TEATRO

Confusiones del amor llevadas a las tablas

Como gustéis [****]Compañía: Comedia Nacional. Autor: William Shakespeare. Versión y dirección: Levón. Escenografía: Paula Kolenc. Vestuario: Soledad Capurro. Música: Compañía Art Cantorum, Gustavo Reyna, Domingo Suárez, Gastón Gerónimo. Iluminación: Claudia Sánchez. Sala: Teatro Solís. Funciones: viernes y sábados a las 21.00 y domingos a las 19.00. Entradas: TickAntel, viernes a $ 75, sábados y domingos, $ 150.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Belleza visual en esta versión de una gran comedia de Shakespeare. Foto: M. Fernández

La Comedia Nacional demostró empeño por trabajar, al estrenar su primer título del año en febrero. Y lo hizo con una obra ambiciosa, de esas que comportan más riesgos que seguridades. Y el resultado es más bueno que malo, con sus claros y sus oscuros.

Levón y su equipo lograron algo difícil: que por momentos una obra tan compleja fuera presentada en escena con indiscutible belleza visual. La larga comedia amatoria transcurre en escenas cortesanas y bucólicas, y estas últimas son las mejor logradas, con más carácter. Cuando el escenario se arma de colorido, luces y efectos, se consiguen tramos visualmente atrapantes, algo que no es común en la escena local cuando se monta un título de Shakespeare.

A la par de esos efectos, algunas escenas están bien actuadas, siendo claras para el público, que disfruta grandes momentos de actuación. Y tampoco eso es frecuente, dado lo difícil que es hacer que la obra del gran dramaturgo inglés brille en español. En eso, el espectáculo tiene segmentos impecables, que conjugan los rubros técnicos, las actuaciones, el texto y la concepción de conjunto.

Pero esas escenas alternan con otras no tan felices, de una factura visual menos rica. A la vez se suma la complejidad del argumento, sus muchos personajes, las falsas identidades, y todo un juego a nivel de la trama que no parece estar muy bien presentado al espectador. Al respecto, quizá faltó trabajar un poco más el texto y la dramaturgia. Por momentos el argumento se desliza con soltura, pero en algunas partes pierde claridad. A eso se suma el problema del decir de los actores: no todos logran comunicar con nitidez.

A nivel del texto, la versión logró conservar la gracia de algunas reflexiones de Shakespeare, y la intensidad de algún monólogo. También en ese aspecto la puesta en escena invita a asistir a un tipo de teatro nada frecuente, transitando un género antiguo, disfrutable para quienes gustan de esas experiencias estéticas.

La puesta en escena de Levón tiene además algunos aditamentos que hacen la velada más amena. Como los músicos en vivo, con archilaúd y guitarra barroca, entre otros instrumentos atractivos. También el director imprime a la escenificación un trabajo corporal de los actores, que otorga dinamismo (y humor) al resultado. Pero más que originalidad, en la puesta en escena lo que hay es una manera bastante eficaz de llevar la obra a escena.

El director consiguió no caer en las viejas fórmulas de montar una obra de Shakespeare volcada hacia la frontalidad del escenario. Se valió para eso de una tarima circular, que permite un juego más ágil. En ese sentido, este montaje está más próximo a las versiones inglesas que han llegado a Montevideo en los últimos tiempos, con las que comparte ciertos sentido lúdico.

Como gustéis había sido hecha medio siglo atrás, hacia 1967, por el histórico Grupo 65 en el viejo Estudio Auditorio del Sodre, bajo dirección de Omar Grasso, con un elenco que integraron entre otros, Roberto Jones, Sonia Repetto y Adriana Lagomarsino. La presente versión vale la pena verla por lo bueno que tiene, por más que se pueda hacer un algo ardua y por momentos poco clara.

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