Entrevista a gustaf

“Los críticos no van a ver lo que hago”

El notable humorista y actor cierra el año en la sala principal del Auditorio Nacional Adela Reta

Gustaf
Gustaf, ante un nuevo desafío. Foto: Darwin Borrelli

Será la primera vez que el humorista Gustaf presente un show en el escenario principal del Auditorio Adela Reta, y lo hará en un formato fuera de lo común. El popular cómico desarrollará una decena de rutinas de humor, que irán evocando a grandes comediantes de la historia, y el formato incluye a la Orquesta Juvenil del Sodre, y a todo un trabajo audiovisual que suma películas de los artistas evocados. Será el domingo 30 de diciembre a las 20.00 y las entradas están agotadas.

“Acá no voy a hacer esa autopista que es un monólogo de una hora y media. En ese espectáculo yo entro y salgo, con monólogos de cinco minutos. Es diferente a lo que yo estoy entrenado. Esto es como una obra de relojería, en sincronía con la orquesta y los audiovisuales. Y desde esa modalidad, vamos a recordar a muchos cómicos”, explica el humorista, que trabajará sobre un texto que elaboró junto a Álvaro Ahunchain, también está a cargo de la dirección escénica. La orquesta contará con dirección de Ariel Britos, y los audiovisuales están a cargo de Matías Bello.

En la galería de personajes que Gustaf recorrerá, el cómico encuentra también muchos elementos propios. “Son todos artistas muy interesantes, que está bueno mostrárselos a la gente, mostrarlos en su pirueta pero también en la vida. Y anexar esa banda sonora que fue la que reforzó el recuerdo en el público. Benny Hill fue un enfermo del trabajo, que murió solo en su casa. Y yo tengo cosas de eso, de estar así, encerrado, pensando mi espectáculo. Roberto Gómez Bolaños y la generación de personajes, la identificación, el costumbrismo. De todos hay un poco. Chaplin, fue el máximo, un ser superior. Y Olmedo, con ese surco de tristeza que siempre hubo en él”, adelanta Gustaf.

-Justo esta semana se entregaron los Premios Florencio. ¿Vos te has sentido considerado por esa premiación?

-No, nunca en mi vida los críticos van a ver lo que yo hago. No sé, no lo consideran teatro los monólogos míos. Yo calculo que para la cabeza de ellos, ir a ver un tipo al Estadio Centenario, no consideran que sea teatro. Yo siento que mis monólogos tienen un contenido, que están elaborados, y actoralmente están trabajados, y que son para miles de personas. Tengo mucha convocatoria, aunque a veces no son en salas sino en otros espacios. Pero entiendo la cabeza de ellos: tal vez ellos no entiendan lo que yo hago. Tampoco son premios que tengan una gran repercusión, aunque siempre está bueno ganar un premio.

-Nunca siquiera te han nominado.

-Nunca estuve nominado absolutamente en nada. Es decir, ganamos con La sangre, Mejor Espectáculo, voto del público. Pero como actor, a nivel individual, nunca estuve nominado absolutamente en nada. Ni como dramaturgo, ni como director. Pero no me quejo: siento que es parte de un mundo al que yo no pertenezco. Yo me he abierto de ese micromundo, he trascendido eso. Ellos consideran que monólogo, que hago en una sala como Teatro Movie, para 700 personas, no es digno de ser llamado espectáculo teatral. Es una cabeza que ni siquiera la juzgo. Cuando en realidad es la fórmula más antigua del mundo: Shakespeare decía que el teatro es un hombre hablándole a otros hombres.

Gustaf
Gustaf,, un humorista eficaz. Foto: Natalia Rovira

-Y todo esto de la ceremonia en el Radisson...

-Que les cobraron el ticket. Vos tenías que pagar un ticket e ibas a tu propio premio. Es alucinante: sin palabras. Yo haría una obra de teatro con eso.

-¿Te parece que acá, a veces, prefieren los actores argentinos a los uruguayos?

-En mi caso no podría quejarme. Yo no lo he vivido en carne propia. Tal vez mi caso sea una excepción: hacer un Auditorio del Sodre un 30 de diciembre y que vayan dos mil personas. Pero puede que sí, puede pasar. Tal vez sea culpa del propio teatro: yo he intentado no estar en ese mundo que se cierra sobre sí mismo. Eso de que se van a ver todos entre ellos, y que sentirse como que están en un escalón más arriba, y que el público es el que tiene que entender. Y no ellos hacerse entender por el público. Eso se ha ido cerrando, y lo que genera es que tal vez haya muchos talentos que no salen a la luz de un público más popular.

-En ese sentido, este show que vas a dar ahora, también tiene que ver con actor trabajando con una orquesta, abriéndose a otros colectivos artísticos.

-Sí, hay que romper esa barrera y salir a buscar una orquesta, junto a una artista audiovisual y congeniar con él para armar un combo que pegue en el espectador. Es enriquecerse, buscar nuevos caminos. Inclusive a mí quizá por eso a veces no se me ve como a un artista teatral, y yo soy fruto del teatro. ¿Por qué a ningún actor se le ocurrió sacar su espectáculo al aire libre y hacerlo en el medio del Parque Rodó?

-¿El teatro a veces está muy pendiente de los fondos públicos?


-Plasmar un espectáculo hay que hacerlo a toda costa. No podés estar pendiente de que alguien te dé el dinero. En mi caso, salvo algún esponsor en los últimos años, siempre lo hacemos todo con las entradas de la gente. 

-Hacer un monólogo ante cinco mil personas. ¿Cómo administrás lo que va pasando por tu cabeza en ese momento?

-Tenés que estar muy atento: tenés varias líneas de pensamiento. Muy concentrado en el texto que estoy diciendo, y por otro carril, tener presente el texto que va a venir. Por otro carril, cómo va la función, qué ritmo lleva, si va coordinada la palabra con los movimientos del cuerpo. Y además estar pendiente de qué está sucediendo en la platea, y qué puedo tomar de ahí. De cinco mil personas, siempre hay uno que te grita. O estar actuando en el Estadio y pasa un avión. Y tenés que estar atento también a eso para incorporarlo. Improvisar y volver al texto. Para que esos cuatro carriles vayan bien, la torre de control tiene que estar muy concentrada.

-Vos hacés un juego con tu ego, una ironía de vos mismo.

-Sí, el actor para estar arriba del escenario tiene que tener un ego muy grande. Pero también tiene que saber reírse de eso. Eso se nota mucho cuando cuento cosas que me suceden a mí mismo: es mostrar que uno es un hombre común y corriente. Como si fuese un globo, y en un momento pincharlo. Y mostrar que está relleno de brillantina, unas plumas, aire.

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