crítica

Un debut algo apresurado en un género difícil como es la comedia

Desde que el hombre su propuso hacer reír a través de la literatura, la infidelidad ha sido uno de los temas a los que más recurrió. En esta versión de Pato a la naranja se puede comprobar la eficacia de esa regla: apenas se dice la palabra "cornudo", el público estalla en risas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Melina Gorzy, Sergio Gorzy y Lilián Anchorena en una comedia con sus altos y bajos. Foto: M. Bonjour

Pero para no caer en los argumentos más trillados, el texto invirtió la clave de esta humorada sobre una mujer que se debate entre dos hombres, el que siempre tuvo y el que llegó más recientemente a su vida.

Por supuesto que el que siempre tuvo (Martín, por cuenta de Sergio Gorzy) es de esos maridos más preocupados por sus amigos y su trabajo que por la mujer que tiene a su lado, mientras que el otro se deshace en galanterías y gentilezas. El giro de esta certera comedia es que acá la infidelidad queda al descubierto en la primera escena: no se tratará entonces de contratar a un detective para ver qué anda ella, sino de intentar salvar años de matrimonio a través de un plan fríamente calculado por el exitoso periodista televisivo, gran jugador de tennis y ajedrez, de vida acomodada y casa en Punta del Este, pero cornudo.

Para rescatar esa vida matrimonial que la infidelidad permitió valorar, él urdirá una trampa, descabellada desde el punto de vista argumental, pero hilarante, que es lo que aquí importa. Después de todo, quienes han estudiado la historia del teatro señalan también al vodevil como uno de los antecedentes del surrealismo. Vale decir, que en materia de comedia humorística no se trata de ceñirse a la realidad, sino de hacerla reidera.

El público supone lo que Martín trama: que invitar al amante de su esposa a su propia casa es una jugada de ajedrez para recuperar a Elisa (interpretada por Lilián Anchorena. Y para provocar los celos de su mujer, sumará al ruedo a su secretaria, quien completa este cuarteto de deseos e intereses entrelazados.

De entrada (en la función del sábado 24, que es la que aquí se reseña) la puesta arranca medianamente. Gorzy y Anchorena abren el juego sin mayor firmeza en sus papeles. La obra demanda un inicio muy exigente para ese papel, y los titubeos quedan a la vista. El periodista deportivo devenido en actor principiante logra cierta naturalidad, pero sin adueñarse totalmente del personaje. En algunos tramos los hilos de la composición quedan visibles. Y eso que Blandamuro (para darle más humor al asunto), parece haber pautado a Martín bien próximo al Gorzy que todos conocemos, tanto para facilitarle la tarea, como para deleite del público, que espera disfrutar más el encuentro en vivo con un mediático, que de su labor compositiva.

Luego, cuando entra la otra pareja en juego (a cargo de Ariel Caldarelli y Silvana Grucci), estos sí, más eficaces en escena, el conjunto se amalgama un poco y por momentos las deficiencias se pulen algo. Gorzy tuvo buena y mala suerte al debutar en un género tan difícil como la comedia, junto a Ariel Caldarelli. Suerte, porque el empuje de este experiente y notable actor le ayuda al resultado de conjunto. Y mala suerte, porque la diferencia entre un novato en el terreno se acentúa al lado de uno de los mejores actores de su generación. Además de ser un histrión nato, su larga experiencia sobre las tablas le permite pisarlas con una soltura pasmosa. Fuera de escena Gorzy es sin duda una persona carismática, canchera, ocurrente. Pero en el escenario, Caldarelli le roba el protagonismo, como no podía ser de otra manera. Empezando por la voz, y la manera de proyectarla. Luego por el uso de todo el cuerpo, desde la gestualidad facial a los desplazamientos. Algunos recursos que inmortalizó Alberto Olmedo, pueden ser recordados al presenciar a este actor en acción.

Ver a Caldarelli es como observar a un gran boxeador. También Grucci aporta soltura, gracia y oficio: el mano a mano entre ellos es lo más logrado de la hora y media de función. Pero hay una sorpresa: Melina Gorzy, hija del periodista deportivo. Ella tiene pasta para la escena, y con sus limitadas herramientas actorales arma una mucama llena de vida, que hace reír.

Montevideo conoció esta comedia hacia 1975, cuando César Charlone Ortega la hizo en el Teatro Stella, con Gladys Legún, Enrique Martínez Pazos, Anita Rodríguez Lasalle, Perla Aguirre y David Schwartz en el elenco. Ahora regresa esta comedia eficaz, que hace reír, desde una mirada bastante conservadora, algo machista, no precisamente gay friendly. Una opción atendible de la cartelera para reír ligeramente.

SABER MÁS

PATO A LA NARANJA  (**)


Texto: William Douglas Home, Marc Gilbert Sauvajon. Versión: Juan José de Arteche. Dirección: Hugo Blandamuro. Música original: Carlos García. Escenografía: Inés González. Luces: Antonio Ruiz. Con: Sergio Gorzy, Lilián Anchorena, Silvana Grucci, Ariel Caldarelli, Melina Gorzy. Sala: Teatro del Notariado, Guayabos 1727. Funciones: Sábados a las 21.30 horas, domingos a las 20 horas. Entradas: $ 360.

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