Ciro Tamayo

La danza y la interpretación

El bailarín español interpreta tres personajes distintos en el ballet Romeo y Julieta.

El bailarín Ciro Tamayo. Foto: Difusión
El bailarín Ciro Tamayo. Foto: Difusión

Desde el pasado miércoles y hasta el 4 de octubre el Ballet Nacional del Sodre vuelve a presentar Romeo y Julieta en el Auditorio Nacional. Entradas en venta por Tickantel y en la boletería de la sala, desde 60 pesos.

El protagonista de este impresionante ballet que Kenneth MacMillan creó en 1965 para la Royal Opera House de Londres con música de Serguéi Prokófiev, es el bailarín español Ciro Tamayo. Aunque es reposición es la primera vez que Tamayo hacer el papel ya que en la temporada 2015 no pudo hacerlo debido a un problema de salud. Tamayo tiene 24 años recién cumplidos.

"La compañía ha crecido un montón, también bailamos mucho más", dice Tamayo

Nacido en Málaga desde hace seis años es uno de los primeros bailarines de la compañía que (por ahora) dirigen Julio Bocca y Sofía Sajac.

—Este año te vas a sacas las ganas de interpretar a Romeo.

—Sí, es un ballet magnífico. La música y la coreografía son impresionantes y la historia ni hablar. Además voy a hacer tres roles distintos: Romeo, Mercucio y el Líder Mandolín, que es un personaje más de divertimento que aparece brevemente en el segundo acto pero que tiene una danza intensa.

—¿Y cómo te sentís por interpretar a esos otros dos personajes tan distintos?

—Muy entusiasmado. Son dos papeles muy diferentes y están en escena casi el mismo tiempo y tenés que mirarlos desde un foco totalmente distinto a cada uno. Romeo es romántico y también es la tragedia. Y Mercucio es, hablando en uruguayo, el canchero, el que se cree invencible hasta el momento cuando le sale mal la jugada y lo matan. Como son dos papeles muy dramáticos y como lo que más me gusta es actuar, estoy muy entusiasmado con este ballet.

—En Hamlet Ruso también había una carga interpretativa, a la par de la danza. ¿Te interesa más esa parte?

—Hamlet Ruso
es mi favorito. Es un personaje con el que me sentí muy identificado y por muy cansado que estuviera, estaba feliz de poder bailarlo y también de actuarlo.

Romeo y Julieta
Escenas de "Romeo y Julieta". Gentileza BNS

—¿Cómo empezaste en el mundo de la danza?

—Empecé desde chiquito. En el colegio daban opciones extracurriculares y una de ellas era patinaje artístico, y a mí eso me llamaba la atención más que los deportes. Después del patinaje empecé con danza moderna, ya que me llamaba la atención las actividades artísticas. Aunque al final me terminé aburriendo de ellas y en ese momento, se estrenó la película Billy Elliot, quise anotarme en una academia, empecé y ahora estoy acá.

—¿Y cómo llegaste a Montevideo?

—Llegué por Julio Bocca que me vio en un concurso en Barcelona, que se presentaba en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma (Madrid) en ese momento. Yo participaba en el concurso y Julio era miembro del jurado. Participé, saqué el primer premio y Julio me ofreció para venir a esta compañía, cuya dirección acababa de asumir.

—¿Y te viniste entonces?

—No, en ese momento dije que no porque me faltaba un año para graduarme. Entonces fui a Londres, me gradué en la Royal Ballet School of London y recién ahí me puse en contacto con él, y la oferta seguía en pie. Me gradué en julio y en agosto estaba aquí.

Ciro Tamayo en una escena de El Lago de los Cisnes. Foto: Difusión
Ciro Tamayo en una escena de El Lago de los Cisnes. Foto: Difusión

—¿Es así de vertiginosa la carrera de un bailarín?

—Creo que sí, al menos ese es mi caso, y uno no sabe a dónde te puede llevar la profesión.

—Me imagino que ni te imaginabas terminar en Uruguay.

—No, ni sabía dónde estaba, sinceramente. Me dijo Julio que la compañía era en Uruguay y le dije, bueno, ¿y dónde es? Lo busqué en el mapa y me dije: allá vamos.

—¿Cómo hacés cuando extrañas la comida de tu casa?

—En verdad, yo cocino cosas de España y mi madre me trae algunas cosas cuando viene, de contrabando como jamoncito, queso y esas cosas. Mucho la comida no extraño. Lo que se extraña es el ambiente. Pero eso es lo que le sucede a cualquiera por estar mucho tiempo en un mismo lugar.

—¿Y con la dieta de bailarín cómo te manejas?

—No estoy pendiente de eso. Nunca tuve que cuidarme en el sentido alimenticio. Nunca tuve que estar pendiente, yo como lo que hay en la mesa.

"Como lo que más me gusta es actuar, estoy muy entusiasmado con este ballet", dice Tamayo

—Has estado casi desde el principio, ¿cómo notas la evolución del BNS?

—Cuando llegué, subestimé a la compañía. Pensé que me iba a encontrar con una compañía chica y me sorprendió el nivel de las personas que había. Y lo que más me llamó la atención fue la camaradería, la calidez de las personas. Venía de Londres que es más frío, en todos los sentidos y el ambiente el ballet es complicado. Como en todos lados hay rivalidades y ese tipo de problemas, y al llegar acá me gustó el ambiente familiar y cálido y me recibieron con los brazos abiertos. Con los años el nivel fue subiendo, la exigencia fue subiendo y las producciones que hacemos son cada vez más importantes. La compañía ha crecido un montón, también bailamos mucho más.

—Leí que no estabas muy contento con tus rodillas, ¿puede ser cierto?

—Es un tema técnico. No es que no esté contento con mis rodillas físicamente, “tipo rodillas las odio” (risas). Es un tema de cómo siento al bailar. Hay veces que las extremidades, los pies o la articulación de la rodilla las dejo de sentir en un momento, y me entreno más en lo artístico y se me aflojan. Es un tema técnico y estético de la danza clásica, que no es mi fuerte.

Ciro Tamayo en una escena de El Corsario. Foto: Difusión
Ciro Tamayo en una escena de El Corsario. Foto: Difusión
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