RITA CONTINO

"Se debería respetar más a la ópera acá"

Soprano uruguaya de amplia trayectoria, Rita Contino asume ahora la dirección de escena, para ofrecer “La serva padrona”. Va el sábado 11 a las 20:00, el domingo 12 a las 18:00, y el fin de semana siguiente, en el Auditorio Nelly Goitiño. Entradas en Tickantel, a $ 790, $ 490.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"En Montevideo, hoy a la ópera se lo podría trabajar un poquito más". Foto: M. Bonjour

—¿La serva padrona va a estar ambientada en el siglo XVIII?

—Sí, más bien fiel a la primera mitad. Hacer esta obra demanda conocer la época, y qué significó este título modelo en la historia de la ópera. Esta es una ópera bufa, cómica: es un intermezzo, o sea que no es una ópera en sí. Dura 45 minutos, y se utilizaba en el medio de los actos de la ópera seria. Fue hecha para entretener a la burguesía, que demandaba entonces otro tipo de entretenimiento más allá de la ópera seria.

—¿Qué desafío tuvo que enfrentar?

—Convertir una obra de 45 minutos en un espectáculo. La obra tiene dos cantantes, un barítono y una soprano, y un personaje mudo, que es un actor. Era poco: así que incluí el ballet, a través de la Escuela de Danza del Sodre. Al incluir dos números de ballet, termina más tipo espectáculo. Pero más allá de eso, tanto el argumento como la música son de altísimo nivel artístico.

—¿El público del arte lírico uruguayo, recibe de igual modo una ópera seria que una cómica?

—Sí, creo que es un público que sigue en general la ópera, es decir, al teatro cantado. Claro que hay óperas que son mucho más populares, como La Traviata, Madame Butterfly, óperas grandes, que demandan mucho montaje. La serva padrona es una ópera chica, aunque es una de las óperas bufas más conocidas.

—¿Es más arriesgado poner es escena un título menos frecuentado?

—Si ponemos en escena La Traviata, al ser sumamente popular, va a atraer más público. Un título como La serva padrona hay que hacérselo conocer a un sector del público, y eso depende también de una cuestión de difusión, para ver si se puede traer un público un poco más joven. Porque el público de la ópera está un poco avanzado en edad. El día que ese público se termine, no sé, si no generamos nuevo público, qué es lo que puede ocurrir.

—¿Cuál es el papel favorito de su carrera?

—La Tosca, de Puccini. El personaje me permite una gran identidad con mi temperamento. Tosca fue mi triunfo como cantante joven, y luego la canté en varios lugares, en Varsovia, mucho en Argentina, acá en Montevideo. Y siempre fue un éxito. Incluso recibí en el 2000 un homenaje en el Teatro Municipal de San Pablo, donde la compañía de ópera de San Pablo me declaró la mejor Tosca de los últimos 20 años en Brasil, como resultado de una encuesta entre críticos y público.

—El público en Brasil sigue mucho la actividad lírica.

—Sí, gusta muchísimo de la lírica, sobre todo público joven. En San Pablo recuerdo haber hecho La bohème, me asombraba de ver tantos adolescentes de jeans en la platea. Era increíble. Un público absolutamente joven: eso va a perpetuar la ópera en Brasil.

—¿Qué grandes montajes recuerda de su carrera?

—En 1995 hice Turandot en un megaespectáculo que se hizo en la Plaza de la Apoteosis, del Sambódromo: fue una puesta cinematográfica, con un público de 40, 50 mil personas. Hay una filmación pirata en YouTube. Y todas las producciones del Colón de Buenos Aires, donde hice Guerra y paz, de Prokofiev, con un montaje espectacular. También La bohème y Falstaff: esas tres óperas las canté en el Colón con puestas espectaculares.

—Usted conoció el viejo Estudio Auditorio del Sodre...

—Entré al coro del Sodre en 1966, y empecé como solista en 1970. Y un año después se incendió el Auditorio. O sea que actué en el viejo Auditorio hasta que se incendió, y luego el Sodre estuvo dando vueltas por ahí, vagando de un teatro a otro, y con muchas dificultades. Y no llegué a cantar en el Auditorio ahora. Gracias a Dios también pude desarrollar mi carrera en Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, y en Europa.

—¿Y cuando usted trabajaba en el exterior, sentía la ausencia de su país?

—Sumamente, por eso no me fui nunca. Tuve la oportunidad de radicarme en Francia, Italia, y preferí volver a Montevideo, con mi familia. Amo mi país, y tuve la suerte de vivir siempre en Montevideo y recibir siempre contratos del exterior. Nunca tuve que golpear las puertas afuera.

—¿En Montevideo, la ópera está siendo desplazada del lugar de privilegio que alguna vez ocupó?

—Se la podría trabajar un poquito más. No me voy a olvidar, cuando yo era jovencita, las grandes temporadas de abono con ocho títulos, cuando Hugo Balzo era el director artístico. Y el público era muy asiduo: se agotaban las entradas. Después del incendio del Auditorio, el Sodre quedó truncado. Pero ahora que tenemos el Auditorio Adela Reta, sí se podría trabajar un poquito más. Es cuestión de pensar en darle un lugar más privilegiado a la ópera, que en todo el mundo el género sigue vigente. Habría que respetarlo, en vez de hacer un solo título por año, como se está haciendo por cuestiones financieras.

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