Entrevista a Hugo Millán

“Bocca y Yebra son muy distintos”

El talentoso vestuarista y escenógrafo expone sus dibujos y bocetos en la Sala Carlos F. Sáez

Hugo Millán
Hugo Millán, con muchos planes con el Ballet Nacional Sodre. Foto: Francisco Flores

Lleva más de cuatro décadas trabajando en los escenarios uruguayos, pero su nombre saltó al gran público de la mano de Julio Bocca, con sus alucinantes y premiadas escenografías para el Ballet Nacional Sodre. Ahora, una exposición de sus trabajos se puede ver en la Sala Carlos F. Sáez, del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, donde hasta marzo se podrá recorrer su exposición Diseño en escena.

“Va a haber originales, enmarcados, y paneles con copias, para poder mostrar más cosas. Yo les llevé como seis o siete cajas para que ellos eligieran. No elegí yo el material a exponer”, comenta con simpatía Hugo Millán al ser entrevistado por El País.

-¿Cómo surge esta exposición?

-La invitación que me hicieron fue por el tema del dibujo, porque ellos han hecho varias exposiciones sobre dibujantes. O sea que de algún modo está bastante desprendido de lo que es el diseño de vestuario en sí, aunque sí son representaciones de vestuarios y de escenografías. A ellos les interesaba el dibujo, que es la herramienta que yo tengo para expresar las ideas de vestuario y escenografía. O sea que no es el dibujo por sí mismo: no es una obra de arte. Es algo que forma parte de mi trabajo, con ese otro fin. Y a ellos les interesó eso.

-¿Qué proyectos tenés con el Ballet Nacional Sodre para futuro?

-Tengo una invitación a trabajar para la gala de ballet, con El sombrero de tres picos, Le tricorne, que son dos coreografías francesas, junto con La Suite Blanca. Y lo que estoy trabajando para eso no es el diseño, sino la dirección técnica de la realización de esos diseños. Como me pasó con Romeo y Julieta: había fallecido el diseñador y me contrataron para la dirección técnica del vestuario. Y en El tricornio, el vestuario y la escenografía son de Pablo Picasso, y mi trabajo va a ser sobre los diseños y los bocetos del artista malagueño. En eso estamos trabajando para mitad de año.

-¿Y cómo es trabajar sobre diseños de Picasso, no te tiembla el pulso?

-No, no, me tiene muy contento. Me parece brutal ver los bocetos, que son la representación de una cabeza plástica, y eso lo tengo que llevar a la realidad, y a su funcionalidad. Pero también respetando lo que es el boceto, que tiene un valor impresionante como obra artística de Picasso. Y que tiene un manejo del color, y determinadas características, que me gustaría poder mantenerlo al llevarlo a la realidad del escenario.

-¿Es como el proceso contrario al de la exposición?

-Totalmente. Es leer la partitura de otro, y uno ejecutarla. Y también estamos pensando con el Ballet en la temporada 2019 que está La tregua, con música de Luciano Supervielle y coreografía de Marina Sánchez. Ellos van encaminando el proyecto, y luego vemos cómo entramos las otras áreas. Todavía no tengo ni idea cómo va a ser el vestuario, pero por lo que venimos hablando, La tregua va a ser una cosa mucho más universal. Cuando tomás temas así los hacés más universales, no te vas a quedar solamente en la región, ni en el momento histórico. Nosotros de pronto leemos el libro, o vemos la película, con la mirada de lo rioplatense. Pero me parece que es un tema que puede ser mucho más amplio a la hora de expresarlo en escena.

-Aunque también tiene una pintura de época muy interesante…

-Sí, por supuesto. Hay una pintura de época, pero no tiene por qué ser regional. Es una época que creo que fue como muy compartida por una sociedad más global. Porque se podría pensar que el tema de La tregua está viejo. Y el desafío es ese: mostrar que el tema no está viejo.

-¿No te pasa cuando ves un espectáculo que te deja la impresión que el vestuarista agarró un camino propio y se separó mucho de la obra?

-Sí, ese accidente lo puede tener cualquiera. Pasa. Y de pronto montás un espectáculo que quedan como un collage, como un montón de cosas que no tienen nada que ver. Y en el caso de los rubros de vestuario, iluminación y escenografía, yo sé que es peligroso. Pero eso también tiene que ver con el diálogo que haya con el director. Hay directores que son más puestistas, que pueden dialogar con los encargados de los rubros técnicos de una forma más inteligente, y absorbiendo todo. Y otros directores que no. El director es la cabeza. Pero para el vestuarista es fácil enamorarse de su área. A veces el entusiasmo puede hacer perderte. Y después tenés que tener la frialdad, que de pronto te viene más con los años, de decir que eso no va.

-También a veces el vestuarista se pone como en diseñador de moda…

-Sí, pasa. Pero convengamos que estamos en un momento en el que hay un bombardeo visual enorme, y un mundo referencial caótico, con elementos de todo tipo, donde es muy fácil marearte. Cuando diseñás un vestuario para Julieta tenés que pensar cuando ella vaya a saltar a los brazos de Romeo. Y tenés que pensar qué va a pasar. A no ser que Romeo esté en una computadora y Julieta en otra. ¿Por qué no? Ahí sí pueden estar vestidos como quieran. Las posibilidades que te da la tecnología en escena son maravillosas, el poder de lo que te permite ficcionar. Y creo que el público está acostumbrado a eso. El escenario puro, despojado, está compitiendo con todo eso. Y no te digo que es una competencia desleal, pero sí es una competencia dura.

-¿Notaste mucha diferencia de Julio Bocca a Igor Yebra?

-En la forma de trabajar, es la misma relación de confianza que ambos depositan en mí. Son dos personas totalmente distintas. Bocca y Yebra son muy distintos. De repente Igor está apuntando a otro tipo de trabajo, como pasó con El Quijote del Plata, buscando más mostrar producciones nacionales.

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