con Martín Inthamoussou

"Fui a buscar el momento justo"


El coreógrafo uruguayo hace un balance y tiene muchos planes mientras presenta Nora, su nueva puesta en escena que va jueves, viernes y sábado en el Solís.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Agustin Martínez.

Martín Inthamoussou se define a sí mismo como una especie de ‘enfant terrible’ de la gestión cultural oficial, característica que comparte con otros de su generación, como Gabriel Calderón. Paralelamente va desarrollando una intensa actividad escénica, que el próximo jueves agrega un título más, Nora.

Serán seis bailarinas en escena, una actriz de la Comedia Nacional, la Filarmónica a pleno y un trabajo de cierta proporción en el terreno de la escenografía digital. Eso promete este espectáculo, que sobre el personaje de Casa de muñecas, de Ibsen, Martín Inthamoussu llevará al escenario mayor del Teatro Solís.

"La idea original me apareció como hace dos años y medio, cuando estaba haciendo mi posgrado. Estaba estudiando naturalismo y me obsesioné con Ibsen, y me pareció alucinante para llevarlo a la danza. También le interesó al Solís, y el proyecto empezó a crecer en producción, sumándose la Filarmónica y la Comedia Nacional. Pasó también a ser una reflexión sobre la mujer contemporánea a partir del personaje de Nora. Eso es lo que vamos a ver sobre el escenario: una reflexión, más que una versión de Casa de muñecas", adelantó el bailarín y coreógrafo a El País.

La danza buscará expresar qué pasa hoy con una mujer que abandona a su familia para desarrollarse como mujer. "Y cómo reacciona la sociedad ante una conducta de este tipo. Y es triste, en algunos casos, ver que no hay tanta distancia entre aquella Nora de Ibsen y lo que pasa hoy". A nivel escénico, Alejandra Wolf, de la Comedia Nacional, trabajará sobre texto de Marianella Morena. "Y tenemos un apoyo audiovisual muy grande de Miguel Grompone: estamos haciendo una intervención escenográfica. No va a haber escenografía: el audiovisual ayudará a ver los mundos que transita esta Nora".

—¿El escenario del Solís te obliga a coreografías más expansivas?

—Sí. Me gusta mucho el uso del espacio de gran formato, pero en este caso, como el tema es tan íntimo, necesitábamos también una cosa más reducida del espacio. Ahí entra en juego la luz, usada para dar climas más pequeños. Tenemos la "Nora" de adentro de la casa, y la de afuera: y para esta última necesitamos expansión, para eso el Solís es ideal.

—¿Cómo ves el vínculo entre Ibsen y lo corporal?

—Un día, trabajando sobre Casa de muñecas, tomé las didascalias de la obra y escribí todo lo que Ibsen marcaba en acciones. Ibsen, como parte de su naturalismo, tenía eso de marcar cada detalle. Y eso es una coreografía que yo monté: una escena son todas las didascalias de Casa de muñecas. Por eso yo digo que en cada escena la coreografía es de Ibsen.

—Dejando de lado "Nora", ¿sentís que integrás una generación que ha tenido un gran apoyo oficial?

—Sí, por supuesto. No se puede desconocer las ventajas que se han ofrecido en los últimos años para la danza. Generaciones anteriores —Graciela Figueroa, o Hebe Rosa—, hicieron muchísimo pero a pulmón, con poco o nada de apoyo institucional. Hoy es otro panorama: como docente, siempre les digo a los alumnos de la Escuela Nacional de Danza Contemporánea que todo eso no existía, y que ellos lo tienen que defender, con disciplina y trabajo.

—¿Estuviste en el momento justo en el lugar justo o tuviste suerte? ¿Cómo se te dieron las cosas?

—No, no es que estuve en el momento justo en el lugar justo: soy un gran laburante, y me fui a los lugares donde tenía que estar para que todo esto me sucediera. No me quedé esperando y me cayó de arriba. Trabajé muchísimo, me tuve que ir del país para estudiar afuera. Y todo eso es un sacrificio, emocional y económico. No estaba en el momento justo: fui a buscarlo.

—Las críticas que recibiste al ser nombrado en la Escuela Nacional de Danza, ¿cómo las tomaste y cómo las ves ahora?

—La danza acá tiene una cosa pueblerina. Mi cargo en la Escuela Nacional de Danza, que es de coordinación académica, requería de una formación académica, si yo no creo que la tengo, no lo hubiese aceptado nunca. Y a la vista está que el plan de estudios que yo planteé es exitoso y sigue funcionando, a tres años de haberlo propuesto. Y docentes que al principio decían ¿qué va a hacer Martín?, hoy vienen a agradecerme que haya propuesto eso. Necesitaron tiempo para ver que funcionaba. La danza hoy es un circuito muy chico, y sin embargo está dividido. ¿Cómo siendo tan poquitos se terminan dividiendo las aguas? Pero sigue sucediendo. Pero yo, cuando he recibido críticas, nunca contesto. Mi manera de contestar es trabajando.

—¿Hay que tener buen manejo de las relaciones públicas para estar en esos cargos de gestión oficial?

—Hay que ser políticamente correcto. Somos una generación de personas jóvenes que somos parte de cargos de gestión, como Gabriel Calderón en el INAE, o yo en la Escuela, que porque somos jóvenes tenemos como ese permiso de enfant terrible de la gestión. Pero a la vez vas aprendiendo, en esos lugares políticos, que vos formás parte de un sistema, respondiendo a un ministro, y a los intereses que él propone. Yo si estuviera en contra me tendría que ir. Obviamente que mi cargo es político, y hay una decisión política de que yo esté ahí, porque hay una línea que yo voy a seguir.

—¿Cómo es tu relación con Julio Bocca?

—Nos parecemos mucho, él también es impulsivo, workaholic como yo. Cuando yo lo conocí, además de profesionalmente, nos hicimos amigos. Es como un gran maestro para mí: y de las personas más generosas que he conocido. Lo que sí él tiene, es que puede ser mucho más duro que yo; es algo que yo tengo que aprender. Yo, si tengo que decirle algo a alguien, busco la manera de ser lo más políticamente correcto. Él es bastante pragmático en ese sentido; después, estando en Estados Unidos, pensé que era como una manera muy americana de ser. Eso de decir las cosas como son. Acá somos como más rebuscados.

—¿Cómo fue trabajar con Jorge Drexler, en Tres hologramas, de 2011?

—Fue la primera vez que Julio Bocca me invitó a trabajar con el Ballet, y yo a Drexler no lo conocía, nunca había trabajado con él, así que fue el desafío de trabajar con alguien nuevo, que puede ser un desastre o algo maravilloso. Y pegamos onda enseguida. Justo estaba yo de gira en Alemania y me fui a Madrid a trabajar con él. Y fue la primera vez que tuve que coreografiar sobre una música ya compuesta. Yo monté para el Ballet con la música ya terminada. Fue genial, porque yo aprendí con él un montón de música (él es un obsesivo de la teoría), y él aprendió lo que es un ballet, la concepción coreográfica. También tuvimos reuniones por Skype, y él agarraba la guitarra y yo bailaba del otro lado de la cámara. Creo que después de Tres hologramas cambió un poco su sensibilidad con respecto al cuerpo. Y a la vista está, que su siguiente disco es totalmente bailable, y está él bailando. Cosa que él decía: yo me escondo atrás de la guitarra. Después de Tres hologramas me contó que tomó clases con Graciela Figueroa, cuando ella iba a Madrid. Así que ha sido un vínculo bien lindo, hemos estado pensando en más cosas para hacer.

—Este año tenés varios planes, entre ellos participar como coreógrafo en el espectáculo aniversario de los 80 años del BNS...

—Sí, para el aniversario Julio me pidió una versión de Nocturno nativo, que fue el primer trabajo del Ballet del Sodre. Como no hay registro de la coreografía, eso me da una gran libertad; Juan Campodónico está componiendo la música a la par que yo voy trabajando, y Gabriel Calderón escribió un poema basado en el poema del original. Verónica Loza va a estar trabajando con nosotros en las proyecciones, y con 30 bailarines en escena. Dura media hora y es un programa compartido con otras dos obras. Este año fundé mi propia compañía de danza (me separé de Complot), que somos residentes en el Teatro Victoria. Ahí quiero reponer Consagración de la primavera, luego de unas funciones en la Sala Balzo, y después crear para el Victoria una obra nueva. También este año voy a hacer gira con un solo, Así sucedía con todo, que es la última obra que yo voy a bailar: luego me voy a dedicar solo a la coreografía.

La docencia, la gestión y la creación coreográfica

Martín Inthamoussu es el director de la División Danza Contemporánea, de la Escuela Nacional de Danza, y licenciado en Teorías de las Artes Escénicas en el Bruford College, de la Universidad de Manchester, Inglaterra. Durante seis años fue director del Festival Montevideo Sitiada, gestionando la apertura de los espacios no convencionales para la danza. También es autor del libro "Autopsias, reflexiones sobre el cuerpo", publicado en 2010. Sus trabajos para el escenario son muchos y de diversos lenguajes: el jueves 5 próximo a las 21 horas estrenará Nora, que contará con Mariana Torres,

Nicolasa Manzo, Lucía Rilla, Jesica Schapira, Andrea Salazar y Daniella Passaro. Estará en cartel también el viernes 6 y sábado 7, a las 21 horas. La obra dará tres funciones más en junio, desde el 17 al 19.

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