crítica: Barranca

El largo camino hacia lo sencillo y directo

Este fin de semana se dan las últimas funciones de este gran trabajo escénico y actoral de L’Arcaza.

Barranca
Barranca, por L'Arcaza. Foto: Difusión

En la Sala Delmira Agustini se está realizando un gran espectáculo, mérito doble si se tiene en cuenta que el lugar no es un espacio teatral con todo lo necesario, empezando por la falta de una gradería que permita mejor visibilidad al público. Barranca puede interesar a los públicos más diversos. Porque por un lado, entretiene como un espectáculo popular, que no demanda demasiada conceptualización del espectador. Y a la vez tiene un trabajo estético, y metateatral, que lo convierte en una experiencia artística original.

La idea inicial tiene su interés, aunque no es la primera vez que se ve en un escenario. Se supone que una compañía de actores tan limitada en integrantes como en presupuesto, se propone montar el gran texto de Florencio Sánchez, y para eso recurre a todo tipo de recursos, todos a la vista del público. Así, la obra se va desarrollando al mismo tiempo en dos niveles: el de los personajes de Sánchez, y el de los actores que tienen que ir resolviendo todos los asuntos de la escenificación, incluyendo algunas discrepancias entre ellos.

Todo eso en un marco estético que remite al circo criollo y a un teatro montado con pocos recursos: de hecho la acción se enmarca en un escenario encantador, que juega con cierto aire antiguo, incluyendo las candilejas, es decir, la línea de luces tenues ubicadas en el proscenio.

La obra tiene elementos de un teatro popular, directo, en consonancia con el espíritu de trabajo de L’Arcaza, grupo de mucha trayectoria también en el teatro infantil. Desde allí surge el uso de las canciones en vivo, y de los instrumentos musicales ejecutados de modo franco, frontal. Con guitarra y bombo legüero, se interpretan algunas de las canciones más conocidas del folklore regional, al filo de una parodia que nunca cae en lo grotesco.

Y esa actitud logra integrar profundamente al público, que sigue el espectáculo con una sonrisa en la cara. Sonrisa que continuamente estalla en carcajada, dado que los efectos de humor están tan bien concebidos como ejecutados. Y junto a eso hay un trabajo más hondo, que tiene que ver con el análisis del texto de Sánchez, y su modo de convertirlo en una nueva obra, que conserva el núcleo de Barranca abajo.

A partir de este clásico del teatro rioplatense, texto fundacional de la literatura dramática de ambos lados del Plata, L’Arcaza elabora una reflexión sobre la soledad, que es vertida en escena con un magistral uso de la voz. Los tres actores manejan muy bien la dicción, los distintos tonos y acentos, a la vez que juegan eficazmente con ellos.

El trío de intérpretes realiza todos los personajes de la obra, alternando continuamente los roles. Y esa dinámica es mucho más que una exhibición de habilidades, puesto que también adquiere un sentido simbólico. Los personajes femeninos y masculinos son interpretados indistintamente por Fabiana García, Pablo Albertoni y Richard Riveiro, y eso además de exigir al talento interpretativo de los actores, abre una reflexión y también cobra rasgos poéticos.

Más allá de eso, cada actor saca filo de lo mucho que tiene que hacer en escena, desarrollando un trabajo físico y actoral de nivel. El rico vestuario, y su uso, subraya el profesionalismo con que el grupo trabaja.

Barranca abajo es el texto emblemático del teatro uruguayo, y la historia de sus representaciones atraviesa más de un siglo de cambios estéticos. Desde que en su estreno, en 1905, el actor Pablo Podestá hizo brillar este texto magistral, siempre ha quedado la interrogante sobre el registro actoral que reclama esta tragedia. Luego Carlos Brussa la llevó a escena durante décadas, asumiendo además el papel de Don Zoilo, en escenificaciones que buscaba ser fieles a la versión de los Podestá. Después, durante mucho tiempo, la Comedia Nacional la hizo dirigida por Orestes Caviglia, y protagonizada por Alberto Candeau, mientras que en el teatro independiente hubo muchas versiones, entre ellas la de El Tinglado, que se hizo durante años, dirigida por María Esther Abelenda y con Zoilo a cargo de Alberto Carmona. En El Galpón la dirigió Del Cioppo, protagonizada por Blas Braidot, y en otras versiones, Jaime Yavitz, Pedro Piedrahita, encarnaron a Don Zoilo. Y hace dos años, Marianella Morena ofreció la versión estéticamente más revolucionaria . Ahora L’Arcaza concretó este cálido trabajo, que rinde tributo a todo ese pasado sin parodiar a ninguno.

ficha

Barranca [*****]

Texto: Versión libre de Barranca abajo, de Florencio Sánchez, a cargo del grupo L’ Arcaza. Dirección: Richard Riveiro. Actores: Richard Riveiro, Pablo Albertoni, Fabiana García. Vestuario y escenografía: Cecilia Bello. Iluminación: Lucía Acuña, Leticia Figueroa. Preparación musical: Rodolfo Vidal. Teatro: Sala Delmira Agustini, del Teatro Solís. Últimas funciones, hoy y mañana a las 20.30. Tickantel, $ 350.

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