GUSTAF

"Éxito es hacer lo que a uno le gusta"

El actor adelanta su unipersonal Yo soy aquel que estrenará el 21 de julio en el Movie.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Gustaf. Foto: Fernando Ponzetto

Son las doce y media y El Gran Gustaf llega en hora para la nota. Viene caminando hasta el diario y antes de ponernos a charlar vamos a la Plaza Cagancha para hacerle unas fotos. Entre que salimos a la calle y llegamos a la plaza tres personas lo paran para saludarlo, incluso uno le grita "Grande Gustaf" desde un camión. "Qué precisión", dice él, "les dije que pasaran a esta hora para quedar bien y lo hicieron". Pese al chiste, Gustaf ha logrado un estatus de celebridad popular gracias a una carrera que comenzó en el circuito under hace ya 22 años. Una carrera a la vista de todos quienes se han reído con sus personajes y ocurrencias en televisión, radio y en los varios unipersonales que ha realizado a lo largo de estos años.

Este viernes presenta Yo soy aquel, su octavo unipersonal en Enjoy Punta del Este (entradas de 450 a 600 pesos), una semana antes de las dos presentaciones que tiene pautadas en el Movie (viernes 21 y 28 a las 22:00). Las entradas para el show montevideano se adquieren por el sitio web y en la boletería del teatro y van de 440 a 550 pesos. Es en la Sala Teatro del complejo Movie del Montevideo Shopping.

Este año Gustaf fue uno de los pases del año en la radio, pasando de un segmento en Las cosas en su sitio a conducir, junto a Jenny Galván, Amanece que no es poco (lunes a viernes de 8:00 a 9:00) por Océano FM. Y este año Gustaf estará en varias plataformas: el jueves 20 se estrena Otra historia del mundo de Guillermo Casanova, quien lo dirige tras El viaje hacia el mar (2003). Es un personaje distinto: "Soy el villano de la película y no es un personaje de comedia, es un ejercicio que me encanta hacer", dice. Y si bien no estará en televisión, conducirá un ciclo (10 episodios) de música con motivo de la aplicación MUS que se transmitirá por Vera TV.

¿Cómo te encontrás con un programa propio en radio?

—Es todo un desafío porque de tener una participación en un programa, a ser ahora la cabeza del programa durante una hora significa que tenés que cranear los contenidos, hacerlos y dirigirlos, pero me parece fascinante porque tiene algo de teatro. Por eso siempre digo que no podría ser ni pintor ni escultor, porque la obra queda terminada y no le puedo, de noche, dar una pincelada. Y con el teatro puedo hacer eso, y con la radio más.

Así que sos perfeccionista.

—Siempre. Detallista también.

¿En qué detalles te fijás?

—Es que la comedia es tiempo y respetar el tiempo. Para que no me gane la ansiedad al rematar una situación. Tengo una percepción siempre que es muy maligna que creo que se están aburriendo. Y es una percepción irreal pero me hace sufrir.

Así que en escena o al aire no la pasás muy bien.

—Tengo momentos que sí, pero tengo momentos que tengo varias líneas de pensamiento: lo que estoy diciendo, lo que está sucediendo con el espectador, lo que pienso que está sucediendo y la letra que tiene que venir. Porque te estoy diciendo algo ahora, pero estoy palpitando lo que va a venir. También el movimiento, porque cada letra tiene su movimiento.

Yo soy aquel, además de la canción de Raphael de 1966, ¿qué es?

—Esa era la canción que sonaba en la peluquería de mi madre en la que me crié. Por eso el unipersonal se llama así, porque era una época en la que iba a la escuela y cuenta una pequeña anécdota escolar.

—No es como Moltobene donde se atravesaban años y hablabas de la amistad.

—Claro, esto es reencontrarse con el niño interior, ese es el tema fundamental. Ese niño interior que todos perdemos cuando creemos que crecemos, somos adultos responsables, serios, y sobre todo, solemnes. Entonces voy a buscar al niño interior a través de una pequeña anécdota que se da en la escuela. A partir de ahí empieza como una bola de nieve que se va agrandando. Y cuento el desafío de ese niño, que a lo lejos parece una cosa pequeña, pero para ese niño era un desafío muy grande a nivel escolar, pero no te puedo develar más. Intento reencontrarme con aquel niño que fui.

¿Cuánto estuviste escribiendo el espectáculo?

—Tengo mi sistema de escritura que es abrir una carpeta y meter cosas adentro. No sé cómo se va a llamar ni nada hasta que encuentro un tema que quiero tratar. Cuando tengo el tema, busco el material y le voy dando un hilo conductor. A veces es una historia y a veces no.

—La niñez es un tema al que volvés.

—Es un tema. Lo primero que hago es reírme de lo que me pasó. Soy la consecuencia de lo que fui hace cinco minutos, en mi adolescencia, juventud e infancia y me gusta reírme de eso. También me gusta la comparación cultural a nivel comunicacional, cómo se contactaban los humanos antes y cómo lo hacen ahora. Hay una frase de Antoine de Saint Exupéry que siempre me gustó: "que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres". Y va más o menos por ahí.

¿Siempre estás en contacto con ese niño interior?

—No había estado en el último tiempo y este espectáculo como que me llevó a estarlo, y cuento en el monólogo justamente eso. Había perdido ese diálogo e invoco a la gente a que se imagine que todos en la platea tenemos siete años. Mirás al de al lado para ver cómo sería de niño. Es un ejercicio que se hace poco, imaginarte al otro como un niño.

¿Y cómo eras de niño?

—En la escuela era muy aplicado e inteligente. Fui escolta de la bandera de Artigas y pasé casi todos los años con sote, menos uno que pasé con sote muy bueno. Ese año me arruinó (se ríe), a mí que soy re-exigente me cagó la vida. Y tuve una infancia sin mucho vuelo económico obviamente, porque vengo de una familia de clase obrera medio baja. Pero tuve una infancia feliz, no fue traumática, en medio de la pobreza pero digna. Como decía la vieja: pobre, honrado y bien bañadito. Cuando salías tu madre te decía: llevá plata por las dudas bien guardada y calzoncillo limpio, por si tenés un accidente.

La vergüenza de la madre era no tener el calzoncillo limpio.

—No le importaba si tenías un accidente (se ríe). Le importaba que si tenías un accidente, que el calzoncillo estuviera sucio, ahí todo mal. Era un deshonor para la familia. Así, tal cual la familia de clase media uruguaya.

—¿Sobre eso también regresás?

—Sí, pero en este espectáculo la anécdota dura unos días nomás. Antes, con Moltobene, fui para atrás, conté el proceso de una amistad que duró años. Acá no, el niño tiene que salir del paso rápido y se detiene ahí, en Yo soy aquel no se llega hasta el hoy.

¿Y cómo es el hoy de Gustaf?

—Para mí es fascinante. Estoy agradecido con el hoy, me levanto y doy gracias. Ahora leía que Calamaro decía que prefería quejarse de los éxitos y no de los fracasos, y en cierta forma tiene razón, más allá de que no me gustan las palabras éxito y fracaso porque no sé si existen. Uno hace lo que le gusta y desde que lo hacés, para mí es un éxito. Después puede o no ir gente y los programas de radio se pueden escuchar o no. Lo que estoy haciendo es un éxito, y que tenga todos los días un programa de radio y esté por estrenar un monólogo, para mí es un exitazo. Si veo de donde vengo, más.

En dos lugares al mismo tiempo.

Este mes El Gran Gustaf estará en dos lugares al mismo tiempo. No será un truco de magia sino una feliz coincidencia que lo tendrá en el cine y teatro a la vez. "Es como un sueño", dice. Es que el 20 se estrena la película Otra historia del mundo de Guillermo Casanova y al día siguiente su unipersonal en la Sala Teatro del Movie. "Me ponen el rótulo de humorista, pero soy actor antes. Tengo la ventaja de que escribo y por lo tanto puedo tener una creación humorística, pero soy actor. Y un actor que puede hacer de todo, he hecho más veces comedia, pero me encanta hacer lo otro", asevera.

"LA IDEA EN 2018 ES HACER ALGO MÁS GRANDE QUE EL CENTENARIO"


—Has llenado el
Teatro de Verano, el Polo Prado y hasta el Estadio Centenario, ¿qué falta?

—Estamos viendo para fin de año, pero todavía no se sabe. Creo que en agosto ya vamos a tener más claro el panorama. Yo no haría algo más grande y capaz que sorprendería. No te digo en un lugar más intimista, pero sí más reducido e inusual. La idea siempre es llevar el teatro, el formato de un actor y un monólogo, a lugares donde nunca los hubo. Pasó en la rueda abajo del Parque Rodó, en el Hipódromo y los lugares que nombraste, y acá también sería la idea para este año.

—¿Así que lo vas a cranear en agosto, cuando te tomes licencia?

—Me parece que este año ya no pinta la licencia. Pero la idea es esa y en 2018 vamos a hacer algo un poco más grande que el Estadio Centenario.

¿Más grande? ¿Qué te queda?

—Quedan lugares, no te puedo decir más nada por un tema de permisos y eso. Pero la idea es este año hacer algo tranquilo y el año que viene tomar vuelo.

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