TEATRO

Cuidada y sensible evocación escénica

Asombra ver la cantidad de público interesado en ver este espectáculo, cuya fila de ingreso daba varias vueltas dentro de la zona de acceso a la sala Delmira Agustini, del Teatro Solís.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Gabriela Iribarren encarna a Simone de Beauvoir. Foto: A. Perischetti

Porque se trata de una obra netamente humanística, sesuda, y llama la atención, de manera muy positiva, que público de diversas generaciones quiera recorrer hoy, en 2017, los pormenores de la vida de la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir.

En carácter de unipersonal, Gabriela Iribarren se pone en la piel de esta pensadora y militante parisina, cuya vida es además reflejo de un largo período histórico, de fuertes cambios sociales. Es que en esa biografía que va de 1908 a 1986, se puede contar la historia del siglo XX, con un acento en una forma muy personal de militancia por los derechos de la mujer.

Iribarren recibe a los espectadores, uno a uno, quienes entran en una sala Delmira Agustini bastante cambiada, que ha sido acondicionada como el gabinete de trabajo de una escritora. Allí la actriz va desarrollando, por momentos a gran velocidad, un monólogo que arranca con el nacimiento de Simone de Beauvoir, pintando todo su delicado entorno del Novecientos. Y el relato avanza rápido, dejando de lado lo minucioso de la cronología, para entrar en puntos centrales del pensamiento de la artista.

Formalmente el montaje tiene varias singularidades que rompen con esa cosa monocorde que pueden tener los monólogos a nivel de puesta en escena. Empezando porque la propia directora, María Dodera, interviene en el medio de la velada, para detallar aspectos de cómo nació el espectáculo.

Por otro lado, la actriz se instala en un podio para lanzar una proclama, así como sale fuera de la sala, hablando con el público desde el otro lado de la puerta. Todo ese juego por el informal espacio escénico va acompañado de un trabajo de proyección digital, que refuerza climas y aporta cromáticamente al conjunto. Claro que el trabajo en un espacio que no es específicamente teatral tiene sus dificultades, y por momentos el público tiene que reubicarse un poco en la silla, para seguir los pasos de la actriz, que a veces se pierde de vista. También la proyección digital puede ser un poco incómoda a la vista del público, según la ubicación del espectador en la sala. Y hay lugares desde donde la visibilidad no es buena.

Más allá de eso, Iribarren (a veces un poco insegura con la letra del monólogo) realiza un trabajo interpretativo convincente. La actriz ha recorrido muchas veces un estilo crispado (tanto en la comedia como en el drama), dándole en este caso al personaje evocado perfiles ricos y definidos.

Simone, mujer partida [***]

Dirección: María Dodera. Actriz: Gabriela Iribarren. Diseño de escenografía y luces: Fernando Scorsela y Cecilia Mieres. Diseño de vestuario y maquillaje: Victoria Falkin. Ambientación sonora: Rafael Massa. Diseño de sonido: Pablo Sánchez. Sala: Delmira Agustini, Teatro Solís. Funciones: va hoy a las 20:00, y luego del domingo 20 al miércoles 23 de agosto, regresando en noviembre. Tickantel, $ 400.

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