SERGIO BLANCO

"Escribo porque no tengo nada claro"

Premiado en Londres, el dramaturgo local más internacional habla de su trabajo.

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Sergio Blanco. Foto: Robert Yabeck

Su obra Tebas Land ganó, hace menos de un mes, uno de los premios más importantes del teatro londinense, el Off West End a mejor espectáculo. Y ese es uno más (sin dudas el más prestigioso) de los reconocimientos que el dramaturgo uruguayo Sergio Blanco, de 45 años y radicado en París hace más de dos décadas, ha conseguido.

En este momento hay títulos suyos versionándose en 14 países, en ciudades tan diferentes como Buenos Aires u Oslo; y sus obras son editadas en Argentina, México, Cuba, España y Francia. En Uruguay todavía no —aunque hay un proyecto en curso con sus colegas Gabriel Calderón y Santiago Sanguinetti—, pero Tebas Land ya aparece en programas de estudio en los bachilleratos artísticos, y hasta ha sido tema de examen.

Marzo lo encontró en Montevideo, dictando seminarios en la tecnicatura de Dramaturgia de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático y en la escuela del Teatro El Galpón; y trabajando además en su nuevo proyecto, El bramido de Düsseldorf, que estrenará en agosto en el Teatro Solís y en el que actuarán Walter Rey, Gustavo Saffores y Lucía David de Lima.

Y escribiendo, siempre escribiendo, aunque no esté literalmente haciéndolo: cuenta en charla con El País, en una mañana nublada de esas que le resultan inspiradoras, que un texto nuevo está formándose en su mente, y que en su caso la escritura comienza cuando las ideas empiezan a ordenarse, sin necesidad de un papel.

Blanco se reconoce muy disciplinado, dedica sus mañanas a contestar mails, preparar conferencias y avanzar en la dramaturgia; y hace natación para compensar el desgaste físico que todo eso le genera, desgaste que de por sí se alivia con su actividad nómade que aunque tiene sede en Francia, lo tiene siempre en movimiento. "Me interesa siempre lo que está por venir", asegura.

—Hoy hay 14 obras tuyas por el mundo. ¿Las recordás?

—Sí. Kassandra está en España, Colombia, Brasil, Francia; Tebas Land está en Londres, Berlín, Buenos Aires... Se está empezando a filmar un texto mío en Brasil; se están empezando a ensayar textos míos en Moscú, Atenas, Santiago de Chile y en España...

—¿Y podés hacer un seguimiento, ir a los estrenos?

—Viajo cuando mis representantes hacen el acuerdo, y a los estrenos no siempre puedo ir, pero es muy grato ver cómo otro equipo entró al mundo de uno y lo enriquece. Me gusta mucho dirigir mis textos, pero me fascina cuando otros lo hacen. En Buenos Aires, Corina Fiorillo hace una puesta extraordinaria de Tebas Land.

—Si mirás desde París lo que sucede contigo en Uruguay, ¿con qué te encontrás?

—Agradezco siempre el lugar privilegiado que tengo en la prensa. Estoy muy vinculado a Uruguay, vengo mucho; me fui a París a estudiar después de que me había ido muy bien acá, siempre la Comedia Nacional estuvo haciendo textos míos, y tengo la suerte de decir que quiero mucho a Montevideo y me siento muy querido. Hay un cierto resentimiento con eso de que nadie es profeta en su tierra, pero yo en mi tierra trabajo y soy feliz.

—¿Y cómo ves a tu generación de dramaturgos?

—Yo ya soy un viejo, tengo 45 años, pero más que nuestra generación me impresiona la que viene, que tiene la suerte de tener espacios de formación que nosotros no tuvimos. Hoy, si alguien en Montevideo quiere dedicarse a la dramaturgia, puede hacer una carrera. Y está pasando algo con el teatro uruguayo, una explosión de esa figura de dramaturgo que antes estaba relegada a los eruditos. La gente no entiende que los que escribimos lo hacemos porque no escribimos bien; dicen: "ahora todos escriben teatro". Bueno, ¡qué bueno! Es mucho más simple de lo que se piensa.

—Se suele decir que cuando una obra está terminada, ya no le pertenece al autor. ¿A ti no te genera un conflicto interno que haya 14 ideas nacidas de ti, siendo transformadas en distintas partes del mundo?

—Sin dudas, hay una tensión. Es algo tan íntimo lo que uno escribió, y tan ajeno, que hay que posicionarse para saber que salió de lo más profundo, de las ideas. Cuando me siento y me olvido que eso lo hice yo, es cuando veo grandes puestas de mis textos. Lo sentí ahora, con Tebas en Buenos Aires.

—¿Cómo viviste la nominación y el triunfo en estos premios londinenses?

—La experiencia fue hermosa desde el arranque. Los ingleses quisieron que estuviera en la elección de los actores; fue fascinante el trabajo de traducción, que es quizás de los momentos más fascinantes.

—¿Y lo que vino después?

—Con la nominación quedé realmente asombrado. Y los premios son muy gratos, es mentira eso de que los premios no importan.

—¿Qué es lo que pasa con Tebas Land? ¿Te lo preguntás?

—Se impone la pregunta, sí. Creo que lo que más atrae es la historia de un encuentro entre tres mundos muy ajenos, y es algo que hoy nos ayuda a reconfortarnos. La gente agradece algo que plantea que la única sobrevivencia de la especie humana está en la consciencia del otro. Tebas Land lo que dice es: existo en la medida en que hay otro ante mí, y me debo a él. Además refiere a un tema que nos toca a todos, los vínculos con los padres, y va contando cómo se construye una obra, que es algo muy placentero.

—Las críticas de Tebas dicen que hace pensar. ¿Hay teatro que hace pensar, o el teatro debería hacer pensar?

—Es difícil hablar del teatro en general, porque hay tanto y tantas poéticas... A mí me interesa que el espectador pueda participar con el pensamiento y las emociones, y creo que en la experiencia del teatro, el espectador viene a un juego donde suspende el peso de lo real y entra a mundos imposibles.

—¿Hallaste en la autoficción la clave para potenciar eso?

—Exacto. Lo que me interesa de la autoficción es partir de lo vivido, mezclando relatos verídicos con ficcionales, y lo interesante es el trayecto de la verdad para llegar a una mentira, cómo se poetiza eso. De ahí que sea el lado oscuro de la autobiografía: la autobiografía tiene un pacto de verdad, y en la autoficción hay un pacto de mentiras. Voy a contarte mentiras, nada más.

—¿Eso no es una estrategia para disfrazar verdades?

—Sin dudas. Uno siempre escribe con lo que le está pasando; lo que tiene la autoficción es que reivindica el yo y el ser infiel al documento. La autoficción es serse infiel a uno mismo, con uno mismo.

—Eso requiere un ejercicio de autoanálisis constante.

—Y entender que no se trata de una exposición pública sino de un escondite público. Hay que ser muy astuto, porque si no puede quedar la pequeñita historia de uno que no tiene ningún interés. Lo interesante es cómo esa pequeña historia puede referir a todos. Yo tengo años de diván, pero escribo porque no tengo nada claro.

—Has recurrido mucho a la mitología. ¿Hay algo de héroes trágicos en tus personajes?

—Sí, es una noción que me interesa, porque en mis textos siempre hay un relato de alguien que es atravesado por algo que le mueve todo su cosmos, que de pronto se transforma en caos. Eso es el héroe trágico. Pienso en los personajes de Tebas Land, que son tres héroes; en Narciso, o en Ostia donde son dos hermanos. Ni hablar de la próxima.

—¿Qué es El bramido de Düsseldorf? Contame de eso.

—Se va a estrenar en la Zavala Muniz el 9 de agosto. Ya hubo una primera lectura con los actores que son Walter Rey, Gustavo Saffores y Lucía David de Lima; y hace meses estoy trabajando con el equipo de diseñadores que está siempre conmigo. Es autoficción también, y habla del arte, de la sexualidad y de Dios. La primera frase ya habla mucho de lo que va la obra: "Hoy papá murió".

Tebas Land

Es, hasta ahora, su obra más famosa porque desde 2013 se ha hecho en varias ciudades del mundo, siempre con buena recepción del público y de la crítica. En diciembre del año pasado se estrenó en el teatro Arcola, con dirección de Daniel Goldman que también se encargó de la traducción, y rápidamente se ganó la nominación para el premio Off West End que terminó ganando. Blanco cuenta que ese triunfo le dio un gran impulso a la obra, y que "en este momento distintos teatros se están peleando por tener la puesta, que es una puesta extraordinaria". Adelanta que es probable que Tebas Land se reponga nuevamente en Montevideo este año.

TRES PUNTOS ALTOS EN LA CARRERA DE UN DRAMATURGO RENOVADOR

Oficio - La ira de Narciso

Otro juego de niveles de ficción: un autor se aloja en un hotel de una ciudad que le es ajena, para dar una conferencia. Allí le pasan muchas cosas, que dan pie a un monólogo, que interpretó Gabriel Calderón.

Exactitud - Tebas Land

Quizá la obra más exitosa de Blanco, y se justifica, porque tiene de todo. Psicología, mirada social, y mecánica teatral, a través de un parricida que cuenta su tragedia. En Uruguay la hicieron Gustavo Saffores y Bruno Pereyra.

Confesional - Ostia

Un audaz juego entre la autobiografía y la ficción. Interpretada junto a su hermana, la actriz Roxana Blanco, la pieza hurga en el vínculo de dos hermanos, sus pliegues psicológicos y la fuerza de la sangre y las pasiones.

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