Igor Yebra

“Sé muy bien quién es Bocca y quién soy yo”

Charla con Igor Yebra, el flamante director del Ballet Nacional del Sodre

Igor Yebra
Recién llegado de España, Igor Yebra charló con El País sobre su nuevo rol como Director del Ballet Nacional del Sodre. Foto: Marcelo Bonjour

El nuevo director del Ballet Nacional del Sodre llegó el lunes al país pronto para comenzar a trabajar: una hora después de haber bajado del avión estaba en el Auditorio con sus maletas, cuenta. Igor Yebra es un bilbaíno nacido en 1974 al que le gusta comer bien, aunque no en grandes cantidades, y en charla con El País, reconoce que, aunque no tiene mucho tiempo, le gusta sentarse a mirar a los bailarines ensayar: de esta forma puede ver “cómo la gente trabaja”. “Hay veces que no me puedo aguantar y me tiro con capa” dice, y si bien se ha “llevado alguna corneada”, no puede con su genio.

—¿Cómo te llega la propuesta para sumarte al Ballet Nacional del Sodre?

—Fue una cosa hablando con Julio. Lo conozco desde hace mucho tiempo y una vez me comentó: “¿Qué te parece venir aquí a dirigir la compañía?”. Pensé que estaba de broma y aparte como teníamos el precedente de la otra vez que vine, le dije que él debería continuar. Al final seguimos hablando; comprendí que estaba cansado, lo que es normal, y acepté porque conocía la compañía cuando estuve bailando con La Viuda alegre y me gustó mucho lo que había visto. Eso era solo el principio, pero ya intuía el recorrido que tenía. Después y a la distancia fui siguiendo lo que podía, y quedé sorprendido por cómo iba evolucionando la compañía. Luego, cuando vine a hablar con el consejo y vi las ganas y la ilusión que tenía la gente por trabajar, fue el plus final.

—Tienes una hija chica, de dos años. ¿Cómo piensas hacer?

—Es complicado y complejo. Soy muy franco al respecto, seguramente sea por la tierra de donde vengo que me hace ser así. Es una niña muy pequeña y hay que ver hasta qué punto yo encajo al consejo, a la compañía, y cómo a mí me encajan las cosas. Esto no quiere decir que vengo pensando en venir para irme inmediatamente: todo lo contrario, mi idea sería quedarme muchísimo tiempo. Muchísimo no, porque no creo que haya que eternizarse en los cargos, pero sí que sea una estancia larga y positiva. Y sí poder traer a mi niña y todo, pero hay que ir paso a paso.

Igor Yebra
En su etapa como bailarín, participó en las mayores compañías. Foto: EFE

—Julio Bocca dejó una vara muy alta en la compañía. ¿Cómo será tu impronta?

—Soy muy consciente de que Julio no dejó una vara alta: dejó un trabajo maravilloso, lo que es increíble, porque la compañía tiene un recorrido impresionante. Lo que dije y he dicho siempre: fácil es hacerlo mal, lo difícil es continuar con esto. Yo tengo la misma forma de pensar y trabajar que Julio en ese aspecto, y casi los mismos objetivos. Eso no quiere decir que no tenga mi personalidad y mis ideas, las tengo y muy claras. Sé muy bien quién es Julio Bocca y quién soy yo también. Pero en eso coincidimos, ambos queremos la excelencia en lo que hagamos, y así han sido nuestras carreras.

—¿Cuál es tu objetivo para el Ballet Nacional del Sodre?

—Consolidar el trabajo de Bocca, no porque sea de él, sino porque está muy bien hecho. El Sodre y Uruguay tiene que tenerlo y arraigarlo y para eso hay que consolidarlo. Es que lo he visto en otras compañías que tienen muy buen trabajo, y viene un nuevo director que tiene miles de ideas nuevas y pega un volantazo, y se pierde lo que se había hecho. Esto no se puede perder, entonces lo que hay que hacer es consolidarlo para que el o la siguiente que venga no pueda cambiarlo y tenga que seguir por la misma línea, hacer que sea una gran compañía.

—¿Y cómo se logra consolidar una gran compañía?

—La llave maestra es hacer ballet clásico. Luego se van añadiendo nuevos coreógrafos. Me encantaría crear y tener nuevos coreógrafos, pero toda gran compañía de ballet es la que tiene un gran y completo repertorio clásico.

—Siempre hay una carga de clásico que tiene que estar en cada temporada, ¿no te parece?

—Es que tiene que estar. Esto sucede en todo el mundo. En la última compañía para la que trabajé, la Opera de Burdeos, sabíamos que en Navidad había 24 funciones de Cascanueces o El lago de los cisnes y se vendían todos los años porque hay un público. Por eso, cuando la gente dice que lo clásico está pasado de moda, les digo que el ballet clásico es como la “Novena Sinfonía” de Beethoven, y si alguien te dice que no se tiene que hacer o que está pasada de moda piensas que es un descerebrado. Aunque también hay otras cosas para que el público vea.

Ágatha Ruiz de la Prada, siempre colorida.
La reconocida diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada realizó el vestuario para "La bella durmente". Foto: Archivo

—Como las galas de Ballet contemporáneo que inauguró Bocca.

—Digamos que eso es uno de los grandes debes y objetivos y es lo más difíciles para hacer: habituar al público a un repertorio un poco más contemporáneo, porque veo que es un público muy clásico. Hay que ir habituándolos a un repertorio muy bonito, como el año pasado cuando hicieron Chacona, que al público le gustó mucho. Hay que ir por allí, no trayendo un contemporáneo muy agresivo que aunque triunfe en todo el mundo, aquí podría no gustar. Hay que acostumbrar a la gente a que vea lo que se ve en otras partes del mundo. Creo que merecen ver lo que se ve en el mundo para que disfruten con ello, porque descubrirán nuevos mundos.

—El próximo ballet, La Bella durmiente (ver recuadro) que se estrena en marzo, tendrá vestuario que se podría considerar como vanguardista.

—Hay quienes podrán decir “¿qué es esto?”, pero lo más importante de todo esto es que nadie quedará indiferente. El teatro debería buscar eso, que el público hable y se genere controversia y debate, aunque para eso primero hay que verlo. Porque el ballet clásico puede cambiar y evolucionar sin perder su esencia, la coreografía, y allí no traicionamos en lo más mínimo a La Bella Durmiente.

—Has participado en producciones que se podrían considerar vanguardistas, ¿no?

—En mi carrera he tenido la fortuna de bailar ballets maravillosos con escenografía y vestuario de Pablo Picasso como El sombrero de tres picos o Ícaro. Y te puedo asegurar que eran maravillosos, porque eran pinturas en movimiento. Y con Agatha (Ruiz de la Prada) puede ocurrir lo mismo, cómo una pintura se pone en movimiento.

—¿Cuál es el trayecto que piensas desarrollar como director para el Ballet del Sodre?

—Este año el trayecto ya está trazado por Julio y en ese aspecto, al ser una compañía de repertorio clásico, digamos que no hay una gran complejidad, porque hay que ir reprogramando ballets que están en repertorio. Lo complejo es poner a cabo esos ballets. Ahora, por ejemplo hay cosas por cerrar en esta temporada y poner en escena esta Bella Durmiente es complejo. A mí me gusta ir paso a paso y no ponernos a pensar en el próximo año o en la gala. Primero vamos a sacar lo que tenemos delante, que es un toro de lidia importante. También quiero que este proyecto tenga una proyección mundial: ya que hacemos la apuesta, que todo el mundo lo sepa.

Igor Yebra & Maria Giménez Arraigo
Pax de deux del bailarín Igor Yebra junto a María Giménez Arraigo

—Actualmente la compañía tiene casi 70 bailarines, ¿te gustaría tener más?

—Siempre sería mejor tener más, eso es de cajón. Tener más sería estupendo porque te evitas problemas cuando hay lesiones. Tendré los que pueda económicamente, tampoco muchos menos porque no puedes hacer trabajo de calidad. No soy Julio Bocca, indudablemente; a él le dieron algunas cosas que espero que conmigo se mantengan. Por eso, otro de mis objetivos es que este trabajo que se viene haciendo se sepa. Afuera se tiene que saber. Aparte de ser un orgullo propio, cuando detrás hay gente que rema por lo mismo, las cosas se pueden hacer.

"La bella durmiente" su debut frente al BNS

Desde el próximo 15 de marzo y hasta el 29 se estrena el ballet La bella durmiente, lo que significará el debut de Yebra al frente de la compañía de danza estatal. Serán quince funciones que realizará el el Auditorio Nacional y ya están disponibles las entradas por Tickantel y en boletería del Auditorio desde 60 a 680 pesos.

Además, será un ballet que tendrá escenografía de Hugo Millán y como valor agregado está el vestuario realizado por la famosa diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada.

La bella durmiente es el clásico de los clásicos, el ballet por excelencia”, dice Yebra. “El público más generalista asocia clásico con El lago de los cisnes, aunque una bailarina no obtiene el diploma de honor hasta que no interpreta a La Bella Durmiente. Porque es el más puro coreográficamente. Por eso estoy enamorado de la coreografía realizada por Mario Galizzi. Ha tenido un respeto hacia los cuadros, y si se le suma la música de Tchaikovsky, tienes el Cum Laude. Además de la puesta, y por lo que el público tiene que venir como loco a ver este ballet es por el vestuario. En eso también nos tenemos que sentir orgullosos”, dice Yebra.

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