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Elena Roger: "La comedia musical se ha globalizado"

Será una única función, en el escenario mayor del Teatro Solís, el jueves 19 a las 21 horas: Elena Roger, la gran cantante y actriz argentina, que deslumbró en escenarios de Londres y Broadway, hará Tiempo Mariposa, de Evita a Piaf, donde promete repasar las canciones que la llevaron a ser aplaudida ante los públicos más exigentes.

El show conjuga sus éxitos internacionales en el terreno de la comedia musical, con las creaciones de un álbum bien personal, Tiempo mariposa. Las entradas están en Red UTS y valen $ 1350, $ 1150, $ 950, $ 800 y $ 650.

—¿Qué distancia hay del disco al show?

—Hay una gran distancia, porque como la gente me conoce por las comedias musicales, yo empecé a armar conciertos con mucha comedia musical, pero introduciendo también canciones de mis discos. En mi primer disco, Recorriendo el rock nacional, lógicamente, no tiene nada que ver con la comedia musical. Y con otro que se llama Vientos del sur, que es más de tango. Eso fue como un trabajo con el público, para dar a conocer que yo no solamente hago musical, sino que interpreto canciones populares, haciendo mis versiones. Y Tiempo mariposa tiene canciones menos conocidas: pero el show no lo puedo presentar solo con esas canciones. Porque no le puedo brindar a un público, que es la primera vez que me va a ver en vivo, ese trabajo. Así que voy a volver para atrás en mi carrera, para cantar mucho de Piaf, mucho de Evita, algún que otro tango, un poco de Mina. Canciones que la gente conozca, y algo de Tiempo mariposa. O sea que es un espectáculo muy ecléctico.

—¿Haberte formado en canto lírico te permite abordar con facilidad todo tipo de género y con más independencia?

—Sí, totalmente. La técnica que yo tengo va para el lado del canto lírico (aunque no sea una técnica súper pura) pero también me permite abordar otro repertorio. También porque yo jugué mucho con eso. Con la danza me pasó algo similar. Cuando estudiaba danza, yo no tenía condiciones para el ballet, no podía ser una Eleonora Cassano, pero estudiaba danzas clásicas porque eso me daba la técnica para después ser más libre en el tap o el jazz, la elongación, la fuerza, el equilibrio, todo. Y con el canto lírico también me pasó un poco eso.

—¿Y en "Tiempo mariposa" hay algo más intimista...

—Sí, yo siento que este disco no es para demostrar qué caudal de voz tengo. En realidad, no es para demostrar nada. Es para mostrar un poco quién soy yo en mi interior. Ese caudal de voz ya lo he demostrado en distintos trabajos, y eso no es todo en la vida de un artista. No todo son los fuegos artificiales. Creo que es un álbum muy feliz: es mi último trabajo, es como mi hijo.

—¿Cómo es tu público en Buenos Aires?

—Muy variado. Están las personas mayores que vienen por Piaf, o por Evita. Y por el orgullo que sienten de que una argentina haya triunfado en el exterior. Para los argentinos fue muy fuerte que una argentina haya ido a hacer en Inglaterra el rol de Evita. Era de alguna manera, como ganarle la guerra a los ingleses: es una tontería, porque no es una guerra y el arte mucho menos. Pero era esa sensación como que una argentina está demostrando que puede hacer Evita en Londres, y que yo la valoro.

—Y ese público llevó a otro de menos edad...

—Esas personas mayores tienen hijos y nietos que les gusta la comedia musical. Hay muchos chicos jóvenes que se acercan por el gusto por la comedia musical, y después están los de mi edad, que tienen cerca de 40, o entre 35 y 45, que les gusta la música popular, y sigue por ejemplo, las canciones de Lisandro Aristimuño, y les gusta el tipo de artista que soy, o el tipo de persona que soy.

—¿Y tu repertorio busca contemplar todo ese espectro?

—Sí, creo que a veces asustamos un poco con Tiempo mariposa al público mayor. Pero por otro lado, no es rock pesado. Y las canciones que elegimos para este espectáculo del Solís son de las canciones más bellas que tiene el álbum, y tenemos una sorpresa con un coro al final. En realidad, este show lo preparamos para Madrid, donde teníamos mucho miedo, porque me conocían mucho menos. Yo había hecho Piaf en Madrid, y creo que la gente entendió bien este espectáculo y se entendió bien con todo este repertorio. Estamos hablando de un concierto, de música, y si la música está bien tocada, y sentida, es bella igual, más allá de los géneros.

—Pasando un poco a vos, ¿una rama de tu familia viene de la nobleza?

—Sí, el padre de mi abuela materna era conde, en Italia. Y él perdió todos sus bienes, y a nosotros nos gusta recordarlo, por la libertad que pensamos que tienen que tener nuestros hijos. Él era un conde y quería estudiar para farmacéutico, y no podía estudiar porque era noble, no lo dejaron. Y él se jugó todo lo que tenía. Y después, una tía lejana y todos sus descendientes fueron farmacéuticos.

—Tú sos vegetariana, ¿es fácil para un vegetariano comer afuera en Buenos Aires, siendo una ciudad con tantos lugares para comer bien?

—No, no es fácil, porque mucha gente se confunde, y cuando uno dice que es vegetariano, les parece que te pueden arreglar con una ensaladita. Y lácteos no consumo, y en Argentina no hay un solo sandwich que no te lo hagan con queso. Lo que tratamos de hacer es comer legumbres, cereales, huevos de granja, verduras orgánicas, y tratamos de comer mucho en casa, porque eso nos permite saber de dónde viene la comida. Pero cuando salís afuera, se complica. Si filmo una película, tengo que decir que soy vegetariana, pero que no me tengan 30 días comiendo verduras porque me debilito. No soy recontra estricta, porque me moriría de hambre.

—¿Sentís que hay relevo dentro de tu género en Argentina?

—Sí, creo que en estos años que yo no estuve trabajando tanto en Argentina, surgió mucha gente que yo no conozco demasiado. Pero sí, veo que hay una generación después de la mía, y vienen más preparados. Cuando yo estudiaba, estudiaba danza por un lado, canto por otro y actuación estudié más de grande, haciendo cursos cuando podía. Casi no existía escuela de comedia musical, habría una a la cual yo no tenía acceso. Ahora los chicos tienen muchas escuelas de comedia musical, y eso puede ser bueno o malo. Hay más posibilidades, y en Argentina se ha generado mucho en ese terreno. Hay mucha gente muy talentosa, y tenemos a Gerónimo Rauch que está trabajando en Londres, que es un poco más chico que yo.

—¿Existe un musical netamente porteño hoy en día?

—Bueno, siempre hubo comedia musical: lo que hacía Ámbar La Fox y Nélida Lobato, cuando hacían Chicago, y la revista de antes también era un género que también tenía que ver con la comedia musical. Lo que pasa es que siento que se está tratando de hacer: a mí me gustaría que la Argentina logre tener el género que la represente. Es decir, el género de teatro musical que represente al argentino, no que trate de imitar. Hay algunos espectáculos que se hacen así, que son gestados desde lo argentino, con letra, música, todo argentinas. Pero ahora, con Internet, la comedia musical se ha globalizado y los géneros también.

La experiencia con Ricky Martin de líder.


"Después supe que siempre, en el ambiente artístico, se habla muy bien de Rick Martin, pero como yo no estaba en ese mundo, siguiendo el pop star, yo no sabía nada sobre eso: sabía que era muy famoso, todo eso de Livin la vida loca, y cuando me dijeron que iba a trabajar con él, yo pensé, ojalá sea un tipo copado. Porque a ese nivel de un pop star, te podés encontrar con una estrella insoportable. Y cuando lo conocí descubrí un tipo divino, y trabajar con él fue de una tranquilidad enorme", recuerda Roger de su Evita, que protagonizó en 2012 en Broadway.

"De hecho, yo en Londres era la líder del grupo, y en Broadway él lo era, porque era el que llevaba gente. Él era el más importante del elenco, la gente venía a verlo a él. Y eso hay que saber llevarlo. Y si no lo llevás bien, se arma un problema en el elenco. En Londres yo aprendí que cuando no hay problemas en el elenco, es porque el líder está con los pies sobre la tierra".

Lo mismo que en una película


"Viví un momento súper bizarro, que fue cuando a Andrew Lloyd Weber le entregan un premio en Washington, el Kennedy Award, junto a Zubin Mehta, a Speilberg, a Dolly Parton. Y a cada uno de los premiados le hacían un homenaje, y yo era parte del homenaje que se le hacía a Weber. Y fue una experiencia súper interesante: fue fuerte. Y lo más fuerte fue que nos invitaron a todos a la Casa Blanca, a un cóctel: me cruzo con Tom Hanks, que me dice unas palabras, con Aretha Franklin, hasta que de repente me encontré en una sala con el señor Bush, con quien yo no estaba muy de acuerdo, hablándonos a todos. Era como una película".

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