleras de la compañía. La expectativa sobre este trabajo aumentó cuando los diseños de la escenografía de Millán fueron comprados por el Ballet de Hong Kong el año pasado, y el premio que acaba de recibir el escenógrafo multiplicó el interés por este montaje, que pone en escena un exótico cuento de piratas.

“Creo que se ha focalizado demasiado en los telones, cuando en realidad se trata más de una concepción global, que tiene que ver con un mundo muy fantástico, lúdico, inocente. Y dentro de lo que es mi modo de trabajar, está enmarcado dentro de lo que es la no figuración. No me gusta mucho la reconstrucción de mundos reales. Me siento muy cómodo en mundos superfantásticos, donde el espacio está como idea y no como figuración concreta”, contó Millán a El País.

Millán explica que los telones aluden a la vez a un espacio que es real pero fuertemente estilizado, como por ejemplo, el exótico mercado del acto primero. “Es la fantasía que tenemos sobre un mundo de piratas, en cualquier cuenta infantil, o de Las mil y una noches. Para el acto tercero, tomé como punto de partida el oasis, el agua, la figuración de la palmera, y las riquezas de un palacio. Además, estos ballet clásicos tienen un componente de cierta inocencia”, describe.

Hugo Millán
Hugo Millán, escenógrafo del BNS. Foto: Francisco Flores

—¿Cómo vivís este reencuentro con tu propia escenografía?

—Lo he visto estos días, en los ensayos, y ya me había olvidado un poco de cómo había sido la cosa. A mí me pasa siempre que me voy medio peleado con mis trabajos, porque siempre te queda la idea de cambiar algo. Pero esta vez no me pasó.

—¿Qué significa para vos esa premiación en Hong Kong?

—Convengamos que también, donde estamos nosotros, acá en Uruguay, en nuestro modo de trabajo, no cambia mucho las cosas. Claro que generó un entusiasmo, una alegría, que yo la comparto y la agradezco. Yo quedé muy enamorado de Hong Kong, tiene esa cosa demencial, caótica. Lo nuevo, la tecnología, y las costumbres clásicas.

—¿Cómo fue ir a la ceremonia?

—Fue un viaje relámpago: dos días de ida, tres días allá, y dos días de vuelta. Y toda la sorpresa de estar en la ceremonia, el ensayo de la ceremonia, todo el protocolo. Fue shockeante. Por algo hacen un ensayo previo. Y luego tener que hablar en público: y yo no estoy preparado para eso, mi trabajo es atrás, no en el escenario. Agradecí a los equipos de trabajo, al de acá y al de allá. Y remarqué lo importante que este premio es para nuestro país.

—A vos Julio Bocca te convocó para trabajar hace ya años.

—La primera conversación que tuve con Bocca, estábamos reunidos y me dice que le acababan de robar la casa. Y cuando terminamos la reunión le dije que era increíble, que justo nos conocemos, y le acababa de pasar eso. Y yo la primera vez que lo vi bailar a él, acababan de robar mi casa. Llegué y me habían arrancado la puerta, y yo tenía entradas para ver a Bocca. Y me serví un whisky, me lo tomé, arrimé la puerta, y me fui a ver a Julio Bocca. Se lo conté, y Julio se reía.

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