Teatro

Corpo: danza de primer nivel

Hoy el grupo brasileño se presenta en el Auditorio Sodre.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Compañía de danza Corpo. Foto: José Luis Pederneiras

Hoy se presenta en la sala grande del Auditorio Nacional Adela Reta la compañía de danza Corpo, una de las mayores de Brasil y del mundo en su género. Los visitantes del país norteño dieron el pasado viernes la primera función de un doble programa aniversario, que repitieron ayer, y se despiden esta nochecita del público uruguayo. Un banquete imperdible para los que siguen lo que pasa en materia de danza contemporánea, y para quienes quieran interesarse en el asunto.

Es que siendo un plato artístico selecto, el espectáculo también es accesible hasta para el menos conocedor, y su duración y agilidad lo hace liviano para todos los públicos. En una primera parte de media hora, y una segunda de 42 minutos, la veintena de soberbios bailarines demostró que el trabajo en ese terreno se construye desde el gimnasio hasta la sala de ensayos. La complexión fuerte de estos hermosos artistas es uno de los elementos que embellece el resultado.

Este doble programa bien puede ser además un díptico, dado que una y otra parte, siendo independientes, se complementan, en sentido y estéticamente. De hecho, ambas creaciones comparten escenógrafo, vestuarista e iluminadores, dato nada casual puesto que ha sido una de las líneas de trabajo de este grupo avanzar a través de un equipo sólido encargado de los rubros técnicos, y sumamente ligado al trabajo de sus coreógrafos y músicos.

Este espectáculo nació el año pasado para celebrar los 40 años de esta compañía pionera en Brasil y América Latina, que dio su primer paso en 1975 con el pie derecho, cuando empezó a gestar María María, obra de referencia en la danza latinoamericana, que contó con coreografía del argentino Oscar Araiz y música de Milton Nascimento. Aquello fue una mirada hacia la danza que marcó época y un camino.

Hoy, cuatro décadas después, Corpo se presenta a sí mismo y evoca su origen con dos espectáculos que hacen lo que hay que hacer: uno de ellos mira al pasado y el otro al futuro. Curiosamente, la obra abre con el que mira hacia adelante: y lo hace de la mano de una figura emergente, Cassi Abranches, artista que está muy bueno que el público uruguayo conozca.

Esta primera parte, Suite Branca, debe su nombre al color claro que reina en la escenografía y el vestuario, y también a ese sentido de hoja en blanco que es todo futuro. Pero a su vez esa claridad que tiene el montaje transmite una calma, una paz, que parece infundir optimismo a ese futuro siempre incierto. Coreográficamente, el espectáculo trabaja sobre la caída, la fuerza de gravedad, el peso, todos elementos que han marcado la historia de la danza moderna. Y lo hace de modo original, marcando tensiones y violencias y también armonías y encuentros. La coreografía, a su vez, transcurre por distintos tramos bien marcados desde la música de Samuel Rosa, siendo uno de sus puntos más logrados la suspensión en el aire, el sentido de levedad que concreta.

Su continuidad y su complemento es Dança Sinfónica. Esta mira de algún modo al pasado, evocando cuatro décadas de trabajo y talento. Dominada por los colores negro y rojo, la obra despliega un catálogo de formas riquísimo, en el que el conocedor del lenguaje de la compañía encontrará formas que le resulten familiares. La intensidad de los bailarines, la fuerza y belleza que expresan (sin poner en juego gestualidades ni rostros desgarrados), la naturalidad con que se mueven, es simplemente para ir y verlo.

Las dos escenografías son magníficas, y trabajan estéticas complementarias. Suite Branca tiene un fondo que puede ser roca, pero con otra luz parece papel, jugando de algún modo con lo más fuerte y lo más frágil. Dança Sinfónica exhibe como unos adoquines extraños, que sobre el final el espectador descubre qué son. La coherencia de las escenografías con las coreografías es un aspecto que regocija al espectador, dotando al conjunto de una unidad por demás valiosa. Hoy es la última chance para verlos, a las 20:30. Entradas en Tickantel, de $ 350 a $ 1600.

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