entrevista a Gustavo Carvalho

“Ser bailarín demanda persistencia”

Hoy el BNS estrena La viuda alegre y uno de sus primeros bailarines lo cuenta en primera persona

Gustavo Carvalho
Gustavo Carvalho, otro de los valiosos bailarines del BNS. Foto: Marcelo Bonjour

Desde esta noche hasta el domingo 8 de julio, el Ballet Nacional Sodre tendrá en cartel La viuda alegre, una producción que promete, además de excelente danza, un vestuario y una escenografía de esplendor. Y el interés del público quedó en evidencia en la boletería: ya se han vendido 15500 localidades, y quedan solo 1500 por vender. Las entradas están en Tickantel y en el Auditorio Nacional Adela Reta, y valen desde $ 60 a $ 890.

Este título suele ser considerado un ballet atípico, en buena medida por su clima de vodevil, que describe una historia de ambiciones y dinero, y de amores desencontrados. Se trata de un título de clima alegre, en un marco fastuoso, que revive desde la ficción el lujo del París más sofisticado y mundano. Y musicalmente conjuga la partitura de Franz Lehár, con el trabajo de John Lanchberry como arreglista, quien tomó la pieza musical original, e introdujo partes nuevas, para lograr un todo que ha sido muy elogiado por su capacidad para seducir al público.

Más allá de todo el esplendor escénico, el título es muy significativo para el BNS por diversas razones. En primer lugar, porque en su versión de 2012 fue el primer contacto que tuvo Igor Yebra con la compañía, de la cual hoy es director artístico. Además aquella puesta de seis años atrás significó el regreso del María Noel Riccetto al BNS. Pero el elenco de bailarines de la compañía oficial tiene muchos otros talentos, más allá de Riccetto y Ciro Tamayo, quienes suelen acaparar la atención. Por eso, aprovechando este estreno, El País destacó una serie de figuras notables, y entrevistó al primer bailarín Gustavo Carvalho, un chico brasilero de 22 años que ya ha dado muestras sobradas de llevar el ballet en la sangre.

-¿Qué rol vas a desempeñar en La viuda alegre?

-El Conde Danilo, un personaje que es en realidad mayor que yo, más maduro en edad, más canchero, sobrado. Que cuando empieza el ballet ya está borracho. Alguien bien distinto a mí. Voy a estar bailando nuevamente con María Riccetto, y como ella ya bailó el rol de Hanna, ella me enseña mucho, me pasa muchos detalles.

-¿Coreográficamente te resulta muy complejo?

-En realidad los pasos no son tan difíciles como otros ballets, como Lago de los Cisnes. Pero sin embargo, con el vestuario, que es una chaqueta pesada, y haciendo toda la mímica que demanda, en conjunto se hace difícil. También el calzado que uso no son siempre zapatillas, y eso demanda habituarse. Pero está bueno cambiar un poco.

-Es un ballet que tiene mucho de actuación.

-Sí, bastante. Todas las escenas que hacemos tienen muchas cosas específicas. Ronald Hynd, el coreógrafo, nos marca cada detalle, cada mirada. Hay tramos en los que tenemos que expresar como dos o tres sentimientos en la misma escena. O sea que este ballet me ayuda mucho a trabajar como artista, más que a trabajar la técnica en sí. Tiene algo cinematográfico.

-Riccetto ha comentado que tú sos su partenaire favorito.

-Sí, hace mucho tiempo que bailamos juntos, y hemos creado una amistad, una confianza muy fuerte. Y eso ayuda a que todo salga mejor. Encontrar una persona que te haga sentir bien, creo que es lo mejor. Yo trato que ella se sienta cómoda. El partenaire está ahí para sostener a la bailarina, además de tener la variación para mostrar lo que sabe hacer solo. Pero en el pas de deux trato de dejarla a ella siempre bien. En ese caso, mi única preocupación es que ella salga contenta. Más que yo mismo. Yo estoy muy agradecido que María me haya elegido para bailar con ella. Eso me demanda mucha responsabilidad, también porque la gente me empieza a conocer a través de ella. María me abrió muchas puertas. Además, yo empecé a trabajar en pas de deux muy chico, a los 10 años, y me gusta mucho eso de ayudar a la bailarina.

-¿Vos hacés mucho entrenamiento físico con aparatos?

-No, nada. Es genética. Trato de no hacer aparatos. Si voy al gimnasio, hago aeróbico. Porque tengo mucha facilidad para crear musculatura. Entonces, trato de no crear tanta.

-¿Estás conforme con la altura que tenés o te gustaría ser más alto?

-Unos centímetros más no me vendrían mal. Pero igual estoy contento con la altura que tengo. Mido un metro 76 centímetros. Capaz que un metro 80 me quedaría mejor. Hay ballets que exigen determinada altura. Por ejemplo, en Onegin pedían que el protagonista fuera más alto que la chica. Y hay lugares que no te eligen para bailar por la altura. Pero la mayor parte de las veces bailo todo lo que me gustaría bailar.

-¿A veces el público aplaude más la pirueta que los detalles de la danza?

-Claro, los saltos, las piruetas, impresionan mucho al público. Dejan una impresión más de circo. Pero hay escenas, como de Romeo y Julieta, que exigen mucho a los bailarines en el aspecto emocional, y sin embargo no hay muchas piruetas.

-¿Cómo es el ambiente de la compañía, con tantos uruguayos y también extranjeros?

-En pocos lugares pasa lo que acá. Es un grupo muy unido. Ahora durante el Mundial, y entrás en uno de los salones hay banderas de todos los países, Brasil, Corea, Uruguay. Nos llevamos muy bien. Hay compañías que no tienen esta buena energía. Cuando vienen invitados, o repositores, siempre nos aconsejan que tenemos que mantenerlo, porque no es nada fácil de encontrar.

-¿Te gusta vivir en Montevideo?

-Sí, yo soy muy tranquilo, por eso me gusta vivir acá. En Río de Janeiro pasaba mucha cosa al mismo tiempo, y uno no tenía tiempo de descansar, de estar más enfocado en el ballet. También me gusta de acá el frío. Creo que es porque viví toda mi vida con 40 grados en Río. Además, si bien es otro país, estoy muy cerca. Mis familiares vienen a ver las funciones, y yo cuando tengo unos días me voy para allá. O sea que no extraño tanto. Sentiría mucho más la distancia si estuviera trabajando en Europa o Estados Unidos.

-¿Qué es lo más difícil del ballet?

-Creo que el día a día. Venir todos los días, y trabajar duro. Igual lo disfruto mucho, pero es un trabajo pesado para el cuerpo. Al final del día estás agotado. Hay lunes que al final del día te parece que es viernes. Ser bailarín demanda persistencia.

-¿Te adaptarse a la comida uruguaya?

-Me gusta, pero yo trato también de cocinar y hacerme comida brasilera en casa. A veces extraño la variedad que hay allá. A mí me gusta mucho el salmón, y soy mucho de la ensalada. Cuando viajo con María Riccetto siempre tenemos como una pelea. Porque ella come siempre de todo, y yo ensalada. Entonces ella me dice ‘dejá de comer ensalada, estoy harta de tu ensalada’.

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Datos para antes de sentarse en la butaca

La viuda alegre, que se verá en la Sala Eduardo Fabini desde hoy al 8 de julio cuenta con coreografía de Ronald Hynd, reconocido coreógrafo inglés, quien ha trabajado directamente con los bailarines del BNS para llevar el título a escena. Con música de Franz Lehár, el espectáculo está basado en la opereta del gran compositor austrohúngaro, y la presenta versión para ballet fue estrenada por primera vez en 1975 en el Teatro Palais del Australian Ballet. El BNS vuelve a apostar por esta puesta, que ya montó en 2012, y que cuenta con una producción del Joburg Ballet, de Sudáfrica. En el espectáculo participa la Orquesta Sinfónica del Sodre, y la función del jueves 5 será a beneficio de la Fundación Niños con Alas.

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