ESTRENA HOY

El coreógrafo de "Un tranvía llamado deseo" cuenta todo sobre lo nuevo del Ballet Nacional

El argentino Mauricio Wainrot habla del ballet "Un tranvía llamado deseo", que hoy estrena el Ballet Nacional del Sodre en el Auditorio Adela Reta

El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot habla sobre el ballet "Un tranvía llamado deseo" que se estrena hoy en el Auditorio Nacional del Sodre. Foto: Leonardo Mainé
El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot habla sobre el ballet "Un tranvía llamado deseo" que se estrena hoy en el Auditorio Nacional del Sodre. Foto: Leonardo Mainé

Antes de la llegada de Igor Yebra y Julio Bocca a la dirección artística del Ballet Nacional del Sodre, el coreógrafo Mauricio Wainrot presentó La consagración de La Primavera en 2003 en el Auditorio Nelly Goitiño, donde mezclaba ballet clásico con danza contemporánea. “Toda la vida hice eso, lo que pasa es que me formé en el Teatro Colón y mis coreografías son muy clásicas con una estructura teatral, pero sobre todo de danza contemporánea. La Consagración es una de mis obras más contemporáneas y me encantaría hacerla acá con estos chicos que son brutales”, dice Wainrot a El País.

Con más de 50 obras creadas, Wainrot dice divertido: “puedo venir cada año a montar una distinta. Además me tienen enfrente, salgo más barato que traer alguien de afuera y más oneroso. Pero bueno, yo no dirijo la compañía, pero en 10 años he hecho tres obras”, para el BNS dice. Esas obras fueron El Mesías, Carmina Burana y Un tranvía llamado deseo que hoy repone la Compañía de Danza estatal con Rosina Gil quien regresa a la compañía como invitada.

Un tranvía llamado deseo fue el primer espectáculo que realizó Wainrot para el BNS bajo la dirección de Julio Bocca. Se trata de una historia escrita por Tennessee Williams que fue llevada al cine de la mano de Elia Kazan. La trama se centra en la perturbada Blanche DuBois quien se muda con su hermana en Nueva Orleans y es atormentada por su bruto cuñado, mientras su realidad comienza a desmoronarse. Llevar esta conocida historia al ballet, así como la evolución que ha visto Wainrot del BNS es el resumen de la charla con el gran maestro argentino de la danza moderna.

Mauricio Wainrot. Foto: Leonardo Mainé
Mauricio Wainrot. Foto: Leonardo Mainé

—¿Cómo surge hacer Un tranvía llamado deseo en ballet?

—La obra me eligió a mí. Empecé a estudiar teatro y una de mis profesoras nos hizo leer Un tranvía llamado deseo, y trabajar en escenas. Después vi la película y me enamoré. En ese entonces no soñaba que iba a ser bailarín ni coreógrafo. Entonces cuando Ivan Nagy que fue el director del Teatro de Santiago y quien rearmó la compañía; en 1997 me pide para su regreso una obra nueva con historia, porque le encantaba cómo contaba las historias. Lo llamé dos días después y le conté que quería hacer Un tranvía llamado deseo.

—Ha estado muy vinculado con el Ballet Nacional del Sodre con tres coreografías para la compañía, ¿cómo se inicia esta relación?

—Julio me llamó para hacer Un tranvía… en su primer año, después me llamó para El Mesías que fue bellísimo, y ahora Igor a quien le agradezco mucho con Carmina Burana. Yebra bailó muchas veces obras mías en el Ballet de Bordeaux, se despidió de esa compañía bailando El mesías.

Carmina Burana
Carmina Burana, por el BNS. Foto: Santiago Barreiro

—Desde 2002 está relacionado con el BNS, ¿cómo ha visto la evolución de la compañía?

—La evolución es increíble. Para mí el BNS es de las mejores compañías de la actualidad. En pocos años se convirtió en una de las mejores, si no en la mejor de Sudamérica. Además, tener la posibilidad de viajar como han estado viajando, ni el ballet de Chile tiene esa posibilidad. Así que fue un antes y un después. Para mí son dos compañías diferentes, se llamarán igual pero es otra compañía. Además tienen este Auditorio maravilloso que es casi único de bello y por las posibilidades de trabajo. Todos los días los chicos tendrían que agradecer de tener semejante auditorio donde trabajar, crear y ser mejores artistas.

Mauricio Wainrot. Foto: Leonardo Mainé
Mauricio Wainrot. Foto: Leonardo Mainé

—La compañía está viviendo cambios, no solo en la dirección, también entre sus componentes. ¿Qué le han parecido las nuevas incorporaciones?

—Esta compañía siempre ha tenido muchos bailarines nuevos. Como he venido cada tres o cuatro años, cada vez que venía me encontraba con nuevos bailarines, más bailarines, en algún momento tuvo 50 bailarines y llegaron a ser 70, así que siempre había alguno nuevo. Y siempre hubo un nivel alto, importante. Lo primero que fue cambiando fueron las nacionalidades, además de los buenos y muchos bailarines uruguayos, había muchos argentinos, después brasileros, americanos que quieren venir y además estaba la atracción de venir a bailar con una figura como Julio y buenos coreógrafos. Así pasó en el San Martín donde había bailarines que me seguían porque les gustaba lo que hacía, y sé que a los chicos de acá les gusta mi trabajo.

Un tranvía es un ballet donde los bailarines también tienen que actuar.

—Sí, y me han llamado de círculos de psicólogos para preguntarme cómo la armé, porque me dicen que me metí en la cabeza de los personajes. Siento que sí, son muchos años de terapia que uno tiene. En Argentina para sobrevivir si no tenés terapia te volvés loco. No me imagino un argentino que no tenga un terapeuta al lado. Viví 15 años fuera de Argentina y no precisé terapeuta hasta que volví. Y en Argentina nos estamos matando, familias enteras se pelean por problemas políticos, sociales y éticos.

—¿Por qué éticos?

—Porque considero que los peronistas no tienen ética por ejemplo. Y ellos pensarán que los que pensamos diferentes no tenemos ética. Igual, lo que más bronca me da es que por no ser peronistas somos pro milicos y yo soy lo más anti milico que hay. Me parece una cosa tan naif que te agredan por haber sido parte del gobierno de (Mauricio) Macri. Fui director de Asuntos Culturales de la Cancillería con rango de embajador y orgulloso de haber estado. Fueron dos años y me encantó ese trabajo que se hizo con muchísima seriedad, mucho afán de hacer las cosas de la mejor manera posibles, cosa que no veo que haya pasado con el peronismo. Mis padres se salvaron por un pelo pero el resto de mi familia fue asesinada y devastada en Campos de exterminio y después Perón le abrió las puertas a todos los nazis que vinieron. Y encima hay judíos que son peronistas, no puedo ni permitir ni perdonar, me parece que están traicionando al judaísmo.

—¿Es religioso?

—Soy agnóstico y liberal, y no soy ni de izquierda ni de derecha. En una época fui de izquierda porque mi padre era socialista, pero los tiempos cambian. Ahora como que la única gente honesta que hay en el mundo es de izquierda, y los de derecha son todos fachos y chorros. Son tan fascistas los de izquierda como de derecha y no valen nada cuando son fascistas. Detesto al fascismo del lado que sean igual que detesto a un violador que sea blanco o negro o del color que sea.

Además de trabajar, la posibilidad de vivir en Uruguay

—Ha dicho que le gustaría vivir acá, ¿sigue en pie esa idea?

—Me gustaría vivir acá, estoy un poco grande para pensar en cambiar de país. Después de 15 años de vivir afuera volví cuando me ofrecieron la dirección del Ballet del Teatro San Martín. Volví el primer año a prueba porque seguía teniendo mi casa en Montreal y era coreógrafo residente del Ballet Real de Bélgica, donde conocía a Igor Yebra.

—¿Le gusta vivir en Argentina?

—Me encanta vivir en Argentina y la manera de pensar. Somos muy abiertos y hay una cosa intelectual que me gusta en algunos, en otros los desprecio. Es como con los nazis o los antisemitas, no puedo dejarlos pasar. No puedo creer en un gobierno que tenga gente antisemita y que reciba un sueldo. Por eso pensé en venir a vivir al Uruguay, ustedes tienen la rambla que es maravillosa. Lo que tengo es un apartamento en Buenos Aires, tengo una buena vida pero encerrado en mi casa. No puedo ir al centro, vivo en Palermo y no me quiero mover al ruido y al quilombo. Ahora con este gobierno hay menos ruido, hay más hambre pero menos ruido.

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