TEATRO

Cuatro ludópatas porteños que saben actuar muy bien

En venta las entradas para “Jugadores”, que llega en octubre.

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Daniel Fanego da vida a un profesor en "Jugadores". Foto: La Nación/ GDA

Pasó por el escenario de El Galpón Leonardo Sbaraglia, con El territorio del poder, y viene Griselda Siciliani, con Sputza!. Pero las visitas porteñas seguirán en el escenario galponero. El viernes 7 de octubre a las 20:30, el espectáculo Jugadores reúne a un elenco que seguramente tiene muchos seguidores de este lado del Plata: Daniel Fanego, Luis Machín, Osmar Núñez y Jorge Suárez. Las entradas están en venta en Red UTS, y valen $ 1090, $ 1190, $ 1390 y $ 1590.

El espectáculo propone a través de un cuarteto de personajes, un singular juego de tensiones. Cuatro hombres que se acercan a los 60 años: un barbero, un enterrador, un actor y un profesor de matemáticas. Y todos con una pasión en común, más allá de sus distintos temperamentos y situaciones de vida: en el fondo son jugadores, lo que refiere a la ruleta y las cartas, pero también a las deudas, los excesos, y también los fracasos.

Unas vidas con sinsabores enfocadas a aquellas milésimas de segundo en las que la carta que decide una partida da la vuelta. Cada personaje tiene su historia, casi se podría decir que cada uno tiene una historia para narrar. En ese aspecto, la suerte de cada uno y el devenir de la obra van entrando en paralelo, hasta el efectivo remate.

Sobre libro del autor catalán Pau Miró y dirección de Nelson Valente, la puesta, de poco más de una hora y media de duración, está presentada a través de pequeñas escenas que segmentan la narración, en la que se entretejen las historias personales con la fuerza de la amistad, y donde la adicción al juego y a las emociones vibrantes, presentan como contrapartida emociones humanas, a veces fortalecidas por las propias debilidades en común. El autor plantea que ellos son amigos porque el juego los une, y por eso se reúnen alrededor de una mesa con paño verde a ver qué les depara el azar. Pero a la vez esa pasión por el juego hizo que la vida los uniera, en un nexo que puede que tenga una profundidad que trascienda la ludopatía.

La obra, que se presentó este año en Buenos Aires, en la Sala Picadero, contó con escenografía e iluminación de Luciano Stecchina, vestuario de Valeria Cook, y música de Silvina Aspiazu, logrando un montaje armónico que ha cosechados elogios. Los personajes de la obra, más que por los nombres, están presentados por sus profesiones, dado que la obra también tiene un fuerte sentido simbólico, que tiene que ver con qué roles desempeñan las personas en su sociedad, y cómo incide eso sobre ellos, sus emociones y conductas.

Un trasfondo infantil parece radicar detrás de la personalidad de cada uno de los personajes, dado que son jugadores porque apuestan, pero también por cierto sentido lúdico, por el modo en que se toman la vida. No obstante, la ludopatía da cuenta de trastornos fuertes, y en ese punto cada personaje guarda un tormento, un elemento de desestabilización, que buscan solucionar a través de estrategia intrépidas, no siempre acertadas. Todo en tono de una comedia, que busca divertir y abrir una reflexión.

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