El humorista festeja sus 25 años de carrera con un show especial

Diego Delgrossi: "El uruguayo se queja siempre"

Siempre digo que los viajes no se inician cuando uno se sube al avión, comienza cuando uno piensa a dónde va a ir. Lo mismo con respecto a mi carrera.

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"Los empresarios de la TV uruguaya son conservadores y cortoplacisitas". Foto. L. Carreño.

El comienzo, para fijar estos 25 años de trayectoria, tomo la primera vez que me propuse entrar al ambiente artístico. En mi caso fue un casting (antes se le decía concurso) que se llamaba Plop lo hace usted, por el cual el jurado decidió que yo iba a quedar en el elenco por tres meses, que era uno de los premios", explica al detalle Diego Delgrossi, que todos los jueves de agosto a las 21 horas en el Teatro Movie estará haciendo 25 años de humor en serio.

"No va a ser un homenaje a mí, va a ser un agradecimiento a todos los que vayan y a los que me han acompañado a lo largo de mi trayectoria, a nuestros seguidores. Va a haber stand up, como no podía ser de otra manera, imitaciones, música con una orquesta en vivo. Va a haber mucho humor, y algo de nostalgia, porque el uruguayo es nostálgico. Va a haber pantalla gigante, todo lo que hoy se considera como herramienta audiovisual: a veces lo usan como relleno, pero en este caso va a ser central, con interacción entre la pantalla y el actor en escena", adelanta el cómico.

"Algo antiguo de archivo hemos conseguido para video: va a haber un homenaje a todos los maestros. Es imposible no mencionar a Telecataplum, va a haber un pequeño homenaje a Eduardo D´Angelo, que fue un maestro de la actuación y la imitación", sigue explicando Delgrossi sobre su próximo show, que dará cuatro únicas funciones, con entradas en el propio Teatro Movie, a $ 460 y $ 375. "Esto es un motivo para celebrar, es como cuando festejás un cumpleaños y estás festejando a los amigos que vayan: con los viejos seguidores, los actuales, y a los que no han visto el trabajo que hago".

—¿Cómo armás una imitación?

—Para este espectáculo en particular tuve que hacer un estudio bastante profundo porque también voy a hacer cantantes, algo que solo una o dos veces hice en televisión. Y además ahora, al tener la apoyatura audiovisual, las imitaciones van a tener que ser mucho más fidedignas, porque el espectador va a poder comparar in situ. Eso me demanda mucho trabajo no solo de la voz, sino de audios de escucharme, y que gente especializada me haga indicaciones. Me están marcando de a tres.

—¿Cuál es el más fácil de imitar?

—Mujica. Y el más difícil el doctor Lacalle, porque tiene una voz cascada, con tonos bajos y altos, y la forma de hablar de él, es muy complicado para imitar. Pude sacar al Presidente Vázquez, al doctor Batlle: a los que no puede es al Luis Lacalle Pou, y a Pedro Bordaberry.

—¿Cómo cambió la tele uruguaya desde que empezaste a hoy?

—Todo, los tiempos, el lenguaje, el hablado y el corporal. Y más que nada la forma de comunicar. Un sketch de Portales y Olmedo duraba 20 minutos, lo tenían que dividir en dos bloques. No toca botón eran tres sketches. Hoy si hacés un sketch de cuatro minutos, la gente hace zapping. Marchaste.

—En ese sentido "Consentidas" es un buen ejemplo...

—Claro, allí se mezcla una comunicadora como Sara Perrone; María Gomensoro que además está vinculada a lo que es la estética, como decoradora, y una actriz como Emilia Díaz. Ellas hacen una mixtura en la que se mete un humorista a hacer un juego. Hace poco tuvimos al Intendente, y le preguntamos algo muy serio, y al rato salía yo con un juego. Es una especie de magazine en el cual se mezcla todo. Eso es la televisión hoy. Una melange.

—¿A qué te parece que se debe el éxito de "Consentidas"?

—Y, es un programa a la hechura uruguaya, los sábados en horario central, para todo público, a la hora en que la gente de más de 50 años está en la previa para irse al teatro o al cine, o para cenar. Y los más jóvenes están haciendo la previa para salir, y si bien es el público minoritario, es un programa que lo podés dejar un ratito mientras estás comiendo, y no te va a chocar la vista.

—¿No sentís que los actores se quejan, incluso los que ganan bien?

—El uruguayo siempre se queja: algunos con razón y otros sin razón. Eso es subjetivo. Se queja un gerente de banco que gana 400 mil, y el policía porque gana poco. Eso es subjetivo según el nivel económico. En el caso del actor, tiene que tener mucha conducta con el dinero. Cacho de la Cruz siempre me dijo, Acordate de esto: el actor es pan para hoy y hambre para mañana. Y yo se lo digo a los actores jóvenes, que gasten un peso y guarden otro.

—Tú trabajaste muy cerca de Cacho de la Cruz. ¿Es una persona que... ?

—Cacho fue de las primeras personas que me llamó cuando tuve el accidente automovilístico en enero de 2014. Se puso a disposición, sé que hizo gestiones para facilitarme ciertos caminos. Me ofreció desde hablar conmigo hasta dinero. Ya con eso te pinto de cuerpo entero lo que fue Cacho para mí. Además de un maestro del humor.

—¿A la ficción televisiva uruguaya le cuesta echar raíces?

—Le cuesta echar ganancias. Y los empresarios uruguayos son muy conservadores, son muy cortoplacistas. Me lo dijo un empresario argentino: allá se invierte y se le dan vuelo a las cosas. Si no funcionan las bajas. En Uruguay quieren la ganancia al otro día. Si el primer día un programa marca mal, ya piensan en bajarlo. Si no marca bien el primer programa, hay que ver qué cambiar. Hay que seguir apostando hasta que funcione.

—¿Te sentís integrante de una vieja guardia que supo aggiornarse?

—Me hacen sentir, hoy tengo colegas muy jóvenes y estupendos, como Manu Da Silveira. Pero más que de la vieja guardia, soy de esa amalgama que unió la vieja guardia con la nueva: una generación bisagra.

—Como profesor de Historia, ¿cuál es la época más rica para el humor?

—Es muy cómico analizar la Guerra Fría, sobre todo el espionaje, aunque obviamente hubo cosas muy nefastas, desde el Muro de Berlín hasta los golpes de Estado. Y también el cómico comparar al respecto qué ha avanzado y qué no, y el uso de la tecnología. Que a un espía de la CIA le venga un cargo de consciencia... da para mucho humor.

—¿Te sentís con herramientas para hacer teatro clásico?

—Yo me metí, pero me sacaron. Lo que pasa es que yo aparecía en escena y notaba que la gente se reía. Una vuelta estábamos haciendo Los dos hidalgos de Verona, en la escuela de Mary Da Cuña, y yo hacía uno de los galanes. Fue una gran confianza que ella me tuvo: pero yo aparecía vestido de época, con medias Can cán, peleando con una espada, en una escena bastante dramática, y la gente se reía. Y me dije, zapatero a tus zapatos.

—¿Cómo fue rodar "El viaje hacia el mar" con Juceca?

—Juceca fue un personaje único, como sus propios personajes. Fue una grabación ardua, dos meses de rodaje, mayo y junio de 2002, en los que tuvimos que filmar una película ambientada en verano en pleno invierno. Y el más joven era yo. Y fue una relación muy linda, a pesar de los enfrentamientos dialécticos que teníamos con Juceca, porque él era comunista militante y yo era batllista, y nos trenzábamos en diatribas ideológicas. Tanto que el director, Guillermo Casanova, nos decía, no hablen de política, no hablen de política.

—Dijo "era batllista"...

—Era y soy, con be mayúscula. Creo que las ideologías no prescriben. Una ideología no muere, pueden cambiar, mutar. El batllismo votó muy mal en las últimas Elecciones: la ideología continúa.

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