TEATRO

Cuatro jueces y una empleada doméstica

Un espectáculo de gran nivel, que corre el riesgo de pasar inadvertido entre la gran cantidad de obras de teatro en cartel.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Hilarante: Legarra, Davidovics, Rossi y Wolff en plena acción. Foto: Difusión

Tarascones es el título y su nombre no da cuenta del refinamiento que este propuesta teatral encierra. Sin embargo el título que le puso su autor, el argentino Gonzalo Demaría, se justifica por el tono grotesco de las acciones, y por la voracidad de sus personajes, que de algún modo parecen parientes de aquellos de La nona, la tragicomedia que Tito Cossa estrenó en 1977.

Algunos ribetes del viejo underground tienen estos cuatro personajes femeninos que animan esta exquisita velada teatral. Principalmente por el tono exageradamente patético y el desquicio desmedido que refleja lo peor del ser humano. Pero el hábil dramaturgo porteño crea con esos personajes un texto refinado, que el espectador escucha con placer. Parte de ese logro tiene que ver con el uso del verso, modalidad que demanda gran talento y conocimiento de la escritura, y que afortunadamente comienza a retomar vigor en la dramaturgia en español.

En ese aspecto, esta recomendable pieza teatral recuerda El niño argentino, de Mauricio Kartun, con la que comparte también esa mirada paródica hacia la clase alta, sus tics, berretines y manías. Y el verso funciona como un modo de atrapar al espectador, y también sirve para pintar el rebuscamiento de un tipo social. Y para el buen actor, el teatro en verso ofrece la oportunidad de mostrar su solvencia en ese difícil terreno que demanda técnica y a la vez soltura.

Indiscutiblemente el elenco es de primera, y luego de ver la obra los espectadores discuten sobre cuál de las cuatro actrices es mejor. Claudia Rossi (que recita en verso maravillosamente y con mucha naturalidad) compone un personaje inefable, lleno de fuerza, de esas mujeres mayores con carácter, como si fuera una mezcla de Martha Argerich con Marosa di Giorgio.

Una vez más, la dupla que forman Alejandra Wolff y Andrea Davidovics aporta una química impresionante. Ambas se sacan chispas, en un juego escénico que habilita mucho trabajo gestual y corporal. Y, por supuesto, nuevamente Isabel Legarra crea un tipo pleno de vigor, completando este elenco divertido, técnico e intuitivo.

Tarascones tiene humor constante, y el texto administra la trama sostenidamente, con continuos episodios que suman hilaridad, a través de una comicidad inteligente, que surge de las situaciones, de las actuaciones y de la riqueza del libro.

Este montaje sirve para focalizar en la carrera de Alfredo Goldstein como director teatral, artista que tiene en su haber una larga trayectoria, que no siempre es conocida por el gran público. En este caso, el director (que en otros montajes se ha visto más limitado en los aspectos económicos de la producción), contó con una compañía fuerte detrás, que le permitió un montaje como el que esta obra merece. Y esa producción se refleja en el trabajo de Hugo Millán, quien realizó una escenografía y un diseño de vestuario que redondean perfectamente el concepto de la puesta.

El argumento es simple: cuatro mujeres de clase acomodada condenan a la empleada doméstica por un episodio de puertas adentro. Desde allí se va desarrollando toda una locura de acciones estrafalarias. Si bien la obra no es profunda, sí logra divertir, hacer reír y, sobre todo, ofrecer buen teatro, algo que no siempre ocurre.

Tarascones [*****]

Autor: Gonzalo Demaría. Dirección: Alfredo Goldstein. Compañía: Comedia Nacional. Elenco: Davidovics, Isabel Legarra, Claudia Rossi y Alejandra Wolff. Música: Fernando Ulivi. Escenografía y vestuario: Hugo Millán. Peluquería: Fernando Robaina. Iluminación: Juan José Ferragut. Teatro: Sala Zavala Muniz. Funciones: viernes y sábados a las 21:30, domingos a las 19:30. Tickantel, $ 150.

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