Bianco su Bianco

"Fue un ejercicio de purificación"

El clown y director teatral suizo, Daniele Finzi Pasca regresa a Montevideo con dos propuestas hermanadas desde lo conceptual y estilístico.

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El nuevo espectáculo de Daniele Finzi Pasca se instala en la Sala Hugo Balzo.

Se trata de Bianco Su Bianco, su nueva creación, protagonizada por los actores Helena Bittencourt y Goos Meeuwsen, que ofrecerá funciones a partir de este jueves y hasta el día 15 en la Sala Hugo Balzo, con entradas generales a $ 750. Es un espectáculo intimista que traslada a los asistentes a un mundo mágico, lleno de calidez y ternura, con una escenografía conformada por lamparitas que se apagan y se encienden respondiendo al estado del alma.

Por otra parte, mañana en la sala principal del Auditorio Nacional del Sodre, Finzi Pasca realizará una única función de su clásico Ícaro, del que ningún espectador sale ileso: la marca es profunda y para siempre, por el mensaje, la interpretación y el formato (el clown escoge a un espectador del público para compartir el escenario).

Escrita en prisión, donde por un corto período purgó una pena por objeción de conciencia (al servicio militar obligatorio en Suiza), fue representada más de 700 veces desde 1991 en italiano, francés, alemán, portugués, español e inglés en veinte países. "Fue creada rápidamente y ensayada durante dos meses. Es un espectáculo simple como lo eran las historias que contaba mi abuela. Ella me enseñó el secreto para hacer gnocchi y la tarta de manzana, valiosas recetas que al pasar de los años, he aplicado sistemáticamente en mis creaciones teatrales. Preparar una comida es un pretexto para conocer el mundo. Mi abuela, quien nunca dejó su cocina, descubrió el mundo invitando a comer a su familia", explica el artista. Para Ícaro el precio de las entradas parte desde los $ 390. Hoy será declarado Visitante Ilustre de Montevideo.

—¿Qué puntos de contacto tienen Ícaro y Bianco Su Bianco?

—Son obras muy cercanas. Bianco Su Bianco es un regreso al texto, a una historia, una narración, a un teatro más íntimo hecho por el mismo equipo que un año atrás estábamos trabajando para las Olimpíadas de Socchi. Nos juntamos para hacer un ejercicio casi de purificación. Quisimos regresar a algo mucho más sencillo, con un estilo acogedor. Y la historia parte de un hecho casi real, de un joven de mi barrio. Habla de estos jóvenes que vienen de familias un poco complicadas, niños golpeados durante toda su niñez, de cómo crecen con un carácter muy marcado por esto y cómo después en el tiempo logran rescatar estos principios. Es una historia chiquitita que dos actores queridos de la compañía cuentan así, como en puntas de pie.

—¿El color blanco es un actor más en escena?

—Más que un color es una suma de todo. Es como transparente. En la memoria es un poco así. Algo está ahí, se desvanece, es como escribir la idea con tinta blanca sobre una hoja blanca. Las palabras quedan o se vuelven enseguida transparentes, como los recuerdos. Es sobre este detalle del cual partimos, no es que necesariamente hay blanco en el escenario. Es un fragmento del espectáculo que aparece todo de repente el que le da título.

—¿Disfruta más construyendo sobre un formato pequeño?

—Uno dice formato pequeño, pero en verdad llevamos siete kilómetros de cable. Y nos gusta incluir un discurso también tecnológico. Hay una floresta de lucecitas que reacciona con la historia, con los actores y la música, un acierto tecnológico muy particular. Es como una reducción de lo que hicimos en las Olimpíadas, para donde creamos una enorme escultura, un concepto de luz que fue central y aquí quisimos hacer lo mismo con trescientos foquitos. Me fascina mucho esto.

—Entonces Bianco su Bianco está basada en recuerdos de su infancia.

—Sí, como siempre. Como en Donka, La Veritá y como en Ícaro, hay elementos que surgen de ese barrio, de historias de amigos, de gente que conocí.

—¿Por qué siempre recala en ese tiempo?

—En cierto momento tendré que verdaderamente reflexionar sobre esto. Es como cuando uno va a buscar champignones, acude a los lugares que ya conoce, uno encuentra las flores y las rosas donde las vio el año pasado, donde las recogía su abuelo. No es una decisión que tomo cada vez, es más como un caballo que se va del establo directo para ahí.

—¿Cómo definiría ese tiempo?

—Fue santo, fantástico, con amigos que todavía sigo viendo, un período muy bonito, lleno de sorpresas. Tuve la suerte de tener un tiempo que se prolonga hasta ahora en cierta forma, muy afortunado, muy lleno de cosas que llamo "casa". Y que encuentro en otros lugares. Al final, por decir la verdad, quién sabe si este lugar que llamo mi infancia no es un lugar totalmente inventado.

—¿Fue entonces que descubrió la magia de ser clown?

—Sí. Y Bianco Su Bianco es un regreso a un espectáculo de clown, como lo concebimos nosotros, con clowns actores, más shakespereanos, que cruzan a juegos de malabarismo clownesco con una actuación casi de actor, o totalmente de actor. Es un espectáculo en donde otra vez se declara muy bien cuál es nuestro estilo en este terreno.

—¿La obra incorpora teatro acrobático?

—Sí, porque los dos actores tienen una base de acróbatas y eso se ve en escena.

—¿Cómo explica la figura del clown como héroe perdedor?

—Es una posición un poco más mediterránea del asunto, que se aleja del ideal de los griegos y de los americanos que proponen héroes que al final siempre ganan y son más fuertes. En nuestro caso la tarea del clown es contar historias de héroes que no necesariamente ganan siempre, sino que muchas veces pierden, como nosotros, como nuestros padres, como las personas que queremos. Hay algo de heroico, de extraordinario y de invencible que no está necesariamente ligado al hecho de ganar.

—¿A medida que pasa el tiempo va puliendo sus espectáculos o los deja intactos?

—Las dos cosas. Ícaro se cristalizó en cierto momento pero en los últimos años la hago más corta porque actúo de una forma en la que le doy más tiempo a ciertos momentos. Pero en Uruguay no tengo opción porque hay gente que la vio muchas veces. En la última visita hice la versión más corta y el productor fue al camarín a preguntarme qué me pasaba. En Montevideo la gente tiene tiempo, en otros lugares donde todo va más deprisa la acorto.

—¿Por qué solo sube a escena con Ícaro?

—Porque las otras obras viajan mucho y significa que si estuviera ahí las temporadas serían más cortas. Por el momento Ícaro es suficiente para mí, cada dos meses me permite dirigirla, continuarla y refinarla. Está bien así, además de alguna forma estoy en el escenario en mis otros espectáculos, estoy ahí sin estar.

—¿Qué es lo que más le interesa explorar dentro del área tecnológica?

—Lo que vuela, el concepto de luces, de espacio. Todo. Hay aspectos que ayudan a crear la ilusión, a crear sorpresas, se trata de ir detrás de efectos especiales que hagan pensar al público que lo que está viendo claramente no es real. Todas esas cosas se pueden lograr usando artificios y el teatro de la ópera los usa, también Cirque Du Soleil. En mi teatro está la intimidad profunda de la relación con un actor que puede contar algo sencillo y también el poner en marcha maquinaria más complicada. Siempre estamos cruzando estos dos lenguajes.

El futuro: "Es tiempo de explorar en la tecnología"


El vínculo entre Daniele Finzi Pasca y Montevideo es conocido, porque adentro de su equipo de producción hay varios uruguayos, como Facundo Ponce De León, Hugo Gargiulo y Chiqui Barbé. Por eso, cuando hoy a las 15 horas lo declaren Visitante Ilustre de la Ciudad en la comuna, será un momento especial para el suizo. "¡Me requete encanta! ¡Estoy tan feliz! Es un honor fantástico. Yo adoro esta tierra, tengo grandes amigos aquí. El caso de un clown ilustre parece más chiste, (se ríe), pero que exista este reconocimiento me halaga", dijo en diálogo con El País, mientras viajaba hacia La Pedrera, donde disfrutó de un espléndido fin de semana. Su compañía trabaja en varios proyectos a la vez y uno de ellos lo volverá a vincular a Cirque Du Soleil, para el que creó en el pasado Corteo. También realizará una adaptación de la ópera Carmen y explora otros terrenos, como la elaboración de historias que puedan ayudar a las personas que atraviesan etapas terminales. (Esto último es en coordinación con Facundo Ponce De León).

Obras como Donka, La Veritá y Rain, basadas en el teatro acrobático, son de las pocas de este estilo que recalaron en Montevideo.

"Nosotros influenciamos a muchos que están llegando así como recibimos influencias de quienes nos precedieron. Por eso es tiempo de marcar otras cosas y de incorporar aspectos ligados a la tecnología, algo que nos ocupó muchísimo en los últimos años", explicó.

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