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Cirque du Soleil: "El riesgo es el orgullo del artista"

En poco más de dos semanas será el estreno de Kooza, espectáculo con que la mayor compañía del mundo del espectáculo, Cirque du Soleil, llega por primera vez al Uruguay. La organización de estos visitantes es muy precisa, y tienen un calendario riguroso por cumplir.

Cirque du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
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Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
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Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard
Cirque Du Soleil. Foto: Matt Beard

Si el clima no se interpone, mañana estarán levantando la carpa gigante en el Parque Roosevelt, donde se presentará desde el miércoles 9 de marzo.

En este megashow, medio centenar de artistas apelarán a formas de circo tradicional, alejándose un poco de la tecnología, tan importante en su lenguaje artístico, para revalorar las técnicas artesanales. Dada la buena venta de entradas, la compañía decidió agregar una semana más, lo que significa que sumó ocho nuevas funciones. Patrick Flynn, director general de Kooza, contó detalles a El País.


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—Mañana arman la carpa. ¡Qué momento!

—Sí, el lunes es un gran día, porque pensamos levantar la lona. Técnicamente es complejo, porque es un momento de vulnerabilidad de la estructura. En un momento el techo de la carpa va a estar colgado pero no anclado, y si hay mucho viento se puede volar como un globo. Es un paso peligroso, de mucho cuidado, también muy impresionante. Luego, en una semana, se terminarían de armar las estructuras internas. Después, como una semana de ensayos, porque los artistas vienen de una pausa y, además, el show lo vamos a hacer con algún número nuevo.

—¿Antes qué pasos se tuvieron que dar?

—Nosotros venimos con un espectáculo, pero también con todo un teatro, la carpa. Fue bastante complejo traer todo hasta acá, dado que los materiales estaban por todo el mundo: Australia, Singapur, Montreal, Quito. Nosotros no tenemos una presencia permanente en América Latina, y no dejamos aquí instalaciones fijas. Es como un gran juego de Tetris. Por el mundo tenemos depósitos para nuestros materiales: en Chile, por ejemplo, tenemos una granja para guardar nuestros contenedores.

—¿Y una vez que llegó todo a Montevideo?

—Trajimos unos 90 contenedores, que fuimos guardando en diferentes lugares. También hubo que preparar el terreno: tres meses para alisarlo, poner asfalto, poner desegües. Todo eso terminó ahora, y la lluvia nos ayudó mucho, para ver por dónde había que hacer alguna mejora. Ahora estamos en el marcaje, pintando en el piso donde va cada cosa. Después, unos 1500 clavos, para luego poner los mástiles, y así se va armando toda la estructura.

—Ustedes venden mucho merchandising, ¿qué lugar ocupa eso en sus objetivos?

—El merchandising es importante para nosotros, pero no tanto como modelo de negocios, porque no contribuye gran cosa. Pero es una manera para el público de recordar esa experiencia. Es una compra de impulso, y el rango de productos es muy amplio. Desde algo muy económico hasta una máscara artesanal: para todos los gustos.

—¿Durante una función, como es el backstage?

—Es como la tapicería: de una cara se ve todo muy bonito, del otro está lleno de nudos. Desde atrás parece que hubiera desorden, pero en el fondo es todo como una máquina, muy refinada, todo súper coordinado. Hay un director de escena que tiene contacto con todos los técnicos, diciéndoles lo que tienen que hacer. Aunque ellos lo sepan de memoria, siguen sus directivas. Porque él puede decidir modificar algo. Pero junto a ese hormiguero de movimiento, de hombres todos vestidos de negro, hay un oasis de calma. Es la carpa artística, donde los artistas se cambian, están los fisioterapeutas, y allí se busca mantener un aire de paz, para que el artista esté más concentrado. El artista no está en medio de toda esa gente corriendo: está viendo tranquilo, por una televisión, cómo va el espectáculo.

—¿Cuánto tiempo de vida útil, por decirlo así, tiene un espectáculo de estas características?

—Kooza va a cumplir nueve años acá en Montevideo, y en carpa la vamos a seguir dos o tres años más. Luego se vuelve un espectáculo de estadio, que es un formato para mercados más pequeños. Para presentarnos en carpa hay que vender un piso de 60 mil entradas: en estadio baja mucho el costo, y podemos hacerlo para 20 mil espectadores. Eso permite seguir trabajando el espectáculo y hacerlo llegar a otros públicos.

—¿Y lo dejan de hacer cuando el público se satura?

—Cuando ya no tenemos dónde ir, y no nos gusta repetir mercados. No nos gusta llevar el mismo espectáculo cinco veces a la misma ciudad. Nos gusta proponerle al público algo diferente, para siempre sorprenderlo. Salvo excepciones, hacemos una visita por ciudad, y cuando se agotan las ciudades, se agota la vida del espectáculo.

—¿Cuántos artistas llegan, dónde se alojan?

—Cincuenta artistas, y en total más de cien personas. Si sumamos parejas, hijos, somos unos 150. Nos alojamos en hoteles y apartamentos. Aunque la vida en caravana es muy romántica, es muy dura. Preferimos alojamientos más cómodos. Son artistas que trabajan muchas horas, muy exigidos, y eso les mejora la calidad de vida, dormir cómodos, comer bien.

—¿En qué idioma se comunican?

—Inglés es el idioma operativo, aunque por ser una empresa de Quebec, oficialmente operamos en francés e inglés. Claro que algunos no los hablan, y tenemos que trabajar con traductores.

—Las finanzas del Cirque deben de ser siderales…

—Yo no te voy a dar números, no se me permite. Pero te puedo decir que nunca exigimos que una función llegue a determinado porcentaje de ocupación. Por cualquier razón, a una función de un día determinado puede ir poco público. Las expectativas de ganancia de la empresa es por ciudad. En cuanto a los costes, hay algunos que son locales y otros de infraestructura, que van en un presupuesto global. Cada ciudad opera según un modelo financiero y luego la gira tiene un modelo global, que incorpora esas unidades.

—¿Ya saben que Montevideo les dará ganancia?

—Está yendo muy bien: depende de los que pase en las próximas semanas. Si seguimos el ritmo de ventas, estaremos bien. Tenemos optimismo en que la venta siga sólida.

—¿Dónde tienen mayor cantidad de público?

—Estados Unidos es un mercado impresionante. Nueva York, en Las Vegas tenemos ocho espectáculos permanentes, donde vendemos más que en todas las otras empresas del ramo juntas. También Canadá, que es nuestra casa, y Japón, donde un show puede estar 18 meses. En Europa en general nos va muy bien, pero país por país puede fluctuar mucho, según la economía, y la competencia. Allí es donde tenemos más competencia.

—¿Cómo ves el panorama acá?

—Yo vine pensando, en Uruguay, ¿qué puede haber? Pero hay un montón de cosas interesantes. Hay un montón de conciertos, también el Carnaval, que aunque no tenga nada que ver con nuestro sector, nos afecta. Porque la gente invierte su dinerito en una cosa o en otra. Yo me sorprendí positivamente, viendo que había tanta oportunidad de ver espectáculos, pero al mismo tiempo reconocí que tenemos competencia aquí, que tenemos lógicamente que respetarla y también estar muy alertas.

—¿Es un mito que hay muchos accidentes en el circo?

—En cuanto a nosotros, es un mito total: esta es la empresa más segura que hay en el mundo del espectáculo. La relación entre las lesiones y accidentes, y la cantidad de funciones, es bajísima. El artista trabaja muy consciente de ese riesgo. Y nosotros estudiamos mucho los riesgos e intentamos mitigarlos. No podemos eliminar el riesgo del todo. Si eliminamos el riesgo, eliminamos el orgullo del artista, y el impacto que tiene sobre el público. Hemos tenido accidentes, lesionados, muertos, pero tenemos el orgullo de ser la empresa con menos accidentes dentro de este tipo de show.

—¿Qué impresión tenés de Uruguay?

—Me está encantando, desde que vine por primera vez, a fines del año pasado. Desde entonces me empecé a conectar con un montón de gente del mundo del espectáculo. Yo llegué pensando, "va a ser un mes tranquilo, no va a haber mucho movida". Pero desde que llegué no paro de salir, a comer, a tomar un vino con alguien. La otra noche fui a ver a los Rolling Stones. Esta es una ciudad que aparentemente es tranquila, pero no lo es. Pero hay que saber, hay que conocerla: no me había imaginado que había una movida tan grande. Como el Carnaval, que es fascinante, divertido, complejo. Creo que Montevideo me va a seguir sorprendiendo.

Cómo el ser humano lo puede hacer.

"Kooza fue un tributo al circo tradicional, y en la escenografía intentamos jugar con la idea de carpa, de lona. Por eso hay mucho tejido que tiene una cierta vitalidad, que sube, que baja. Eso crea un efecto muy impactante. En otros espectáculos de Cirque du Soleil hemos enfocado mucho en la tecnología: en este show pusimos el desafío de ir más allá de la tecnología. No es buscar la máquina que lo haga, sino cómo el ser humano lo puede hacer", explica Patrick Flynn.

"Este es el show más manual, más simple técnicamente. El centro del escenario se llama Bataclán, un elemento de dos pisos, parecido a una noria. Está inspirado en el Teatro Bataclán, de París, que los creadores de este trabajo fueron a visitar para inspirarse. Hay una historia triste conectada a ese lugar y es que los atentados recientes de París ocurrieron en esa sala. Los chicos de Kooza quedaron muy impactados por eso, por lo que en los días siguientes a los atentados hicimos un tributo público".

No puede haber un botón mal.

El vestuario es otro de los rubros que asombran en los espectáculos de esta compañía. "Es un elemento clave, desde los primeros shows del Cirque du Soleil. No sólo por los diseños, sino por la calidad. La consigna siempre fue que nadie del público se podía distraer porque haya un botón mal puesto. Es un vestuario hecho todo a mano, con telas modernas, que se puedan mover junto al cuerpo del artista. Y trabajamos a medida, según el cuerpo de cada artista", detalla el director.

"Es alta costura. En otros espectáculos, en el vestuario se intenta ahorrar dinero sin afectar el look. Nosotros gastamos una barbaridad en eso, para buscar la excelencia", puntualiza el artista, agregando que un millar de piezas entran en juego en Kooza. De hecho, entre las instalaciones del circo hay un lavadero propio.


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Buscar el camino al asombro, la belleza y la poesía.


Kooza se podrá ver en el Parque Roosevelt, accediendo a la gran carpa por la rambla costanera. Desde el estreno, el miércoles 9 de marzo, se presentará durante cuatro semanas, a razón de ocho a diez funciones semanales. Las entradas se venden en Abitab, y van desde $ 6820 a $ 2100.

"Es difícil decir cuál es el número que más gusta dentro de Kooza. Hay gente a la que lo que más le impresiona es la cuerda tensa, que se trabaja sin red haciendo unas acrobacias impresionantes. La familia que presenta el número es Quirós, antigua familia circense española. Son los mejores del mundo", señala el director.

"Impresiona porque es peligroso, como la Rueda de la Muerte, otro número que provoca miedo. Pero hay números, como el equilibrismo sobre sillas, que son de otro tipo. Un artista, moviéndose lento, lento, pone silla sobre silla y él se va subiendo encima. Es impresionante: durante siete minutos cautiva al público, que queda callado, pendiente de cada movimiento. Es un número que no tiene el elemento de peligro, pero sí un suspenso, y una belleza, y hasta una poesía. Es algo que impresiona a mucha gente. Cada número tiene lo suyo: mi preferido es ese de las sillas", confiesa Patrick Flynn.

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