CRÍTICA

"Carmina Burana": una hora en un mundo distinto al cotidiano

La coreografía de Mauricio Wainrot es la base de un espectáculo de ballet de primer nivel

Carmina Burana
Carmina Burana, una sofisticada sencillez. Foto: Santiago Barreiro

E l camino que tomó el coreógrafo argentino Mauricio Wainrot para ofrecer esta versión de Carmina Burana que acaba de estrenar el BNS es tan sencillo como eficaz. Los bailarines parecen seguir más de cerca la música que los textos, pudiendo así llevar el resultado hacia una estética propia, que destaca por su luminosidad y ternura.

Uno de los aspectos que de entrada más impresionó del espectáculo es el color que cobra la escenografía en conjunción con las luces, logrando un efecto singular. La resolución escenográfica tiene una presencia del metal, que a través de las luces pierde toda frialdad. Ese logro se complementa con un vestuario en general leve, de colores en general claros, riquísimo en matices.

En ese entorno que genera una referencia cronológica incierta, el despliegue de movimientos en juego es maravilloso. Wainrot se vale de una gran libertad expresiva para pautar coreografías que por momentos transitan por referencias rituales, con un fuerte énfasis en la frescura, en lo etéreo. Los lazos amorosos son expresados de modo variado y potente, con un gran sentido de belleza. Hay una elegancia continua, y tramos de mucha delicadeza de los vínculos humanos, que no es nada frecuente ver en escena.

Entre el coreógrafo y los bailarines se concretó todo un catálogo de expresividad corporal, en el que las luces remarcan la forma de los músculos y sus movimientos. Y todo eso desde un concepto de la sencillez, sin sobrecargar ni utilizar elementos innecesarios. La exhibición que logra Wainrot de cuerpo humano en este trabajo es fuera de serie. Consiguiendo además que los desnudos no caigan en el terreno de lo marcadamente erótico, que no era lógicamente el objetivo. Por otra parte, los elementos de corte acrobático que incorpora el coreógrafo siempre quedan supeditados a la elegancia.

La orquesta contribuyó claramente a la excelencia del espectáculo, ocupando también un lugar destacado el coro, que fue colocado en un sitial de privilegio, para que también formara parte visual destacada del montaje.

Carmina Burana
es una obra que representa varias etapas en la historia de la humanidad, puesto que tiene una base medieval, a la que se suma la labor musical de Orff, con su música tan sugestiva. Y este espectáculo consigue sintetizar muy bien toda esa cronología de épocas distintas, sintetizadas desde lo contemporáneo. Así, tradición y presente logran una excelente conjunción en esta puesta, que seguramente se lleva muy bien con un amplio rango de espectadores.

La dedicación que se puso en el trabajo se refleja también en el programa de mano, en el que unos textos de Lucía Chilibroste ilustran sobre la obra y su historia local. El resultado de todo ese trabajo colectivo se vio fuertemente reflejado en la platea, que el día del estreno, el pasado jueves, aplaudió calurosamente tanto al elenco de bailarines como al destacado coreógrafo argentino y su equipo.

ficha

Carmina Burana [*****]

Coreografía: Mauricio Wainrot. Música: Carl Orff. Diseño de vestuario y escenografía: Carlos Gallardo. Diseño de iluminación: Eli Sirlin. Sala: Auditorio Nacional Adela Reta. Funciones: hasta el 5 de abril. Tickantel, desde $60 a $ 950.

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