El carnavalero llega al Sodre con: “Soy Montevideo el musical”

Ariel Sosa: "El público merece el esfuerzo"

"Pinocho" Sosa, que es como todo el mundo lo conoce, no sabe disimular su entusiasmo hacia lo que hace. Lo demuestra desde siempre con sus espectáculos en Carnaval, al frente de Zíngaros, los parodistas que siempre son la atracción fuerte en el Teatro de Verano y en los tablados.

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El popular artista uruguayo presenta una singular obra en el Sodre. Foto: F. Ponzetto

Sus participaciones en el concurso oficial, siempre están acompañadas por localidades agotadas y su presencia genera fanatismos.

Entusiasmo y energía es lo que despliega ahora con el estreno de Soy Montevideo, el musical, un show con 30 artistas en escena y que cuenta una historia de la capital a través de sus canciones, sus bailes y sus momentos históricos. Va a llevarse a cabo en el Auditorio Nelly Goitiño del Sodre lo que aumenta su entusiasmo, sí, y también los nervios.

"Zíngaros es como un hijo mío, y esto es como si fuera otro hijo. No te imaginás cómo sufrí estos días, acá son 27 actores, y tenés que vestirlos para cada cuadro. Y va todo con imágenes en mapping, que obliga a mucha sincronía. En Carnaval para Zíngaros es fácil vender las entradas, a los 20 minutos nuestra hinchada las agota. Pero esto no es lo mismo, no es la avalancha del Carnaval", dice Sosa, un montevideano de Jardines y Nuevo París, en una charla con El País.

En el espectáculo participan Jessy López, Danilo Mazzo, Pancho Araújo, El Canario Pereira, Carolina Javier; en alguna otra entrevista lo ha adelantado como un show parecido a los que se ven en la calle Corrientes porteña.

Soy Montevideo, el musical irá viernes y sábados a las 21 horas y domingos a las 20 horas en la Nelly Goitiño, la sala oficial de 18 de Julio 930. Las entradas, en Abitab y Redpagos, valen 550 y 450 pesos.

—Soy Montevideo, el musical parece de antemano una experiencia distinta y más ambiciosa que tu trabajo con Zíngaros. ¿Es así?

—Son 27 artistas en escena y son 15 cuadros musicales, cada uno con su coreografía, su canto y su sketch: en una hora y media recorremos desde que llega Zabala a fundar Montevideo hasta hoy. Un poeta y un mendigo recorren la ciudad, cuentan su historia, la de sus artistas, sus poetas. Y aparece el Salvo, cuando pasó el Zeppelin, y hacemos una canción dedicada a eso. También La Cumparsita, con sus bailarines de tango. Van a Cabaret Royal, y hay un sketch con Gardel. Vamos al Rosedal, al mercado del puerto, a un homenaje a Alfredo en la Sala Zitarrosa, luego el Sorocabana, el Teatro de Verano, la rambla, el Barrios Sur. Y cerramos con un tema, una murga gigante, de Tabaré Cardozo. Creo que vamos a enamorar a la gente, y sobre todo que la gente se enamore más de Montevideo.

—Pero no es un show de Zíngaros.

—No es un espectáculo de Carnaval. Tiene, sí, el ADN de Zíngaros con glamour, excelentes cantantes y bailarines.

—¿No te parece que el Concurso se fue comiendo al Carnaval en sí?

—Sería muy diferente si no hubiera concurso: la pasión del concurso hace que el Carnaval sea diferente a cualquier otra rama de la cultura. Siempre es bueno que haya rivalidad, porque la gente va a apoyar a su conjunto. Yo me apoyo mucho en el concurso, siempre respetando a los tablados.

—A veces en los tablados los espectáculos tienen montajes muy descuidados...

—Sí, hay que respetar a todo el público. El público del tablado es el que banca el Carnaval, y a ese público hay que darle lo mejor. Yo he tenido problemas por llegar tarde a un tablado, por quedarme en otro a darle lo mejor a esa gente. Yo no robo 15 minutos y me voy para otro escenario. Pero hay grupos, que verlos en los tablados da un poco de vergüenza. La gente no merece eso. La gente se merece el esfuerzo, porque te da su tiempo y su dinero.

—¿El dinero le ganó la pulseada al Carnaval más de barrio?

—Yo dejo todo por el Carnaval. Yo salgo a buscar sponsors todo el año, y cumplo con ellos. Yo hablo con mi sponsor una sola vez por año: después voy todos los fines de año a buscar el cheque, nada más. Pero si el sponsor me da 10 pesos a mí, yo me los gasto en el conjunto. Y hay gente que no hace eso. Después dicen que Pinocho es el poderoso. Pero yo soy más humilde que todos, la peleo, y tengo el compromiso de presentar el show lo mejor posible. Y no hay nadie más lírico en el Carnaval que yo.

—Ahora, el dinero pasó a ocupar un lugar central...

—El Carnaval creció, lo compró la televisión, lo transmiten para otros países. Pero hay conjuntos que mostraron que su talento va más allá del poderío económico, como la Catalina. Nunca la vas a ver vestida de lujo pero tiene un talento maravilloso.

—¿Los reglamentos del Concurso son muy rígidos?

—Yo entiendo el reglamento de otra manera. Sé que hay conjuntos que sobrepasan el tiempo, pero si como parodistas tenemos dos parodias, una presentación y una despedida, 65 minutos es poco. Y no es lo mismo actuar con tranquilidad que hacerlo corriendo. Perdés un poco de calidad artística si estás mirando el reloj. Pero entiendo que son reglamentos y es un concurso.

—Esa situación te habrá generado momentos de tensión...

—Hacíamos la parodia de don Carlos Páez Vilaró. Yo hacía de él, y al final, bajaba y un compañero anunciaba que se iba a leer la lista de los sobrevivientes. Era muy emotivo, porque me abrazaba con otro compañero, que hacía del hijo de Páez Vilaró, cuando se reencontraban. Cuando bajo a la platea, y empieza la lista, siento que me tocan el hombro. Y pensé que mi compañero se había apurado. Y cuando giro la cabeza, era don Carlos. Y me abrazó. Y fue tan emotivo que se paró todo el teatro. Y solo tenés 65 minutos, y si perdés unos segundos, se te va el espectáculo, y perdés puntos. Y él al oído me decía, "Pinochito, gracias por este momento. Dejame hablar". Y le explicaba que no podía hablar. Éramos como un boxeador que agarra a otro. Y había un lugar en la platea, y casi empujándolo, lo senté. Fue el momento más emocionante de mi vida en Carnaval.

—¿El Carnaval montevideano vive de espaldas al interior del país?

—Los conjuntos tienen que ir al Interior, pero no en junio. Yo voy en pleno Carnaval. Si el concurso termina el 15 de febrero, ya arreglo luego para recorrer el Interior, donde hay un público maravilloso. Como que te necesita. Hay pocos grupos que van, quizás por un problema de convocatoria. Van los primeros premios de murga, algún otro parodista, los lubolos. El próximo Carnaval vamos a volver. Y estoy convencido que el Carnaval 2016 va a ser uno de los mejores de los últimos tiempos.

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