ENRIQUE PINTI

"Voy entrando en la cuarta edad"

La semana que viene el humorista argentino llega con “Salsa criolla” a El Galpón.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"El humor televisivo ha desaparecido como rubro". Foto: F. Ponzetto

Estudió lengua española, literatura y hasta algo de latín, pero se hizo famoso por la cantidad de malas palabras que puede decir en escena por minuto. Enrique Pinti, una figura muy vinculada a la escena uruguaya, vuelve una vez más al escenario de El Galpón, y esta vez con el espectáculo más taquillero de su carrera: Salsa criolla. "Este espectáculo siempre tuvo tres módulos: el monólogo de entrada, que habla de actualidad, que cambia todos los días, monólogo del final, que era la conclusión, que también va cambiando. Y en el medio está la historia, desde Isabel la Católica hasta el advenimiento de la democracia: y eso no se puede cambiar, y está exactamente igual", explica Pinti para describir cómo cambió esta obra que tiene más de tres décadas de vida.

"Lo que pasa es que los distintos sucesos históricos que se narran, han ido adquiriendo distinto significado. Y los actores que me acompañan no están en función decorativa, como podrían estar en una revista: soy yo, dos actores, cuatro bailarinas y cuatro bailarines, y entre todos narramos esta historia. Ellos hacen personajes: uno de Colón, otro de un conquistador, y las bailarinas, una hace de Libertad, otra de Igualdad. Bailan, hacen un número musical, pero representan también".

"Salsa criolla surgió por el 83, cuando resurgió la democracia, para poder decir todo lo que antes tenía que hacerlo con metáforas. Lo han visto dos millones 900 mil personas, desde el 85 al 94, y ahora unas 30 mil más. Voy a cumplir 77 años en octubre, entonces las piernas no me funcionan tan bien, pero tengo la cabeza perfectamente. Yo escucho un disparate en la televisión, o pasa algo, y no necesito anotarlo: lo incorporo, y al otro día lo digo en el espectáculo", asegura Pinti, que subirá a escena el jueves 16 de junio, viernes 17 y sábado 18 a las 21:00, y el domingo 19 a las 19:00. Entradas en Red UTS, a $ 1760, $ 1560 y $ 1260.

—¿Hoy hay buen humor televisivo en Argentina?

—Maso. Ha desaparecido como rubro. El humor se ha metido en ShowMatch, que no está mal, se ha reducido a la imitación. Tenemos grandes imitadores, pero no tenemos un Tato Bores, o como tuvo su programa Antonio Gasalla. En la televisión en los años 80 había un programa para Gasalla, otro para Tato: había un montón que se dedicaban al humor. Hoy lo que hay mucho sobre todo son imitadores de políticos. Pero el humor como objetivo, hacer un sketch para que la gente se ría, muy poco.

—Gasalla y usted son como dos maneras del humor porteño.

—La verdad que sí. Nosotros escribimos juntos muchos años, desde 1976 a 1984. A él se lo ocurría lo que quería hacer, yo les daba un poquito de forma, y él después las arreglaba en escena. Tuvimos, y tenemos, una relación muy respetuosa, muy buena. En realidad, más que opuestos, somos complementarios.

—Para un actor el cuerpo es también su instrumento. ¿Cómo es y ha sido su relación con su cuerpo?

—A lo largo del tiempo tuve una buena relación con él: me obedecía y todo. Ahora me está dejando de obedecer un poco, pero no se nota en escena. Hoy me duele todo, pero siempre tuve una muy buena relación con mi cuerpo, siendo una persona voluminosa, obesa, que llegué a pesar hasta 145 kilos, allá por el 86.

—Usted también es escritor, ¿sus libros, han tenido buena venta?

—Al principio sí, mis primeros cuatro o cinco libros. Hice como diez, pero el negocio editorial se fue para abajo. Tuve un éxito extraordinario con Del cabildo al shopping, y con otros, pero después cada vez eran más bajas las ventas. Los primeros vendía 10 mil, 20 mil: ahora, tres mil. No se vende. Hoy en día lo que se vende son best sellers escandalosos.

—¿Le han ocurrido accidentes actuando?

—Sí, de toda la vida. Desde una cosa absolutamente fisiológica, y escatológica, como mearme en escena, cuando estaba haciendo Los productores, con Francella, hasta gente que se descompone en la sala. Maté a algunos cuantos: se me murieron tres personas en estos 30 años. Y una vez, haciendo Lo que vio el mayordomo, en Mar del Plata, una mujer empezó a los gritos: el boludo era epiléptico y no sabía. Se lo llevaron, hubo que suspender la función como por media hora. Y a la semana siguiente vino a pedir disculpas: un tipo de 31 años, que era la primera vez que le pasaba. Esas cosas insólitas.

—¿Dónde pasa las vacaciones?

—Me gusta irme del país. Lo empecé a hacer cuando me empezó a ir bien, en 1979: entre el miedo a la dictadura, me iba noviembre y diciembre a respirar aire puro. A París, Madrid, Roma, Londres, mucho a Nueva York. Como 20 o 30 años fui a Los Ángeles, donde tenía un grupo de amigos. Ahora voy adonde tengo amigos: lo del turista accidental ya lo hice montones de veces.

¿Dónde están los mejores hoteles?

—La verdad es que los hoteles han mejorado muchísimo en los últimos años. Yo prefiero los hoteles europeos: el hotel americano es más grande, pero a veces es un poco despersonalizado. Prefiero los hoteles más pequeños: no boutique, porque no entro en la habitación. Te cobran un huevo y en la cama te quedan los pies afuera. Ya me estafaron varias veces así en París, donde son especialistas en esto. Te dicen "hotel boutique" y es una mierda.

—¿Y los mejores restoranes?

—Según. A mí me gusta mucho la cocina española y la italiana: donde mejor como es en Italia y en España. Y dentro de España, el País Vasco tiene la mejor cocina. Ahora tengo diabetes, me tengo que cuidar.

—¿En qué barrio vive?

—Soy porteño total, nací en Constitución, viví muchos años allí. Luego mi padre murió, en 1962, y seguí en ese barrio, pero cuando murió mi mamá, en el 94, ya el barrio era muy feo. Me mudé a Paraguay y Callao, un apartamento muy lindo en un primer piso. Tengo todos los muebles de mis abuelos, que compraron en Turín y Venecia, muebles premiados. Tengo un juego Luis XVI de mi abuela: una casa muy conservadora. Yo vivo con mi hermano mayor, pero a mi cuarto no se puede entrar. Mi hermano ya se cansó de decirme que es un desorden total: libros, pedazos de diarios. Una mugre.

—¿Qué le da Buenos Aires?

—Me da inseguridad la mugre, pero yo la quiero igual. Es como cuando uno se enamora de una persona que es mala, y decís "no puedo querer a otra persona más que a esa". Adoro Buenos Aires, me da diversidad, lugares maravillosos, diversión. Me divierte mi ambiente; yo no soy de decir "no voy al ambiente". Voy a Edelweiss, un restorán donde va toda la gente. Me gusta encontrarme con mis colegas después de la función, ir a los estrenos.

—¿Si no viviera en Buenos Aires…?

—Madrid: por el idioma y porque es menos pretenciosa que Barcelona, que es más linda ediliciamente. Madrid es campechana, abierta, simpática, y están cada vez mejor.

—¿Y cuando viene a Montevideo qué le gusta hacer?

—Ahora trabajo, nada más. En una época iba mucho a la playa, Carrasco, Pocitos. Me encanta la costa uruguaya. Pero últimamente, que voy entrando en la cuarta edad, hago la función y caigo seco. Antes con Mario Morgan nos íbamos a almorzar afuera: ahora termina la función y caigo en la cama.

"MUCHAS ESTAFAS SE HACEN DE FORMA LEGAL".

—En Salsa criolla usted decía que los políticos nunca iban presos. ¿Eso hoy cambió en la Argentina de Macri?

—Hoy están en proceso, pero en proceso estuvieron siempre. Siempre que están muy enquistados en el poder los juicios se alargan: y los juicios prescriben en la medida en que cambian los gobiernos. De pronto alguien puede pasarla mal en los primeros dos años de una nueva gestión, pero generalmente las estafas las hacen en forma legal, aunque sea descaradamente ilegal. La mayoría son abogados, o tienen parientes abogados, y hacen las cosas de manera tal que la justicia no puede con todos esos vericuetos. Los políticos hacen las cagadas grandes, y cuando se van dejan todo preparado para que no se pueda comprobar fehacientemente nada.

—¿Cómo cambió "Salsa criolla" en más de 30 años?

—Casi no cambió, porque casi no cambiaron los problemas. Son gobiernos nuevos y problemas viejos. Mañana Macri puede hacer alianza con Cristina, y dentro de cinco años la fórmula puede ser Cristina-Macri. Y nosotros peleándonos como idiotas.

Analizar la Argentina con humor.

Salsa criolla 2016 promete un profundo y descarnado análisis de la realidad social de hoy, y en particular de la agitada historia argentina, contada en clave de humor, desde el descubrimiento de América hasta hoy. El espectáculo cumplió más de 30 años desde el estreno de la versión original, y es uno de los más vistos en la historia del teatro argentino. Martín Salazar, Martín Sipicki y un cuerpo de baile, arman la historia sobre libro y dirección del propio Pinti, contando con música original de Gregorio Vatemberg, coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge, vestuario de Renata Schussheim, sonido de Gastón Brisky y dirección vocal de Ana Carfi.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)