Teatro

Anthony Fletcher construyó una caverna en el sótano de Sala Verdi

Entrevista al hombre de teatro inglés que hace una década que trabaja en el arte escénico uruguayo

Anthoný Fletcher
Anthony Fletcher, un nexo entre Londres y Montevideo. Foto: Darwin Borrelli

Es uno de los directores teatrales originales de la escena local, y acaba de estrenar Dados tirados, que hasta el domingo 10 está en Sala Verdi, más en concreto en el sótano de esa sala, donde se armó una caverna a la que solo ingresan 25 espectadores por función. Tickantel, $ 450.

-¿De qué va "Dados tirados"?

-Se trata de un uruguayo que está pasando un momento difícil en su vida: la peor noche de su vida. Y se va caminando por la ciudad y termina en el Templo Inglés, donde se cruza con un vagabundo. Y ahí la obra se da vuelta, y entra en como en otra dimensión, para hablar de lo que es el rock & roll, y qué lugar ocupa en nuestras vidas. Esa idea de que el rock te lleva a algo más salvaje, menos regularizado. Pero a la vez queremos tener una vida normal, y ahí se plantea una paradoja, que la obra de algún modo investiga.

-¿Notás que acá en Uruguay hay mucha presencia del viejo rock inglés?

-Acá está re súper presente. Obvio que los Beatles están en todo el mundo, pero escuchás muchas bandas acá en ya no se escuchan más. Subís a un bondi y las escuchás. Culturalmente acá hay mucha fuerza de la música inglesa. Además, mirando a Montevideo hoy, podés encontrar como un paralelismo con el Londres de los años 60. En los 60, cuando arrancaron los Beatles y los Stones y todo eso, nunca imaginaron que iban a ser lo que terminaron siendo. Entonces, ese ambiente de hacer las cosas por amor, y no por el éxito, eso tiene mucho que ver con este Montevideo de hoy en día. Y creo que hay un vínculo entre lo que era Londres, o Manchester, o Liverpool en los años 60, donde esa ambición de ser ricos y famosos no existía, no era el plan.

-¿En “Dados tirados” buscás como transitar algo del under?

-Creo que tiene bastante del espíritu underground. Esta es una obra de fantasmas, y hemos construido en el sótano de la Sala Verdi un espacio teatral. Es medio una caverna, que se vincula un poco a donde tocaban los Beatles en Liverpool. Tiene un poco de esa onda. Con el equipo de artistas buscamos que lo que vea el espectador no sea necesariamente real. Hay juegos de percepción, por medio de un trabajo de luces y de escenografía bastante radicales. Creo que hay algo de fantasmagórico en ese espacio que hemos construido.

-¿Qué diferencias más evidentes marcarías entre el ambiente artístico inglés y el uruguayo?

-Hay muchos temas en eso. Creo que hay más curiosidad acá, en teatro, en música. Curiosidad también para buscar influencias extranjeras. En Inglaterra, lamentablemente lo que pasa en teatro, es que miramos hacia adentro, y hacia el mundo anglosajón. Y mucho a Estados Unidos. También eso tiene que ver con que un actor allá de cierta carrera está pensando en irse a Hollywood y hacer un montón de dinero y fama. Ese es su objetivo. Su mundo es más grande, pero también está más condicionado por la ambición.

-¿Qué es lo que menos te gusta de Uruguay?

-En Uruguay es difícil hacer cosas. Necesitás mucha voluntad, porque hay una tendencia a la pereza. Hay que luchar contra eso. La vida acá es linda, la gente está cómoda. Pero eso limita el impulso de hacer cosas, y de pelear para romper esquemas. Eso lleva a que a veces esta sociedad sea un poco conservadora.

-¿Y cómo ves el ambiente teatral montevideano?

-Como una familia, con todo lo bueno y lo malo. Todos conocen a todos, pero es un poco fragmentado el ambiente. Después de diez años haciendo teatro en Montevideo veo que no hay mucha integración entre los distintos sectores. Es como una familia grande, en la que algunos primos no se hablan con otros. Sería bueno si hubiera más integración. Por ejemplo, la figura del asistente de dirección, en el teatro en Inglaterra es muy importante, porque puede permitir a los jóvenes aprender en la práctica y ganar algo de dinero. Y ayuda a mezclar esos distintos mundos. Acá hay una cosa de chacras: en Uruguay cada institución es una chacra y no abre sus puertas. Y eso desaprovecha un montón de creatividad, que hay mucha.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)