TEATRO

Cuatro almas para armar una muñeca

Esta noche se estrena Muñeca Rota en Teatro Victoria.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Se trata de la primera obra que dirige Lucía Trentini. Foto: Diego Ferrando

Onírico le daba vueltas a Lucía Trentini. Esa pieza musical de Agustín Pardo, la impulsaba a crear y la transportaba hacia una vibración tan intensa que quería convertir su sensación en una obra teatral.

Entonces, Trentini —actriz, directora, compositora y exvocalista de La Tabaré— ganó una beca para hacer un taller de dramaturgia con Sergi Belbel, se instaló en una residencia y escribió sin parar una semana. Cada noche simulaban un crimen y debían averiguar quién lo había cometido: ese juego terminó de redondear la esencia policial que le transmitió Onírico.

Conectó con la muerte, la pérdida de la cordura, y la violencia que provoca asesinar. Visualizó tres mujeres que despiertan sin memoria en un sitio desconocido. Están perdidas. No recuerdan qué sucedió pero tienen la sensación de que cometieron un crimen, y empiezan a indagar cómo llegaron ahí, dónde está el cuerpo, cómo se deshacen de él.

De allí nació el boceto de Muñeca Rota que Trentini pensó para Paola Larrama, Victoria Pereira y Karen Halty y les presentó el texto sin saber quién sería Thelma, Molina y Ángela. Jugaron a que las tres eran la misma mujer con distintas visiones de un mismo hecho. Eligieron su personaje en función de sus emociones y sentir.

En esta creación democrática y generosa, cada una tomó información de la otra y la composición derivó hacia un trabajo colectivo.

El guión mutó durante el año y medio que duró el proceso. Trentini aniquiló ese texto, lo destruyó y re acomodó junto a estas actrices cargadas de la sensibilidad musical necesaria para construir este policial sinfónico que cuenta con nueve músicos en escena.

La investigación en equipo fue el eje. La directora organizó el material creativo que surgió en improvisaciones, juegos, experiencias, propuestas y planteos que el trío aportó.

Así, se apropiaron del lenguaje con estímulos; miraron películas (8 mujeres y La Posesión); escucharon a Nina Simone y recurrieron a David Lynch como referencia de lo onírico; usaron un metrónomo para dar musicalidad a las palabras y leyeron crónicas policiales y textos de Marguerite Duras.

Y además, se instalaron en una casa en La Floresta para afianzar el vínculo: la directora quería que pasaran el día entero con la cabeza en el proyecto y experimentaran en un espacio desconocido para trabajar el laberinto mental. Así descubrieron que la noche era ideal para jugar con luces y sombras. Se pusieron la ropa de su personaje y cada una se ubicó en un plano distinto. Recorrieron un circuito con los ojos tapados. No se veían. Solo se escuchaban. Todo era desconocido y cualquier estímulo podía ser una amenaza. Al quitarse las vendas, improvisaron con ese registro en su cuerpo y solo hubo descubrimiento.

Muñeca rota, el fruto de tanto trabajo, se estrena hoy y va todos los martes y miércoles de mayo y junio en el Teatro Victoria a las 21.00.

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