entrevista con maría noel riccetto

"Las cosas pasan por alguna razón"

Hoy la bailarina se presenta, con localidades agotadas, en la ballet Cascanueces

María Noel Riccetto
María Noel Riccetto. Foto: Darwin Borrelli

Siempre Cascanueces ha sido algo muy lindo para mí. Sobre todo porque yo pasé la mayoría de mi carrera en Estados Unidos, en donde el Cascanueces a fin de año es una tradición, que nosotros aquí en Sudamérica no la tenemos. Entonces, que se empiece a plasmar esa tradición en nosotros es algo que me gusta mucho. Es más, se tendría que hacer cada fin de año. Para el bailarín a veces es como aburrido y monótono el pensar que todos los diciembres hay que hacer Cascanueces. Eso me pasaba en Estados Unidos, pero al ver la respuesta del público, y para ver a tantos niños, y todo el acontecimiento que implica, es realmente fascinante. Porque es como que Cascanueces forma parte de la Navidad”, dice con su elocuencia habitual María Noel Riccetto, la primera bailarina del Sodre, quien justamente hoy a las 11.00 protagonizará la obra, que con entradas agotadas se estará presentando hasta el jueves 28.

Riccetto ha transitado por innumerables personajes, tanto en el ballet nacional como en el American Ballet, donde por años fue primera bailarina. Y desde esa experiencia afirma su predilección por los roles que le permiten mayor composición de personaje “A mi lo que me pasa es que tengo pasión, adoración, por todas esas obras dramáticas, en las que uno deja el corazón y el alma en el escenario. En ese sentido, Cascanueces es mucho menos profundo. Son dos cosas muy diferentes. En este ballet me tengo que preocupar por ser una niña, y reaccionar de la manera que reaccionaría una niña. Y la actuación va por otro lado. En una obra dramática, en un personaje como Julieta, o como Tatiana, en Onegin: hay una investigación en el desarrollo del personaje muchísimo más profunda”, explica la magnífica bailarina, que entrevistada por El País habló de sus planes de futuro.

-Se barajó tu nombre para ser la sucesora de Julio Bocca.

-Se dieron muchas cosas juntas en ese momento. Yo presenté una propuesta, con la que estaba muy contenta, y se barajó mi nombre. Hubiera sido muy difícil, porque yo dentro de mi propuesta estaba bailar y dirigir la compañía a la misma vez, y eso hubiera sido complicado, aunque no imposible. Pero creo que no era el momento. Pero yo lo dije desde el principio, que si se me presentaba la oportunidad no iba a dudar en enfrentarla. Ahora, mirando todo de la manera que se dio, estoy contenta con lo que sucedió. Las cosas pasan por alguna razón. Yo quiero disfrutar de estos años que me quedan y estar enfocada en bailar. Y quizá en un futuro, si se vuelve a manejar mi nombre, esté muchísimo más preparada. Estoy contenta con el lugar que tengo en la compañía.

-Quizá seas la sucesora de Igor Yebra...

-Yo qué sé. ¡Yebra todavía no empezó! Hay que dejarlo trabajar y dejarlo plasmar todo lo que tiene programado. Por lo que tengo entendido, es muy serio, muy trabajador. Va a ser bueno para la compañía trabajar con una persona nueva. La incertidumbre que se presenta en los momentos de cambio, también puede ser algo positivo a futuro.

-¿A Igor Yebra lo has visto bailar?

-Lo conocí en 2012, cuando vino como invitado a hacer La Viuda Alegre, aunque no bailamos juntos. Me pareció sumamente profesional, muy correcto. Pero no lo conozco mucho más en realidad.

-¿Y cómo ves ese cambio de Julio Bocca a Yebra?

-La ida de Julio me da muchísima tristeza. Primero, porque lo quiero como un amigo. Y segundo, porque fue la razón por la que yo volví. Si Julio no hubiera estado dirigiendo el Ballet, no sé si hubiera vuelto. Realmente. Él fue quien me trajo a Uruguay a bailar de nuevo. Fue quien provocó mi vuelta a mi país. Así que siempre le voy a estar agradecida de corazón. Va a ser un cambio enorme, sobre todo porque el público quiere mucho a Julio, y le agradece que haya reflotado al Ballet Nacional. Pero es válido que Julio quiera tener tiempo para él. Que quiera poner toda esta vida de director en pausa, y disfrutar de otras cosas. Creo que está muy cansado: lidió con un montón de cosas de una manera muy intensa, porque él es intenso. Y se merece este descanso.

-¿Y más en lo personal?

-Bueno, en lo personal va a ser duro no tenerlo en los estudios, porque es la persona con quien yo trabajo de cerca. En estos cinco años, me ha cuidado, y me ha hecho bailar de una forma que no sé si lo hubiera logrado en otro lado, o con otra persona. Lo voy a extrañar mucho, pero igualmente estoy entusiasmada con el cambio. Como profesional le quiero dar una oportunidad de Igor para que haga su trabajo. Yo en este momento de mi carrera hay determinados ballets que no me interesan bailar. Porque ya los he hecho, y tengo ganas de hacer otras cosas. Creo que es lo que me va a empezar a pasar el año que viene: quiero empezar a transicionar. Bailando me queda poco. Y tengo claro que quiero hacer mi última función estando en la cresta de la ola. No decayendo. Y eso es lo que tengo ganas de hacer con Igor. Que me ayude a transicionar.

-¿Qué exigencias tiene Cascanueces para ti?

-Ahora, en este momento de mi vida, la exigencia mayor es representar una niña, teniendo 37 años. En cuanto a técnico, son dúos largos, la estructura del pas de deux del segundo acto cambia, porque en la coreografía de Silvia Bazilis se comienza con los solos, después se continúa con el final de pas de deux, y recién después viene el adagio. Mientras que en la estructura convencional es el adagio, los solos y la coda al final. Esto es como todo al revés. Así que se empieza como muy arriba de energía, y después hay que bajar y calmarse ese dúo que es lento, romántico, lírico: es como un chicle de estirado. Y eso en términos de resistencia es bastante diferente a lo que nosotros estamos acostumbrados.

-¿Dónde vas a pasar en verano?

-Ahora me voy a Nueva York, hasta mediados de enero: empiezo un curso de emprendedurismo y dirección en Columbia University. Es un proyecto que me tiene súper entusiasmada, lo hago en el transcurso del año que viene. Son cinco semanas presenciales, y el resto es con tutoría on line. Y luego que vuelva para acá en enero, tengo un proyecto con mi escuela, en el cual me mudo de lugar, y me independizo de la escuela en la que estoy ahora, y abro yo sola.

-¿Es para formarte como directora?

-Hay un poco de eso, es un poco de gestión, y es un plan de negocios con un proyecto de educación. Está enfocado en mi escuela, y está también toda la parte de dirección y gestión. Me va a ayudar en cualquier ámbito en el que yo me vaya a proyectar.

-¿Tu mejor partenaire?

-¿Acá o en el mundo? Gustavo Carvalho: creo que es la persona que más me ha entendido, y que yo he entendido. Y hemos formado un equipo súper lindo. Él a pesar de su corta edad es sumamente profesional, y siento que cada vez que estamos en el salón de ensayo no perdemos el tiempo. Siempre vamos a más. No he conseguido con nadie lo que he logrado con él en estos años.

-¿El público se quejaba de que Ciro Tamayo y vos no trabajaran juntos?

-Sí. Es una queja válida. Con Tamayo teníamos una química sumamente especial. También a él lo respeto mucho, y lo adoro como bailarín. Pero en el momento en que estaba en mi carrera creo que necesitaba no sé… otro tipo de soporte. De verdad. Fue más que nada eso.

-¿Con qué ballet te gustaría despedirte del público?

-Manón. Es algo que había hablado con Julio Bocca y que estaba en negociaciones. No sé en qué quedará ahora. Vamos a ver.

-¿Y Bolero, de Maurice Bejart, es una coreografía que te gustaría hacer?

-Me gustaría, sí. Todo el mundo me habla de Bolero. ¿Por qué no? En Chile se la hizo hace poco. Sería bueno, en lo que me quede de carrera, aprovechar para hacer cosas nuevas, interesantes.

-¿Ya sabés qué vas a bailar el año que viene?

-Empezamos con Bella Durmiente, una producción totalmente nueva. Es la primera vez que se hace esa obra en el Ballet Nacional Sodre. Sería divino que fuera con orquesta. Y estoy muy entusiasmada en bailar ese rol, que nunca lo bailé. También repetimos Corsario, pero no sé si lo voy a bailar porque coincide con una de mis idas a Estados Unidos. Y hacemos La viuda alegre, y también se repite Cascanueces. Va a ser un año variado, y ocupado.

balance

Un año lleno de conquistas para la gran bailarina

Este ha sido un año cargado de intensidad para la primera bailarina del Ballet Nacional. En mayo conquistó el Premio Benois de la Danza, en el Bolshoi, y su nombre se manejó para la dirección artística del BNS, cargo que finalmente recayó sobre el español Igor Yebra. Ahora, luego de un año de grandes logros, está cerrando la temporada protagonizando Cascanueces, en el rol de Clara. El clásico ballet navideño, con música de Tchaikovski, se está presentando en una versión de la artista argentina Silvia Bazilis, quien la coreografió en 2011 especialmente para el BNS, a solicitud de Julio Bocca. El personaje de Clara, en manos de Riccetto, le permite expresarse en el terreno del ballet pero también una cuota de histrionismo.

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