ESPECTÁCULOS EN 2016

El año que jugamos en Primera

Uruguay se afirmó en la ruta de los grandes espectáculos internacionales en este 2016.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Fuerza Bruta y otros grandes espectáculos que llegaron a Uruguay. Foto: F. Ponzetto

En marzo llegó Cirque du Soleil y el año culminó con Fuerza bruta. Entre esos dos gigantes del espectáculo internacional (que por primera vez actuaron en Uruguay) hubo mucho para ver proveniente del exterior, pero más allá de la lista de artistas extranjeros que incluyeron a Montevideo en su agenda, hay un fenómeno que destacó en este 2016 que se está yendo: los espectáculos de gran formato y el uso de la tecnología aplicada al escenario, la que cada vez va cobrando más protagonismo.

Nuevamente la llegada de la gran compañía de circo canadiense con Kooza al Parque Roosevelt, marcó la mayoría de edad de la plaza teatral uruguaya. De hecho, esta troupe, considerada la número uno en el panorama mundial, había recorrido todo el planeta a lo largo y ancho antes de dar su primera función en nuestro país. Sin duda Uruguay llegó tarde al Cirque du Soleil.

Pero mirando el medio vaso lleno, la presencia del prestigioso grupo circense dejó dos saldos positivos: uno a nivel de producción, y otro ya directamente vinculado al público y su experiencia estética. En lo que tiene que ver con la producción, este tipo de espectáculo visita un país cuando este cumple una serie de requisitos básicos (desde la expectativa del público al lugar donde se va a levantar la carpa), y en ese aspecto ya fue un logro haber pasado a formar parte de la ruta de la compañía más grande del mundo en su género.

De yapa, la infraestructura que demandó la llegada del gran circo canadiense ya quedó capitalizada para Uruguay como plaza de espectáculos. De esa línea de acción surgió Landia (en el Parque Roosevelt, en Rambla Costanera entre Av. Racine y Av. A la Playa), donde luego se instaló Fuerza bruta y que sin duda van a presentarse muchos espectáculos más.

Incluso la comuna canaria firmó este año una concesión a una empresa privada, cuyo proyecto consistió en la instalación de una carpa de 100 metros de largo por 50 metros de ancho y 18 metros de altura, con la expectativa de generar un flujo anual de más de 150 mil espectadores.

De Kooza a Fuerza bruta va un abanico ancho en términos estéticos. La compañía canadiense lleva por el mundo un arte sofisticado, que sin embargo dialoga con un amplio rango de público. Circo sin animales, sus números cuentan con los mejores artistas del planeta en cada rubro, y el espectador uruguayo pudo disfrutar de esa excelencia.

Fuerza bruta es otro producto fuertemente ligado con la gran industria del entretenimiento. Su originalidad está fuera de dudas, sobre todo para el espectador local. Aunque el fuerte de ese espectáculo radica más en su concepción general que en la capacidad de sus intérpretes, que no hacen un gran despliegue de talento. Pero el efecto que produce este espectáculo argentino (que es para un rango de público menor, principalmente por lo potente de su música, sus luces y efectos), permanecerá por mucho tiempo en quienes lo vieron.

Lógicamente que con tecnología digital se pueden hacer miles de cosas distintas, y hasta opuestas. Un espectáculo que no fue muy comentado por la gente del ambiente cultural y que sin embargo dejó su huella este año fue Guerra, con el que el revolucionario artista catalán Albert Pla se presentó en el Auditorio Nacional Adela Reta.

Mezcla de recital, musical y pieza de teatro, su despliegue escénico está entre lo más impresionante y creativo que se vio de este lado del Plata. Especie de película fundida con cantantes en vivo, el trabajo gráfico de Guerra creo que no fue valorado lo suficiente. En cierta medida, el trabajo de escenografía digital de este montaje pesó más sobre el resultado que el propio trabajo de los intérpretes.

En el otro extremo del uso de la tecnología en escena se puede ubicar El territorio del poder, que el galán argentino Leonardo Sbaraglia trajo a El Galpón. Más allá del resultado (que fue un poco arduo), el montaje interesó por el modo en que conjugó las imágenes, música en vivo, la palabra y los sonidos, también con un gran escenógrafo detrás. Todos estos espectáculos tienen artistas muy talentosos que no están arriba del escenario, y que cada vez pesan más sobre lo que el espectador recibe.

Este año se pudo ver mucho y asombroso. Una vez más, Finzi Pasca con su show La veritá deslumbró con poesía e ingenio. Y quizá en materia de innovación, No gravity dejó un recuerdo de belleza física y estética. Un paréntesis en las leyes de la física deslumbró al público desde el escenario del Auditorio, dejando la incógnita de cómo pudieron lograr eso.

La escenografía cada vez más está dejando de ser un mero apoyo para cobrar un rol protagónico. Claro que se corren riesgos como apabullar al espectador con la enorme paleta de posibilidades que ofrece, o que el artista quede en segundo plano. Otro aspecto de este tipo de espectáculo es que demandan de infraestructuras locales costosas y aggiornadas. Y en ese sentido, suelen ser producciones que tienen pocas posibilidades de viajar al Interior en estos tiempos que tanto se habla de descentralización. Cada día más la cultura demanda infraestructura.

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