Especial artes escénicas 2015

Danza que crece y se multiplica

Los montajes coreográficos nacionales y extranjeros suman un público amplio y ávido.

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La coreografía domina en el arte del siglo XXI.

Mientras el teatro ofrece temporadas que alternan lo novedoso y lo esperable, lo visto y lo inesperado, la danza parece ir abriendo nuevos lenguajes y rutas que merecen atención. Por un lado, la multiplicación de espectáculos coreográficos es innegable, tanto nacionales como extranjeros. Y el interés de sus elementos expresivos, también.

Un ejemplo tangible es el Ciclo Montevideo Danza, que en seis años ofreció desde la Zavala Muniz unos 50 espectáculos, y prepara para el 2016 siete más. "Al principio, cuando se inauguró la Zavala Muniz, en los primeros espectáculos de danza contemporánea venían los familiares y amigos de los artistas, la mayoría gente conocida. Hoy se venden entradas y viene un público que no conocemos, no son artistas ni amigos de los artistas", contó a El País Daniela Bouret, directora del Teatro Solís.

"El público de danza contemporánea está creciendo año a año en un porcentaje mayor al 10 por ciento", agrega el organizador del ciclo, Leonardo Durán, quien describe a ese público como "muy variado: nos visita gente de todas las edades, pero principalmente entre los 20 y los 50 años".

Paralelamente, mientras un creciente movimiento de danza contemporánea local se va afirmando, cada vez más compañías extranjeras de diversos lenguajes pasan por Montevideo. Desde las de nuevo circo (este año se impusieron desde el Auditorio Adela Reta el grupo australiano Circa, o el sueco Cirkus Cirkör), hasta las grandes compañías de Brasil, como la de la gran Deborah Colker. Y lógicamente, lo nacional y lo extranjero no convocan por igual.

"Sin duda es un comportamiento distinto. Hay una connotación positiva con algunos espectáculos que tienen una marca potente, como Corpo o Deborah Colker, que también el público lo toma como una salida, un paseo. A nivel de usuaria me arriesgo a decir casi al vuelo, que los públicos que van a la danza contemporánea en general son más jóvenes que los que van a ver ballet, que son mujeres mayores de 60 y niñas", agrega la directora del Solís.

El lenguaje del cuerpo viene aportando a la escena todo un rango de temas y técnicas, desde la danza más introspectiva hasta la acrobacia circense, no exenta de toques poéticos y reflexivos. La futura presencia del Cirque du Soleil el año próximo, por primera vez en Uruguay, habla del crecimiento de ese sector de público.

Ese nuevo circo para prosperar necesita de grandes inversiones, por eso en Uruguay crece en pequeñas proporciones, sin llegar a grandes espectáculos ni públicos. Son además espectáculos en general itinerantes, que suelen necesitar de grandes giras para recuperar el enorme capital invertido.

En el otro extremo, la danza contemporánea se multiplica en muchos espectáculos, que por lo general no dan demasiadas funciones. El coreógrafo Martín Inthamoussu coincide con Leo Durán sobre el crecimiento del sector. "Se pueden ver una gran variedad de espectáculos que se colocan en el rubro de la danza contemporánea. Esto conlleva cosas a favor y cosas en contra: a veces el público no sabe qué va a ver, debido a las fronteras móviles de estos lenguajes contemporáneos".

Inthamoussu afirma que este movimiento crece, pero que no es masivo. "En la danza lo único masivo en Uruguay es el Ballet Nacional Sodre y en el Interior los grupos folclóricos. Pero la danza contemporánea está naciendo aún, tiene apenas quizás unos 40 años de historia, es muy joven aún. No es masivo, no por ahora". El coreógrafo traza un puente entre el éxito del BNS y el mundo de la danza contemporánea. "Indirectamente creo que si una persona decide comprar una entrada para ver ballet, existe una chance de que esa persona sea atraída por otras propuestas de danza. No quiere decir que sea una relación directa y fluida, pero si solo un 10% de las entradas que vende el BNS las vende la danza independiente, entonces se potencia".

Si el tema se mira desde una óptica más general, la coreografía es un arte que está en crecimiento, y va abarcando cada vez más otras ramas del espectáculo, desde la ópera hasta el teatro de texto. Dos o tres ejemplos alcanzan para dar cuenta de un fenómeno que involucra muchas formas de teatro.

Hubo esta temporada algunos elementos de danza en Los estrafalarios de Hernández, que sobre la vida y obra de Felisberto Hernández, Diana Veneziano hizo en Platea Sur. Y también un juego coreográfico de sumo interés en No daré hijos, daré versos, espectáculo de Marianella Morena que este año dio una exitosa gira por España, donde impresionó por su lectura irreverente de la historia de Delmira Agustini.

Otro director que supo sacar partido a la danza desde un texto de teatro fue Mario Ferreira, que en Las maravillosas, de Taco Larreta, logró un cruce interesante de lenguajes de la danza y el arte dramático. El público por su parte parece agradecerlo, en este momento de la historia en que el cuerpo, el baile, las coreografías, han pasado a ocupar un protagonismo que seguramente tendrá larga vida.

LAS MARAVILLOSAS", UN BUEN EJEMPLO.

Disciplinas que se complementan logrando emotividad.

En el espectáculo "Las maravillosas", de la Comedia Nacional, el director Mario Ferreira trabajó junto al coreógrafo Bernardo Trías, quien se hizo cargo del entrenamiento físico y expresivo de los intérpretes, en el marco de la Sala Zavala Muniz. Consultado Ferreira sobre si crece la tendencia de trabajar en teatro con coreógrafos, el director puntualiza: "No lo sé. No es muy habitual para mí el trabajo con coreógrafos, pero me resulta muy estimulante. Hay mucho que aprender. Creo de todos modos que no siempre las intervenciones coreográficas resultan. Deben acompañar dramáticamente lo que ocurre o provocar una distorsión justificada. A veces se ven caprichosas". Y agrega: "La danza forma parte de la formación de la mayoría de los actores, y aún quienes resisten el trabajo físico saben de su importancia. El teatro y la danza se complementan y su encuentro puede provocar momentos de alta emotividad".

"Creo que quienes han dedicado y dedican horas de su tiempo para trabajar con su cuerpo, han adquirido una especial sensibilidad para interpretar los enigmas que esconden las escenas. La mirada de un coreógrafo contribuye a aclarar y despejar mis ideas, o decididamente a definir momentos de la escena en su totalidad. Y si ese coreógrafo es actor estas cuestiones se potencian. Bernardo Trías fue determinante para el resultado final del trabajo", asegura Ferreira, quien también remarca la importancia de la música en paralelo al trabajo del director y el coreógrafo.

"Las maravillosas" supo conjugar lo coreográfico junto al texto de Larreta, invitando a viajar por la historia social uruguaya. "Fue un trabajo relajado y a la vez intenso. El elenco se entregó con el alma para mantener viva la voz de Taco".

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