Sergi López

"Ser catalán no implica ser mejor"

Es un lujo tenerlo en vivo, en presencia, en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís. El reconocido actor español (catalán, diría él) se presentará por primera vez ante el público uruguayo, que lo ha visto y disfrutado en la pantalla grande, en títulos tan distintos como El cielo abierto (de Miguel Albaladejo), Una relación particular (filme más conocido por su título original, Una relación pornográfica, de Frédérique Fonteyne), y sobre todo por El laberinto del fauno, que bajo las órdenes de Guillermo del Toro asombró al público tanto por su trabajo interpretativo como por la película en conjunto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"De entrada, 'El laberinto del fauno' me pareció una desfachatez".

Ahora, en algo más de una semana, subirá al escenario de la Sala Zavala Muniz para darse a conocer en otra de sus pasiones, el teatro. Y lo hará con una creación muy personal, Non Solum, que creó a medias con Jorge Picó y que se verá el martes 3, miércoles 4 y jueves 5 de febrero a las 21:30 horas. Las entradas se sacan en la sala o en Tickantel, a $ 700.

"En escena estaré solo, físicamente, pero espiritualmente estoy un poco con Picó, un amigo que conocí en París, en una escuela de teatro, y empezamos a trabajar juntos allá por el 2005, 2006. Y son como aquellas cosas de las parejas, que cuando se separan, aunque no conozcas los detalles, sabes que todo el mundo tiene razones para separarse. En cambio cuando duran, bueno, no sabes muy bien lo que hace que una pareja aguante. Nadie sabe qué hace que dos seres se encuentren, siendo además tan diferentes como somos. Jorge es un tío muy culto, muy riguroso, muy instruido, y yo soy más intuitivo, bastante más ignorante. Pero tenemos esa idea militante, de hacer un teatro que tenga que ver con el ser humano, de no sucumbir a la intrascendencia. La idea del entertainment nos molesta tanto a él como a mí", afirma.

—Su primera vez en Uruguay.

—Sí, aunque en realidad es la segunda, porque en la primera lo único que visité fue el aeropuerto, en un viaje a Buenos Aires de hace un año. En Buenos Aires me presenté en la sala Timbre 4 con otra obra, y este año repito mi visita a la capital argentina con el mismo monólogo que voy a hacer en Montevideo. En realidad me gustaría estar un año o medio año dando vueltas por América del Sur, y poder ir a tantos países que son hermanos y que he visitado muy poco o nada, y con los que compartimos todos una misma lengua. Esta vez voy a estar tres días en Montevideo y cinco en Buenos Aires: espero que sea solamente una avanzadilla.

—¿Qué lugar ocupa América del Sur en su cultura, o en su imaginario?

—En mi imaginario tiene algo de muy fuerte: yo las referencias que he tenido, además de la riqueza literaria y cultural brutal que tienen, es un poco por gente que ha tenido que abandonar esos países. Y frente a este Occidente un poco pasivo o confortable en que vivimos nosotros, es gente con mucho espíritu crítico, muy militante, con posiciones políticas: gente que porque el destino la ha hecho así, ha tenido que posicionarse en la vida. Tengo una idea muy rica, muy creativa, muy crítica y muy viva en el fondo: más viva que Europa, tengo la impresión.

—Pasando a su carrera cinematográfica, ¿aún siente ecos de El laberinto del fauno? ¿Por qué cree que esa película pegó tanto?

—Sí, sobre todo en España, donde vivo. Yo he trabajado más en Francia, y he hecho más películas allí, y con esa película mucha gente me descubrió en mi país, y seguramente es la que mucha gente solo ha visto de mi carrera. Creo que es una película brutal, muy bien hecha. Es curioso, una película hecha por un señor mexicano que habla de nuestra guerra civil, y sin embargo, seguramente la distancia que le da ser mexicano, de no estar tan implicado en ese conflicto bélico, le da seguramente un punto de vista más certero. Es un peliculón, una película redonda, muy bien escrita, muy bien rodada, que no se parece a nada, que tiene mucha personalidad, que acaba juntando el mundo real y el fantástico, de una manera abrumadora.

—¿Más allá de la reacción de la prensa, pensó que a alguien le pudiera molestar esa mezcla de la guerra civil con el género fantástico?

—De principio incluso a mí. Cuando Guillermo del Toro me habló del guión yo pensé, ¿esto cómo se come?; sonaba a tontería. Pero es lo que tiene el cine, y también el teatro, y la literatura, incluso la pintura: que después está el momento artístico. Cuando te metes en la película, terminas en diálogo con una niña que habla con un fauno y también en medio de la Guerra Civil española, del lado de los fascistas. Y los dos mundos parecen encontrarse, ser uno espejo del otro. De entrada me pareció una desfachatez, y luego enseguida me quedé entusiasmado.

—¿Qué fue lo que más le sorprendió de Guillermo del Toro como director?

—Es una máquina: no es solamente un director, es un autor, un creador con todas las letras en mayúsculas, un tipo que asume la responsabilidad de todo, del guión, del punto de vista de la cámara, del montaje, de la música, de los zapatos de la niña. Está muy encima de todo. El éxito de esa película le pertenece a él muy mayoritariamente. Es un tío que no deja que le venzan cuando está convencido de algo, y con eso es muy vehemente. Y el resultado final le da la razón. Tiene algo de genio.

—A usted lo han dirigido grandes directores: François Ozon es uno de ellos. Cuente un poquito sobre esa experiencia.

—François Ozon bien, es un tío muy entrañable, muy curioso, con un estilo así un poco dandy. Puede parecer distante pero en el fondo es un tío encantador, al que no le gusta el rodaje. Para él el rodaje es como una operación de dientes que tiene que hacerse, un momento que tiene que sufrir como sea, pero a él le gusta terminar el rodaje. Rueda muy rápido y le gusta terminar el rodaje y encontrarse con todo rodado, en la sala de montaje. Es allí donde realmente disfruta, donde monta, donde manipula, donde construye finalmente la película. No es un tipo que disfrute del rodaje, pero le gusta encontrar soluciones y las encuentra muy rápido, sabe muy bien lo que quiere. También rueda mucho, entonces tiene una gimnasia ya muy adquirida. Es muy eficaz, enseguida sabe lo que quiere, lo tiene, y quiere pasar a otro plano. Quiere tener todo rápido, para irse a montar.

—Arturo Pérez-Reverte ha dicho que los separatistas catalanes son poco solidarios con el resto de los españoles. ¿Cómo ve usted eso?

—Bueno, no sé, a todos los independentistas no los conozco. Yo, que soy independentista, me siento solidario, y muchas veces más cercano a muchos amigos que tengo en el sur de España que a muchos catalanes. Para mí ser catalán no quiere decir que sea mejor, y es verdad que puede ocurrir eso. Pero, justamente, si para algo luchamos desde la izquierda radical es para que el hecho diferencial de lo nacional no se contradiga con que estamos todos en el mismo barco, y si alguien merece atención, son siempre los más débiles: en Cataluña, en Extremadura, en Uruguay, en China, o en donde sea.

Muchos personajes que desvelan a un actor


El espectáculo que Sergi López presentará en Montevideo por tres funciones se puede definir como una comedia existencial, al menos en su comienzo. Un hombre en solitario se va multiplicando para responder a la gran interrogante que la escena plantea. López está solo en escena, y mientras un personaje ríe, otro le responde cantando, y otro cuenta su primera vez con un extraterrestre. "La improvisación y el teatro son más que primos, sinónimos. Improvisar, actuar, siempre comporta un riesgo, pero al mismo tiempo en la improvisación hay cosas absolutamente reveladoras. Hay imágenes que jamás habrían surgido sentado delante de un papel".

PERFIL

Nombre: Sergi López, actor de cine y teatro.
Nació: El 22 de diciembre de 1965 en Vilanova i la Geltrú, Barcelona.

“El teatro es un regalo que me dio la vida”


En España participó en películas de renombre como Pan negro, pero su fama y buena parte de su filmografía la hizo en Francia, donde hizo su primer casting para cine en 1991. En esa década su popularidad fue creciendo hasta que obtuvo reconocimiento internacional, que le llegó a valer en el año 2000 el premio al mejor actor europeo por Harry, un amigo que os quiere.

Su otra gran pasión son las tablas. "A mí me salva el teatro, que tiene esa cosa que yo creo que es muy sana, que es ese componente de juego. Es decir, estás jugando a encarnar a un tipo que está enfadado con el mundo, o a otro que está enamorado del mundo, a otro que cree en todo, o en nada. En Non solum hay muchos personajes, y me reconozco un poco en todos. Hacer teatro para mí es un juego maravilloso, un regalo que me dio la vida, y en ningún momento lo asocio al sufrimiento, aunque a veces sea duro", explica.

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