entrevista a Lucio Hernández

“El otro día vi la cartelera y asusta”

El actor de la Comedia Nacional estrena mañana Labio de liebre, en la Zavala Muniz

Lucio Hernández
Lucio Hernández, un director teatral que crece. Foto: Ariel Colmegna.

Viene creciendo como director teatral: llevó a escena Variaciones Meyerhold, interpretada por Jorge Bolani, y luego Tom Pain, el exitoso monólogo interpretado por Rogelio Gracia. Mañana, en la Comedia Nacional estrena Labio de liebre, en la Zavala Muniz.

-¿Cómo describirías Labio de liebre?

-El argumento es sobre un represor que acepta una condena muy particular: pasar tres años en un país, sin poder salir de la casa en la que está. Y allí lo empiezan a visitar sus víctimas del pasado. Y se da un encuentro por momentos absurdo, o con elementos de fábula. La obra, de Fabio Rubiano, está inspirada en la realidad colombiana, en la guerrilla, en un ámbito rural. Y nosotros lo que hicimos fue darle un tono más universal, quitándole las referencias colombianas.

-Hoy en teatro político es menos frecuente: la cartelera de teatro montevideana tiene mucha comedia de familia.

-Sí, yo el otro día vi la cartelera y realmente asusta. Y por otro lado pensás, ‘bueno, es lo que la gente quiere’. Pero lo cierto es que existe todo eso, está ahí. Nadie tiene la autoridad ética, moral, para decir qué teatro hay que hacer. Es algo que yo no haría nunca. Pero cuando decidimos hacer algo, es también lo que somos.

-¿También es que a veces el público prefiere que le hablen más de sus asuntos domésticos que de los asuntos políticos?

-Lo que pasa es que hay un punto en que lo doméstico es político también. Lo difícil es encontrar una mirada que contenga lo político. El pensamiento binario nos termina arruinando siempre: eso de o hacés comedia o te dedicás al teatro profundo. Y yo creo que en Labio de liebre lo que convive es una cosa muy de tierra, y también un debate político, aunque desde un ama de casa. Se pueden decir una cantidad de cosas, desde una forma naturalmente humana.

Hoy la dramaturgia uruguaya le está dando buen material a los actores.

-Siento que en cuanto a la dramaturgia siempre venimos unos pasos atrás de los argentinos. El tema de la familia disfuncional, por ejemplo, en los años 90, Alejandro Tantanián y otros autores, encontraron una cantidad de elementos demenciales de lo que pasaba en su cotidiano político. Y que los llevó a romper y a salir a otras formas de relato. Y de las familias disfuncionales se empezó a trabajar acá mucho tiempo después.

-Claro, se salió de una dramaturgia marcadamente costumbrista, y bastante previsible.

-En la vieja dramaturgia de acá, era muy evidente que siempre te ibas a encontrar en el escenario con una cocina, una mesa, cuatro sillas y un sillón. Era difícil de salir de esa cosa costumbrista. Y estuvo buena la llegada de dramaturgos jóvenes, que empezaron a tocar otros temas. O los mismos temas, pero desde una forma de cierta ruptura, o niveles de fragmentación. Lo que pasa es que esos niveles de fragmentación, al final se tienen que totalizar. Y a veces eso no ocurre. Y se repiten como formas esnobs, sobre todo en la representación: decir el texto rapidísimo, el vértigo en las situaciones, los gritos. Una especie de distorsión que está bien, es ruptura en relación con lo que había antes. Pero se termina convirtiendo en otra forma. Lo difícil es encontrar un lenguaje real para cada espectáculo, y descubrirlo junto a los actores, y con los técnicos también.

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