FAVIO POSCA

"Yo entrego todo en cualquier formato"

Cuando Posca habla vía telefónica con El País, pasó apenas una semana de haber sido eliminado del Bailando, probablemente el trabajo que le dio más exposición a este actor que empezó en el under porteño, se convirtió en una figura repetida (y que se hacía notar) en varias series televisivas y siguió desarrollando un estilo propio.

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"El ego es como el colesterol: hay ego bueno y malo". Foto: Guido Adler

Solo tiene palabras de gratitud para el programa de Marcelo Tinelli, que reconoce le dio un grado de exposición inédito. Pero el mejor Posca (y eso es el más zafado, el más directo, un poco el más procaz) es el que se ve en los escenarios. Los uruguayos, que siempre agotan sus funciones, lo volverán a descubrir el 1°, el 2 y ahora también el 3 de diciembre en La Trastienda con entradas que van de 760 a 1.760 pesos y se consiguen en Red UTS. Posca, que es bien simpático, charló de esas cosas con El País.

—Otra vez en Montevideo, donde por lo visto se te quiere y se te espera...

—Es recíproco: tengo mucha afinidad con mis hermanos uruguayos. Es algo sincero y que se dio desde la primera vez que fui.

—¿Y cuándo fue eso?

—Mucho. Quince años o más pero fui haciéndome conocer de a poco. A medida que iba a hacer shows comenzó el boca a boca y he vuelto siempre que puedo.

—También dio una mano, por ejemplo, la difusión de alguno de tus shows en YouTube.

—Sí, las redes sociales ayudan mucho, siempre y cuando las sepas aprovechar. A mi me vinieron bárbaro. Y los que me vieron en YouTube, cuando fueron a un show mío, se dieron cuenta que es mucho más que un videito. Y ahí se sorprenden con la puesta, con lo que llevo, con la adrenalina, con el rock, con el sonido. Siempre mis shows son muy arriba y la gente lo agradece.

—Esa experiencia es intransferible a otra plataforma.

—Por eso, no tengo discos editados, ni DVDs de mis shows enteros. Siempre me negué a eso porque prefiero que sean momentos únicos tanto en lo musical como en lo teatral. Se pierde la magia de la autenticidad del vivo.

—En definitiva es el tradicional vínculo del teatro con el público.

—Sí aunque lo mío es un lenguaje muy diferente y novedoso con respecto a lo teatral. Soy recontrateatral porque estoy ahí en vivo, transpirando y deformándome y eso es lo que amo del teatro.

—¿Cuánto lugar hay para la improvisación en tus shows?

—Un cinco por ciento. Mis shows son relojitos que se van modificando a medida que voy haciéndolos pero con mucha precisión. Nunca vas a ver el mismo show porque voy sacando y poniendo cosas. Mi show es como una Ferrari y soy un mecánico que siempre está ajustándolo.

—Hace años tenías un espectáculo con banda que se llamaba Gigi, ¿es eso lo que vas a traer ahora?

—Eso es un problema y no quiero que se confundan: Gigi era una banda que yo tenía pero esto es otra cosa. Es un show nuevo dedicado a una persona que ya no está con nosotros, que se llamaba Gigi y a quien yo quería mucho. Esto no es el formato banda. Gigi era Angelito, mi personaje, que tenía un grupo. Y acá se van a encontrar con muchos personajes y muchas canciones.

—Pero están el Perro, Mischa, Angelito, Pitito por decir algunos de tus personajes...

—Sí y otros. Mis personajes van creciendo en el tiempo y tienen textos nuevos. Y claro que el Perro va a estar, y otros personajes que amo y la gente ama. No puedo dejar de hacerlos.

—Tus personajes son apasionados, ¿es eso lo que te interesa al construirlos?

—Sí, apasionados y respetuosos de las fallas que tienen, haciéndose cargo y no amargándose por ser personas falladas. Falladas para lo que es la percepción de la realidad. Ahora hay un texto muy bueno de uno de mis personajes que dice "la locura no existe pero la normalidad tampoco". Esos que se la tiran de muy normales, tienen un error de concepto. Cuando mis personajes descubrieron eso empezaron a brillar mucho más. Disfrutan ser como son y van a fondo sin preocuparse por cambiar y eso en un punto está bueno. Eso tiene que ver con la humildad...

—¿En qué sentido?

—Uno a veces dice "bueno, soy un tipo humilde, no me gusta que me alaben" y eso es un error de la humildad. Para mí, es saber quién es uno, conocerse y sos humilde sabiendo lo que no podés hacer pero también reconociendo lo que sí sabés hacer. Muchos mezclan el ego con la humildad. Mis personajes se conocen y con humildad se divierten y van por la vida aceptándose.

—¿Y vos sos un poco así?

—Sí, total pero para haber llegado a eso he trabajado bastante. No fue fácil. He laburado mucho para poder entender un poco de por dónde va la cosa y conocerme para pasar este tránsito por la vida lo más feliz posible.

—Pero debes tener tu ego...

—El ego es como el colesterol: hay bueno y hay malo. Está bien tener un poco de ego para poder ir adelante y saber quién es uno y poner los puntos cuando hay que ponerlos e ir por la vida con la frente muy alta. Porque tiene que ver con la integridad y respetarse uno mismo. El ego malo es cuando te subis al pony y te equivocás y pensás que sos Dios. Muchos caen en esa trampa. Pero todo forma parte de nosotros. Nadie es tan malo, ni nadie es tan bueno, ni tan generoso, ni tan egoísta, ni tan vivo, ni tan tonto. Cuando entendés eso, no te das con un palo por ser malo pero tampoco te elevás tanto por ser bueno. Todos tenemos un poco de todo.

—De aquel joven irreverente que tomó por asalto el teatro y la televisión en la década de 1990, ¿qué queda en este Posca de hoy? ¿Echás de menos algo de aquella época?

—Siempre conservé mi esencia y aún hoy aquella esencia de aquellos años sigue estando por más que yo he crecido como artista, como compositor y haya podido llegar a teatros en plena calle Corrientes. Lo salvaje, lo adrenalínico y el estado rock los conservo como si tuviera 16 años. Soy así. Sigo haciendo las cosas con el mismo gusto, el mismo placer y la misma inocencia que me despierta esas cosquillas en la panza.

—Llegar a la calle Corrientes sigue teniendo mucho peso en el espectáculo argentino...

—Por suerte creo que estoy en una de las mejores salas (La Plaza), más allá de que está en la calle Corrientes. En todo caso es como decir "in" y "off" Corrientes. Estuve muchos años en el off en una época que estaba buenísima porque había una ola de creatividad y de cosas nuevas y de ganas de escucharse y de contactarse impresionantes. Uno va cumpliendo etapas y estar donde estoy ahora, te ubica en otro lugar. Quizás más popular pero conservé una cosa muy Posca, que es muy mío. Y por eso la gente se copa y me va a ver.

—Aun en la televisión siempre intentás mostrarte como sos en el teatro.

—Yo entrego todo en cualquier formato si bien adapto algunos personajes a la televisión, siempre vas a encontrar un Posca ahí. Eso hace que la gente me descubra y también quiera verme en el teatro. Aunque hago cosas diferentes.

—Pero muchos se pueden sorprender porque en el teatro sos más zarpado.

—De hecho ha pasado pero ahora que me conocen más como artista saben que hay un artista arriba del escenario y que todo lo hago desde el mayor de los respetos.

—¿Cómo evaluás la experiencia del Bailando?

—Muy buena, me sirvió muchísimo. Había dicho que no durante cinco años, con reuniones y todo, y este año estaba en Barcelona y me llaman para decirme "Favio, esta vez vas a decir que sí" y la verdad que me ganaron las ganas de bailar. Y el rédito fue 100 puntos, la pasé bien, bailé un montón, la gente descubrió en mi una faceta que no conocía, la de bailarín, así que pude sorprenderlos una vez más. Después, la manera en que me fui, no la entiendo y tampoco la entiende la gente.

—Se te vio molesto.

—Fue muy abrupto e inentendible y nada que ver con el puntaje de todos 10 que veníamos sacando. Se armó un lío importante en las redes sociales.

—Una compañera comentaba que saliste vos, que sos un artista, al perder con Barbie Vélez, que es básicamente una figura mediática y lo veía como un símbolo de estos tiempos.

—Justo tocó con esta chica. Pero no sé por qué me fui. Tampoco me importa. Me quedo con lo bueno que es justo lo que comentaba tu compañera: demostré que soy un artista —aunque no tenía que demostrar nada a esta altura—, que puede laburar con libertad, componer personajes y bailar como bailé...

—¿Y te divirtió ser parte de ese enorme circo?

—Es que nunca fui parte. Era obvio que no era de ese mundo. ¡La verdad es que demasiado quedé! Cuando pasan este tipo de cosas, sé que por talento estaba para ganar, pero cuando ves el entusiasmo que generás en la gente, el que se va termina ganando. Habló más de mi la gente y está más insatisfecha por haberme ido que lo contenta que iba a estar si hubiera ganado.

—Y la exposición pública debe haber crecido mucho.

—Sí, total. Mirá que yo hace años que vengo trabajando en televisión y la gente me conoce pero me abrió a un público que me conocía muy poco. Por eso fue una experiencia óptima. Me abrió, no sé si para el teatro pero sí para el contacto diario porque me doy cuenta en la calle. Gente que no tenía idea que yo bailaba o componía esa clase de personajes, me dice "impresionante" o "no puedo creer que te fuiste". Y me saludan de todas clases sociales, desde un albañil y un tipo que va en un Mercedes. Abrí un panorama a gente que ve este tipo de programa y no es mi público. Para mi, es felicidad total.

Un show que no deja a nadie ileso.

Favio Posca suele venir a Montevideo y agotar, una modalidad que se le va haciendo costumbre. Ahora viene con Gigi, un espectáculo que tiene a alguno de sus personajes de siempre aunque con nuevos textos. Ver a Posca es toda una experiencia y aunque sus videos en YouTube dejan en claro su gracia, estar ahí en vivo con él, es claramente otra cosa. Todos los que lo van a ver tienen algo para decir sobre cómo se escandalizaron, de lo que es capaz de hacer y de la transformación que logre en sus personajes. Las funciones son el 1°, el 2 y el 3 de diciembre a partir de las 21.00 con entradas que van de 760 y 1.460 pesos.

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