Entrevista a Moré

"Estar solo en escena hace que la adrenalina se dispare"

El actor recorre una galería de personajes en un espectáculo que evoca al under de los años 80: No doy con el personaje

Moré
Moré, con nuevo espectáculo. Foto: Rafa Hernández

-En No doy con el personaje hacés una galería de personajes. ¿Qué mirada aporta cada personaje y qué expresan todos en conjunto?

-Los personajes miran a la sociedad básicamente en sus falencias, en sus dobles discursos. El humor nos permite decir cosas que se escuchan o ven todos los días, pero que la dictadura de lo políticamente correcto prohíbe manifestar en el arte o los medios. Cada personaje en su medida denuncia ciertas injusticias para consigo mismo o los demás.

-¿Es de tono oscuro, tiene algo de under?

-Creo que uno de los personajes es un poco oscuro, pero el estilo y la estética apuntan, o evocan, hacia aquel under de finales de los 80, donde se podía ser oscuro y divertido. En comparación con esa época, esto es mucho más liviano y jugado al humor con pequeñas dosis de provocación.

-¿Existe hoy lo que fue el under unas décadas atrás?

-Creo que no, o por lo menos no lo he visto. Lo que hoy se llama under tiene más que ver con un concepto en lo económico y por la falta de sala. El concepto under de aquella época estaba imbuido de provocación hacia los parámetros establecidos de la cultura y con la postura pasiva de los espectadores con respecto a los quehaceres culturales.

-¿Qué desafíos implica la actuación unipersonal en relación con trabajar con un elenco, y qué contrapartida tiene?

-El mayor desafío es estar sin el apoyo de los compañeros, la ausencia del soporte energético y no tener el ida y vuelta que enriquece la escena y nos potencia a cada uno. Pero estar solo en escena hace que la adrenalina se dispare, porque no hay chances para el error o la distracción, y eso a mí me provoca una sensación muy placentera. Son dos trabajos muy diferentes y los disfruto a ambos.

-Contame un poco del uso del espacio escénico, y de los rubros técnicos, sobre todo música.

-El espacio escénico tratamos de reducirlo al máximo, para estar aún más cerca de la gente y que la experiencia involucre a los espectadores al máximo. Hay una construcción escenográfica para uno de los personajes que sirve de hilo conductor para la mirada de la sociedad de todos los personajes que pasan por allí. La música está para apoyar los diferentes cambios de personajes, y son el potenciador para que salgan ya colocados. En la previa del show, mientras la gente va entrando, hay todo un compendio de música nacional, para ayudar al espíritu de lo que pasará luego.

-¿Sentís que Teatro Circular tiene que buscar una programación más amplia, y que este tipo de espectáculo va en esa dirección?

-En el Circular siempre estamos buscando ser lo más amplios posibles en cuanto a las propuestas tanto estéticas como de contenido. Hoy día se nos hace muy difícil afrontar el tema de derechos de autor, que a nivel mundial se han disparado y nuestro mercado empieza a ser incapaz de absorberlos. Te piden cinco o seis mil dólares de derechos de autor, por cosas que son imposibles para una institución como la nuestra. Esta propuesta en concreto es más una necesidad expresiva mía y espero que pueda atraer otro tipo de público al Circular, pero son espectáculos que a priori las instituciones donde hay mucha gente no realizan.

-Hoy el teatro uruguayo ocupa socialmente un lugar distinto del que tenía hasta los años 90.

-Sí, hoy hay mucho menos compromiso. Antes había como una cuestión política con el teatro, que hoy ya no existe. Por suerte. El teatro ha perdido esa trascendencia que tenía, que la gente la iba a buscar allí, y el teatro se la daba. Hoy hay una actitud mucho más de querer ver un espectáculo, que te cuenten una historia. En ese sentido, el público cambió. Yo creo que siempre se dice que antes el teatro era trascendente: pero creo que la gente también buscaba eso. Hoy, de todos modos, veo que hay una corriente muy peligrosa, que es que la gente lo único que está buscando muchas veces es reírse y más nada. Eso me parece peligroso, porque se banaliza una producción en ese sentido, por más que sea difícil hacer reír.

-¿Sos un actor que buscás textos dramáticos, o que te gusta más que te los propongan?

-Me gusta muchísimo leer teatro, me parece que es un gran ejercicio, y además como una forma de buscar material para dar mis clases. Siempre trato de descubrir autores nuevos. Yo no tuve una gran formación académica, es una falta que yo tengo. Y en alguna medida la voy supliendo así, tratando de formarme día a día. Y en el caso de un espectáculo como No doy con el personaje, me gusta también eso de poder escribir y manejar los textos a mi manera.

-Contame de algún imprevisto que te haya ocurrido en escena.

-Una de las cosas que me descolocó más fue haciendo Más vale solo. Yo hacía de pareja con Paola Venditto y Alma Claudio hacía de mi madre. Era una comedia: Paola me había engañado, y luego habíamos vuelto, y mi madre me tenía que decir ‘no tenés vergüenza’. Y Alma empezó como a buscar la palabra, y no le salía, no le salía, y me dijo ‘no tenés goyete’. Y fue más gracioso porque era Alma Claudio, la figura de Alma Claudio. Y con Paola nos empezamos a tentar, muchísimo. Y estábamos del brazo, y yo sentía que ella se reía. Y no pude decir el parlamento que seguía. El público se dio cuenta, y se empezó a reír: fue una carcajada general. Y tuvimos que salir de escena.

-Vos sos un actor que ha vivido toda una bohemia.

-Yo abandoné totalmente la bohemia. Me encantaban las tertulias, tomar algo, conversar, inventar, la fábula. Pero yo fui abandonando la noche, totalmente. Ahora al otro día me tengo que levantar a las siete.

nuevo unipersonal

Moré se divide en personajes enfrentados

Los viernes a las 21.00 el actor Robert Moré está presentando en Teatro Circular el unipersonal No doy con el personaje, con libreto y dirección de él mismo, junto a Ernesto Muniz.
Con vestuario y ambientación escenográfica de Daniela López, el intérprete desarrolla un conjunto de personajes, bien distintos, que busca ofrecer diferentes puntos de vista sobre la sociedad y su gente.
Entre esos personajes está El Pichi, que duerme en la calle y vive de lo que tira la gente. Ni en el Mides está registrado: se trata de un verdadero ausente para la sociedad, que ni cédula de identidad tiene. Y habla solo: no habla con el público, porque no existe nadie más en su mundo.
Por contrapartida, se puede ver a Yamayra, una extranjera centroamericana, ingeniera biomolecular, que llegó a Uruguay creyendo en ese slogan internacional que ubicó a este país como emblema de libertades. Pero termina afirmando que “ustedes se hacen los inclusivos con los extranjeros, si son rubios y vienen de Europa”.
Una falsa Influencer (bloggera y comunity manager) y un actor porno suman perspectivas al grupo de seres extraños. Y hasta un perro atrapado en el cuerpo de un humano aparece en escena.

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