Entrevista

La española que hizo mover a Beyoncé y Daft Punk, ahora hace bailar al Ballet del Sodre

Entrevista a la coreógrafa Blanca Li, creadora del espectáculo El Quijote del Plata, que se estrena este jueves

Blanca Li, la coreógrafa de El Quijote del Plata habló con El País antes de su estreno. Foto: Gentileza Blanca Li
Blanca Li, la coreógrafa de El Quijote del Plata habló con El País antes de su estreno. Foto: Gentileza Blanca Li

Coreógrafa, bailarina, maestra y directora de cine, Blanca Li (Granada 1964), ha estudiado con los nombres más importantes de la danza, y trabajado con los grandes de verdad. Desde Daft Punk, Beyoncé, Paul McCartney, Kanye West o Pedro Almodóvar, sus coreografías han estado al servicio de los pesos pesados de la cultura del mundo. Desde hace dos semanas se encuentra en Montevideo, donde está terminando los detalles de El Quijote del Plata, su primera creación para el Ballet Nacional del Sodre, que tendrá su estreno mundial el próximo jueves.

Blanca Li (nacida Blanca María Gutiérrez Ortiz hasta que se casó con el matemático y artista franco-coreano Etienne Li), siempre está sonriendo, tiene una voz fuerte, habla rápido y se mueve todo el tiempo, como si estuviera en una danza constante con ella misma.

—Con 17 años y una carrera en gimnasia rítmica, se fue a Nueva York a estudiar danza con Martha Graham, ¿cómo se dio ese cambio en la carrera?

—Sabía que quería hacer algo más que la gimnasia, y si bien me lo pasaba muy bien, había algo que me faltaba: la parte artística. Me encantaba el ejercicio y el trabajo diario. Pero notaba que me gustaba crear, inventar. Y en la gimnasia la técnica es lo que cuenta. Y tenía ganas de contar historias, transmitir emociones, ideas, sensaciones, belleza.

—¿Qué le dejó estudiar con Graham?

—Cuando dejé la gimnasia, me fui a bailar, y lo primero que hice fue meterme en danza clásica. Me encanta, pero encontraba que era muy riguroso en todo lo técnico y la perfección, y se parecía al ambiente de la gimnasia. Necesitaba algo más libre donde me pudiera expresar de otra manera. No encontré en el clásico lo que estaba buscando, que no sabía lo que era. Entonces me dicen hay algo que se llama danza moderna. En España entonces no había nada de eso. Y encontré una chica que daba unas clases en Madrid donde hacíamos ejercicios en el suelo y ahí oí hablar por primera vez de Martha Graham. Me dijo que tenía una escuela en Nueva York, y ahí me volví loca y como que me entró una obsesión por irme a Nueva York. La palabra Nueva York y danza moderna, no sé lo que es, pero algo será que aquí no hay.

—¿Y entonces?

—Convencí a mis padres, llegué a Nueva York y fui a las escuelas de (José) Limón y (Merce) Cunningham y empecé a investigar un poco los diferentes estilos contemporáneos y aluciné, porque hay un montón. Después fui a (Lester) Horton, tomé clases de Jazz, africano, samba y muchos estilos que no sabía que existían. Empecé con Cunningham, lo encontré muy frío para mí, me gustaba mucho el estilo, pero no iba con mi personalidad. Y fui a la escuela de Graham y me gustó porque era muy femenina y fuerte, la expresión y la mujer, el gesto y el carácter contaba en Graham. No era esa danza contemporánea sin cara y sin expresión, que es bonita, pero que a mi personalidad no iba, y Graham me iba muy bien. Muy dramático, español, me gustó y me quedé cinco años y a la vez descubrí el hip hop en los años ochenta en la calle. A seis meses de haber llegado, y con 17 años, monté mi primer espectáculo, fíjate las ganas que tenía de crear. Se llamaba Nómades, y desde entonces nunca he parado de crear.

—Siempre con la intención de mezclar estilos y ritmos.

—Es que una danza, cuando está hecha de maravillas, sea la que sea, es una belleza. Si ves un baile de flamenco increíble, es increíble, bailarines de salsa en Cali o una buena bailarina de danza de la década de 1920, es una maravilla. Y soy muy curiosa y he estudiado muchos tipos de danza. También hice flamenco, estudié en una escuela de circo y aprendí a hacer trapecio. Me gusta la mezcla porque para contar algo concreto, te va mejor un tipo de baile que otro. También me gusta trabajar con bailarines de todo tipo, porque te sirven para contar cosas de manera diferente.

Imagen de Los Amantes Pasajeros
Escena de "Los amantes pasajeros" de Amoldóvar, coreografiada por Blanca LI

—¿Esas mezclas se verán en El Quijote del Plata?

—Este Quijote lo trabajo a partir de la danza clásica.

—¿Por qué?

—Porque estoy haciendo un montaje en muy poco tiempo. Estoy trabajando un mes con los bailarines para esta creación. Y lo mejor que hace el Sodre es la danza clásica, mucho mejor que contemporáneo. Y si llego con un lenguaje nuevo para los bailarines, no tengo tiempo de profundizar ni de llegar a sublimar. Sin embargo, si parto de lo que ellos ya tienen sublimado, porque es una compañía maravillosa, entro, moldeo y trabajo. Así meto mi manera de ver la danza, pero con su base clásica, porque ahí sé que están bien y seguros. Me está gustando mucho, porque como son bailarines muy buenos, puedes ir por dentro y transformar un poco a la vez que conservas lo que ellos saben hacer. Va a ser como un ballet clásico, Blanca Li Style.

—¿Cuánto le lleva armar una coreografía?

—Normalmente un año, mínimo.

—Pero tuvo menos tiempo para El Quijote del Plata.

—El trabajo físico con los bailarines es más corto que de costumbre. Normalmente trabajo tres meses con los bailarines hasta el estreno. En este caso estamos haciéndolo en un mes. Cuando sé que tengo esos tres meses, preparo el material de una manera que cuando llego al estudio, sé que tengo ese tiempo. Y cuando trabajo con una compañía que no es la mía, en esos casos preparas más el material, llegas con todo el material hecho, porque no te puedes permitir relajarte, hay que montar y montar.

Blanca Li afirma que "Cada estreno es una aventura divertida". Foto: Gentileza Blanca Li
Blanca Li afirma que "Cada estreno es una aventura divertida". Foto: Gentileza Blanca Li

—Para una coreógrafa tan importante como usted, ¿cómo es hacer un estreno mundial?

—Esto es mi vida, para mí es una aventura más. Cada estreno es una aventura muy bonita y divertida. Siempre la paso superbién, trabajando me divierto, siempre hay una dificultad y hay mucha tensión, pero no deja de ser una creación. Y una creación es uno de los estados más bonitos, y lo disfruto.

—Dirige una escuela de danza, tiene espectáculos en el mundo, y ahora está en Montevideo, parece llevar una vida bastante intensa.

—Para mí es normal, no es nada extraño. Y no tengo la sensación de que sea tan intensa. Tengo momentos en los que estoy relajada, me quedo un día en casa para arreglar los papeles, limpiar, o jugar con mis niños. Todos tenemos 24 horas, pero cada uno elige cómo usarlas. Ahora estoy aprendiendo chino. Sé que no tengo ningún momento del día, pero he decidido que el momento que tengo para aprender, es cuando vengo de casa a aquí, tengo 15 minutos, y en ese tiempo aprendo chino. En vez de mirar por la ventana, aprendo.

—¿Qué tan obsesiva es con su creación, cuándo la suelta?

—Necesito unas cuantas presentaciones para soltarla, pero cuando la suelto, lo hago de verdad. Me gusta que esté todo perfecto y claro, y una vez que está cerrado, nadie tiene el derecho a cambiar nada. En eso soy exigente, la creación es tal y como está. Es que en los estrenos, en general, hay mucha emoción, pero el espectáculo no está como debería. Al día siguiente haces las correcciones, porque hay espectáculos más complicados.

—Es que hay un apellido y una carrera para defender.

—Pues claro. Porque tengo un público que me sigue por el mundo y siempre he intentado que cuando llego con una locura diferente, intentar sorprender. Pero también que el público comparta esa sorpresa y locura, aunque siempre hay riesgos de meter la pata y que todo salga mal. Ese es el miedo, te metes en una locura, pero no te puedes permitir que salga mal. Pero como artistas, tenemos el derecho a que salga mal, y cuando la cagas, la cagas. Es verdad que da miedo, pero igual hay que tirarse. Y tienes que pensar en lo que quieres hacer y llegar hasta el final de esa idea, y además, no tienes que pensar en el público. Para mí, lo fundamental es que a mí me guste el espectáculo.

Daft Punk, Beyoncé y Almodóvar a su ritmo

—Ha trabajado con Paul McCartney, Beyoncé y Kanye West. Más allá de que son personas normales como todos, ¿cómo es trabajar con esa gente?

—En el momento que te llega una oferta así piensas, qué alegría y te pones contento. Pero luego, cuando estás con el artista, es un momento de trabajo. Hay artistas que son más trabajadores que otros. A lo mejor una artista como Beyoncé, sabe lo que quiere, va y lo hace. Y hay otros artistas que de repente tienen, no menos ganas, pero lo quieren más fácil. Entonces tienes que sentir hasta dónde llega un artista y es un ejercicio interesante, porque cada artista es diferente, y tienes que saber qué tienen en su cabeza para saber qué quiere de ti. También pasa con directores de cine, como Almodóvar. Te pide una escena, tienes que entender qué tiene en la cabeza, porque le puedes presentar un millón de coreografías, pero hasta que no le presentes la que tiene en su cabeza, no sirve. Estás al servicio de otra mente. Y te metes en la mente de gente muy divertida, que ven todo de otra manera distinta.

—Se cumplieron 20 años de “Around the World” de Daft Punk, un video para el que creó la coreografía. ¿Cómo surge ese proyecto?

—Me dice el director del video, Michel Gondry, que quería que fuera como un disco que gira, con bailarines que creen diferentes instrumentos. Entonces le dije, voy a hacer cada instrumento, un tipo de baile, y esto fue una de las primera veces que junté gente con la que nunca había trabajado, antes era superraro. Porque metí contemporáneo, clásico, jazz y hip hop, que también hacían como movimientos de robot. Creo que el éxito, además de la puesta en escena, era que eran movimientos muy raros, pero eran movimientos muy básicos, no había nada complicado, pero cada elemento construía un tipo de danza.

Imagen del video Around the World
Video de la canción "Around The World" de Daft Punk
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