TEATRO

Último camino hacia los árboles

“El viento entre los álamos” se despide hoy en el Teatro Solís.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Calcagno, Vázquez y Bolani en plena acción. Foto: María Fernández Russomagno

Hay producciones teatrales que tienen un largo recorrido. Como El viento entre los álamos, de Gérald Sybleiras, cuya versión dirigida por Mario Ferreira nació 11 años atrás. Hoy, jueves 2 de junio, la obra anuncia su función de despedida: será en la sala grande del Teatro Solís a las 21.00. Las localidades se venden en la sala y en TickAntel, a $ 350, $ 250 y $ 150.

Una parte del mérito del montaje radica en el trío de actores: Jorge Bolani, Julio Calcagno y Pepe Vázquez, intérpretes de larga trayectoria y probada solvencia escénica, que en este caso encaja perfectamente entre ellos, así como en la trama, que reúne en escena a tres veteranos de guerra.

Ya ancianos, y recluidos en un asilo geriátrico, los tres viven sus últimos días, entre la fantasía de un mañana y los recuerdos de los terribles días en el frente. Cada uno con su carácter y su estado de salud, uno más gruñón, otro más optimista, los tres personajes habilitan actuaciones bien diferenciadas, en un recorrido que ofrece muy buen teatro.

Las tres actuaciones tienen como base el magnífico texto de Gérald Sybleiras, dramaturgo y actor francés que compuso esta notable partitura para actores, que a la vez que traza convincentemente los perfiles de los personajes, dice mucho al espectador sobre el paso del tiempo, la vejez, la salud, el lugar de los recuerdos en la vida emocional, y un puñado de temas más. Como buen francés, el autor aporta un texto enjundioso, con muchos parlamentos largos y poéticos, aunque también aporta toques de dura realidad, tramos descarnados en los que la vejez muestra su lado más intenso y difícil.

No le falta humor al texto, ni a la dirección, ni a los actores, que llevan al público de la risa a la emoción, y de allí al borde de la lágrima. Es que la vejez permite aportar un toque de absurdo, producto de esas mentes seniles que por momentos entran en zonas de incoherencia. Pero también hay algo de la sabiduría de la edad, que se mezcla graciosamente en esta rica obra dramática.

La escenografía, de Adán Torres, es sencilla y funcional, así como el vestuario de Diego Aguirregaray, pero una cuota importante de la puesta se debe a la realización audiovisual, de Julio García y Julio Porley, que subraya el toque poético, algo metafísico, del autor. La iluminación, de Martín Blanchet, y la música de Silvia Meyer, redondean un montaje simple y con carácter. El equipo técnico es responsable de crear la sensación de esos álamos lejanos, que el viento mueve, pero que el espectador no ve. Gustavo, Fernando y René caminarán en el Solís hacia la alameda, en esta última función. 

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