CECILIA BARANDA

"Cantidad no significa calidad"

Mañana Teatro Circular estrena Mujeres de Galeano, una escenificación en base a relatos de Eduardo Galeano, con la adaptación y dirección de Cecilia Baranda. Claudio Castro, Denise Daragnés, Micaela Larriera, Oliver Luzardo y Ana Pouso se harán cargo de una galería de personajes femeninos que van desde heroínas hasta personajes de la vida cotidiana.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cecilia Baranda. Foto: Difusión

En entrevista con El País, Baranda adelantó detalles, y reflexionó sobre el estado de la escena montevideana hoy. Las funciones serán jueves y viernes, a las 21:00.

—¿Cómo surgió este espectáculo?

—Muchas veces me llamaban para eventos donde se trataran temas como el de la mujer, o el de la Conquista, y siempre yo encontraba en los libros de Galeano los relatos adecuados. Así fui juntando muchísimo material. Entonces empecé a seleccionar entre esos textos, centrándome en la situación de la mujer, desde la Conquista hasta la actualidad. Luego nos juntamos con Fernando Ulivi, para llevar esos relatos a escena narrados pero en otros casos también cantados, incluyendo un rap.

—¿Actoralmente qué demanda?

—Acá algunos textos fueron convertidos a monólogos, buscando que los actores pudieran hacer propio algo narrado. Hicimos todo un trabajo de investigación actoral en base a eso. Además, son relatos muy cortitos, y los actores tienen que pasar de un estado a otro muy rápido. Creo que el espectáculo es muy dinámico, casi cinematográfico.

—¿Concretamente qué libros tomaste?

—Hay textos de Memoria del fuego, hasta Mujeres, su último libro, pasando por las grandes mujeres libertadoras, hasta relatos y pequeñas historias cotidianas, abarcando hasta el tema del servicio doméstico, o de la mujer que se separa de la pareja. El espectáculo procura hacer presente el testimonio que Galeano nos dejó sobre el reconocimiento de nuestra identidad como latinoamericanos.

—El Galpón había hecho en 1992 El vendedor de reliquias, de Rosencof, basado en Memoria del fuego. ¿Luego no se ha frecuentado mucho a Galeano?

—Sí, después se lo dejó un poco olvidado. Lo que pasa es que ahora en teatro se está haciendo mucho autor extranjero. Esto que hacemos ahora está más centrado en la mujer.

—¿Quizá a Galeano lo tienen más presente en el exterior?

—Sí, creo que es más reconocido en el exterior que aquí. Claro, no hay que olvidarse que él se exilió en Argentina, luego en Barcelona, y después en México. Entonces hay países donde él es mucho más conocido: es algo que pasa mucho en Uruguay. Se es más reconocido afuera que en el propio país.

—¿Sentís que en la escena montevideana hay una parte de sus contenidos que está más ligera?

—Sí, lo veo. Yo soy una defensora acérrima del teatro de reflexión. Y a veces me siento un poco desubicada, porque me parece que el teatro —ya sea por la comedia o por el drama— tiene que generar reflexión, conmoción. Algo que te haga generar algo, que te haga pensar. Pero a veces se busca la risa fácil. Creo que la televisión también nos está llevando a eso. El público, lamentablemente, es un público cada vez más televisivo. Me parece que al público hay que educarlo: igual todavía creo que hay público teatrero, que le gusta ver teatro que le haga pensar.

—¿En cantidad, el público está respondiendo como se espera?

—Va público: si comparamos con otros momentos, siempre las salas están llenas. Lo que pasa es que hay mucho teatro, y además, ahora, más allá de que han bajado las ayudas gubernamentales, igual las seguimos teniendo. Hay una movida teatral intensa, importante. Hay muchísimos espectáculos en cartel. Claro que no siempre la cantidad significa calidad. Hay que seguir haciendo teatro, e insistir en que el teatro no pierda la calidad.

—El teatro uruguayo no tiene figuras fuertes, que el público siga masivamente. ¿Es así?

—Afortunadamente este no es un país de grandes divos. Por lo menos no tenemos esa cholulez, medio Argentina. Y eso nos beneficia también. Porque no tenés que ser una gran figura para poder hacer teatro y generar cosas. El tema es que nosotros tenemos que bregar por el contenido. Y qué pasa: si hacés un espectáculo que hace reír mucho, la gente va a buscar la risa, la risa fácil. Y nosotros los teatreros tenemos que hacer que esa risa no sea tan fácil. Que bajo la risa haya algo que nos haga pensar.

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