entrevista con enrique pinti

“El ego a veces te hace trampa”

Una de las grandes figuras históricas del café concert porteño se presenta en El Galpón

Enrique Pinti
Enrique Pinti, política con humor. Foto: El País

"Seguramente es un problema mundial, eso que la historia se repite, y se repite. Por eso este show que ahora voy a presentar en Montevideo se llama Otra vez sopa. Lo que pasa es que en Argentina la historia se repite con menos intervalo de tiempo. Por ejemplo, ahora en Europa vemos un recrudecimiento de la ultraderecha, y uno piensa que tuvieron mucho tiempo para olvidarse de las atrocidades que pasaron muchas décadas atrás. Pero en Argentina es todo más rápido: metimos la pata en el 2012, y la volvemos a meter en el 2013”, explica Enrique Pinti a El País, para describir el eje de este show, que traerá al escenario de El Galpón a uno de los exponentes históricos del café concert argentino. Se presentará el sábado 17 a las 21.30 y el domingo 18 a las 20.00, y las entradas están a la venta en Tickantel, desde $ 900 a $ 1300.

Con una enorme capacidad para comunicarse con el público, y la verborragia que lo ha caracterizado siempre, Pinti analiza las situaciones sociales, mientras hace reír al espectador. “Y los argentinos, metemos la pata con lo mismo, pero con cosas que parecen distintas. Porque filosóficamente no puede haber cosa más distinta que el gobierno de Mauricio Macri y el de Cristina Kirchner. Sin embargo, los resultados son los mismos, con poco tiempo de distancia entre uno y otro. Hiperinflación, y deuda. Hasta gente como yo, que más o menos ganamos algún dinero (porque yo lo gané, gracias al público), ahora yo también me estoy fijando en mis gastos. Yo estaba entre los privilegiados, que podían viajar a Europa. Y ahora, minga de Europa. Y la gente me dice a la salida del show, que no saben de qué se ríen, por lo dramático del fondo del asunto. Y de pronto monólogos que escribí en los años 80, hablan del país de hoy”, asegura el cómico.

-¿Cómo definirías al humor porteño?

-Socarrón, generalmente bastante obsceno, grosero, y con ingenio. Yo no soy la persona más indicada para hablar sobre lenguaje obsceno porque yo digo 50 malas palabras por minuto. Pero el humor porteño es callejero, sangriento, sardónico, y es un poco violento en su expresión. Es un humor que nace de la influencia del humor español, el italiano y el judío, que viene de los inmigrantes. Los cordobeses tienen un humor más como de afuera, pero igual es muy hiriente, acerado.

-¿Y ves que ese humor típicamente porteño va desapareciendo?

-No, está, a lo mejor no tanto como forma artística. Pero los standaperos, los youtubers, y toda esa gente, practican un humor cotidiano, permanente. Y es increíble las cosas que hacen, y la sátira política. Eso brota de la gente. 

-El humor es una forma de inteligencia.

-Creo que el humor no es una forma de alejar el problema, sino de verlo desde un lugar distinto. Si yo al taxista le digo que me va a tener que bajar del taxi con una grúa, el tipo se ríe, baja a ayudarme. Consigo su solidaridad, en vez de mandarme a la mierda. Pero el humor también puede ser muy hiriente, porque hay una línea muy delgada entre herir y satirizar. El humor puede ser macabro, o digerible. Y por otro lado, los seres humanos somos todos muy distintos. Hay gente que le podés decir cualquier cosa, y son de teflón. Le rebota, entiende que es humor. Y a otros no les podés decir nada.

-¿Y vos sos susceptible?

-Totalmente. No soy un hinchapelotas, pero soy medio paranoico. No me gusta generalizar, pero el ego que tiene cualquier artista que se sube al escenario, que se mete delante de una cámara, o que canta ante un micrófono, es grande, y te hace trampas a veces. Entonces, o te creés más de lo que sos. Y en algún momento de tu carrera, o de tu vida, menos de lo que sos. Y todo lo ves desde el ¿qué me habrá querido decir? ¿No me llamaron a un estreno, estaré en decadencia? Esas cosas te pasan por la cabeza. A mí no se me instalan, pero cuando somos nenes tan mimados, cuando nos olvidan, o cuando no nos invitan a algún lado, te viene como una especie de ataque de Gloria Swanson en Sunset Boulevar.

-¿Notás que hoy hay menos humor político?

-Sí, el humor político, como mete el dedo en la llaga, puede sonar un poco a estar bajando línea, o a que te estás haciendo el moralista. O se toma como melodramático, o efectista. Salvo excepciones, como es mi caso, el público prefiere otro tipo de humor. Los imitadores, que tenemos muy buenos, como Fátima Flórez o Martín Bossi. Que hacen imitaciones de políticos: es un humor político inofensivo. El uruguayo Álvaro Navia, en Polémica en el bar, hace personajes maravillosos de nuestra realidad, y hace la sátira política, pero desde un punto de vista muy caricaturesco. Él, y otros humoristas, hacen ese tipo de alusión política, pero sin herir.

-En un tiempo escribías sketches para televisión. ¿Hoy eso lo ves viable?

-No, para nada viable. Eso se terminó. En la televisión argentina, el humor se ha desparramado en otro tipo de programas, desde Tinelli hasta los programas de espectáculos, en programas de entretenimientos, en realities. Hoy el humor lo están haciendo también los sonidistas, con los efectos que ponen, que son chistes en sí. Uno se ríe a partir del botón que apretó el tipo que hace el sonido. Eso hace reír hoy a la gente. El programa cómico desapareció: Gasalla fue uno de los últimos, con El palacio de la risa

-Te salto a otra cosa: vos fuiste guionista de historieta en la revista Billiken.

-Sí, en 1970, 71. Guionaba la historieta El mono relojero, en la revista Billiken. Eran dos páginas por número, y yo ponía cuadro por cuadro, lo que iba en el globito, y qué imagen iba. Y luego los dibujantes completaban el trabajo. Era como hacer un guion cinematográfico. Fue muy interesante. El mono relojero era un cuento de Constancio Vigil, con una cosa muy terrible. Era un monito de circo que lo maltrataban. Era un personaje muy sufrido. Yo de chico lloraba con eso. Y yo lo cambié por completo, con el permiso de la editorial, e hice una versión más de los años 70. El mono tenía familia, sus abuelos habían sido artistas de circo. Y tenían un reloj mágico, por el que se iban a otras épocas. Y eso me permitía hacer el mono con Martín Fierro, o con Luis XIV. Y dentro de lo que se podía hacer en los años 70, iba por el lado de la inclusión, de la integración.

-¿Sos muy del psicoanálisis?


-No tanto. Yo en la vida primero metí mucho la pata, hasta que un día me aconsejaron que hiciera análisis. Primero hice reflexología, que me ayudó a establecer los problemas. Y después hice un año con un psicoanalista, y una vez que me dieron esos lineamientos generales, me manejé con eso. Pero si le daba mucha vuelta más, uno se termina volviendo como una especie de caricatura freudiana. No sirve eso de pensar que todo lo que estás haciendo es una proyección. Esa fiebre de que todo es proyección me la agarré en los años 60, pero ahora ya estoy más tranquilo.

carrera

Con 79 años y con planes de futuro

La carrera de Enrique Pinti recorre los más variados formatos. Actor, humorista, director teatral, escritor y dramaturgo, se ha expresado desde los más diversos medios, escribiendo obras infantiles y para adultos, dirigiendo e interpretando espectáculos de su autoría, además de montar gran cantidad de music halls y shows de café-concert. También trabajó en adaptaciones de obras teatrales extranjeras, desde Chicago (en 1977) para Nélida Lobato, hasta Los locos Addams. Y no tiene planes de parar de crear. “Ahora estoy preparando un espectáculo para enero: va a ser de las mismas características de Otra vez sopa, en cuanto a que es un monólogo. Todavía no tiene título, pero se va a estrenar en Buenos Aires el 5 o 6 de enero. Estoy tratando de reestructurar muchos textos de otras épocas, porque la verdad, revisando viejos videos, Dvds, me di cuenta que los temas seguían vigentes. La canción que yo cantaba sobre el deterioro de los hospitales públicos, en 1996, sigue estando vigente, o quizá ahora la realidad sea peor”.

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