GUSTAVO ZIDÁN

"Nos debemos un debate del rol de las salas públicas"

Fue actor, se volcó a la gestión cultural, y desde hace años está al frente de la Sala Verdi, donde ha logrado convocar anualmente unos 30 mil espectadores, que se dividen entre propuestas de teatro nacional y extranjero, danza, y ciclos como “La escena vocal”, que convoca a grandes voces de la lírica.

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Franqueza: Zidán analiza las salas públicas, sus roles y metas. Foto: F. Flores

En charla con El País, Zidán habló con franqueza del panorama de la gestión cultural pública.

—¿Cómo ves la gestión pública de espectáculos, tanto a través de las salas municipales como nacionales?

—Creo que en el sector cultural nos debemos una discusión sobre cuál es el rol de las salas públicas dentro de las políticas culturales. No nos hemos animado a discutir a fondo el tema. Tanto el Solís como el Sodre, que en su momento fueron un atractivo muy fuerte por la inversión que hubo, principalmente a nivel edilicio, creo también que hubo algunos desvíos sobre los roles de esas salas. Siempre me ha servido como guía aquello que planteaba Nelly Goitiño, los teatros públicos son para todos, pero no para todo. Y con eso del imán de la inversión, hemos desdibujado demagógicamente como que un lugar es para todas las propuestas. Y no lo es.

—¿Te pareció mal Piñón Fijo en el Auditorio del Sodre?

—Y sí, me pareció mal, en eso me parece que no hay dos opiniones al respecto. Entiendo que se puede argumentar que eso genera ingresos para otras propuestas no comerciales. Pero la responsabilidad del sector político, con respecto a las políticas culturales, es que la propuesta no tenga que estar condicionada por las variables del marcado. Durante años se ha discutido si Les Luthiers tiene que estar en las salas públicas: son propuestas que no necesitan del Sodre ni del Solís para vender entradas.

—En ese sentido, ¿cómo ves las críticas que Héctor Guido hizo de Gerardo Grieco y la conducción del Auditorio del Sodre?

—Lo que hizo Guido fue animarse a hacer pública una discusión que nos debemos, y que muchas veces se da entre corrillos. Creo que es importante ordenar qué lugar es para qué. Y desde las políticas públicas, estudiar los costos de las entradas. Si se está generando una estructura pública, y necesito que el precio de las entradas sea alto, estoy segmentando quienes pueden disfrutar de ese teatro. Me parece un despropósito que en los teatros públicos tengamos propuestas con entradas a tres o cuatro mil pesos.

—¿Sentís que hay como un momento de recesión en la gestión del espectáculo público a nivel de la Intendencia?

—Siento que no: la Comedia Nacional sigue activa, la Orquesta Filarmónica y la Banda también. Bueno, hubo que hacer una adaptación a estos nuevos números presupuestales, que algunos han tenido algunos recortes. No conozco a fondo los números de la Comedia, la Filarmónica y la Banda, pero han tenido que hacer ajustes, que se hicieron presupuestalmente en toda la Intendencia. Eso sí, de repente puede afectar a los espectáculos de gran formato que la Comedia Nacional solía transitar.

—¿Qué te parece la programación que está ofreciendo la Comedia Nacional esta temporada?

—Este año la Comedia hizo una apuesta por el autor nacional: de repente por un año pueden permitirse esa opción. Luego tendrán que evaluar que resultados ha dado eso. Me parece importante que la Comedia Nacional pueda transitar por los grandes clásicos y por los contemporáneos universales. En necesario que transite esos títulos, que en algunos casos al resto de la cartelera montevideana le puede ser difícil transitarlos.

—¿La Intendencia no tocó tanto el presupuesto que le destina al Carnaval?

—No conozco los números del Carnaval, pero es un género que a nivel popular pesa mucho, y ellos tienen formas de organización que se hacen sentir, y que tienen su peso a la hora de definir, de repente, los apoyos presupuestales.

—¿Cómo ves los contenidos que ha ofrecido el Teatro Solís a nivel de sus espectáculos?

—Bueno, el Teatro Solís, más allá de que esté en la órbita de la Intendencia, es el teatro nacional del Uruguay. Y creo que los teatros nacionales están llamados a ser espacios donde la calidad sea el mayor vector. Tal vez en algunos casos las propuestas no sé si han estado a la altura de un teatro nacional.

—¿Te parece que podría haber mayor coordinación entre la gestión de espectáculos de la Intendencia y el gobierno?

—Creo que se podría hacer más en el terreno de la articulación. Como mínimo, coordinar agendas, muchas veces hay superposición de actividades, aunque a veces es salteada por la demanda del público. Ahora pasó que el lunes 20 Bruno Gelber se presentó en el Solís y estaba lleno, mientras el Sodre festejó los 85 años de la orquesta, y también estaba lleno. Y me interesaría más que hubiera una articulación en cuanto al tema de la producción. Si bien hubo a partir del 2000 una gran inversión en infraestructura, con esos dos emblemas, el Solís y el Sodre, esta década tendría que estar signada por nuestra preocupación e inversión en lo que es la producción artística. Profundizar en los fondos para la creación.

—El gestor cultural público tiene que lograr un equilibrio entre lo económico y lo artístico...

—Creo que muchas veces las salas no tienen una mirada artística sobre la gestión. Para mí, mi formación como gestor cultural, el lugar donde la hice fue la Emad, fue mi formación como actor. Y ahí aprendí cosas del hecho artístico que ahora me permiten verla desde otro lugar. Creo que la administración de las salas públicas, e incluso de las privadas, tiene que hacerse desde una mirada artística. Es la mirada que tiene que gobernar: la gestión está al servicio de eso. Me gusta relacionarlo con el tema del fútbol, con aquella discusión que tenían Damiani y Cataldi. Damiani decía, a mí los números me dan muy bien y los balances me cierran. Y Cataldi decía, Yo salgo campeón, y nunca vi a la hinchada de Peñarol salir a festejar un balance por 18 de Julio.

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