VÁZQUEZ ACCARDI

El amor y el humor como su religión

En su vuelta a Uruguay, los actores hablan del éxito de la obra teatral El otro lado de la cama.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Vázquez y Accardi. Foto: Darwin Borrelli

La noche anterior a esta entrevista (la del miércoles), fueron al teatro a ver a Guillermo Francella, Arturo Puig y Jorge Marrale en Nuestras mujeres. Disfrutaron, se rieron y dejaron registro en las redes sociales, casi una obligación para las estrellas de estos tiempos. Durmieron un par de horas y cuando llegaron al aeropuerto supieron que, por la neblina, su vuelo iba a demorar más de la cuenta. Al final llegaron a Punta del Este y, de ahí, viajaron a Montevideo, donde los esperaba una breve instancia con la prensa previo a las nuevas funciones de El otro lado de la cama.

Almorzaron tarde, sobre las 16:00, y mientras en el pasillo Nicolás Vázquez graba un video para un niño argentino que necesita un tratamiento médico, Gimena Accardi les cuenta a sus seguidores, a través de un video, que no tuvo tiempo para planchar la camisa que está usando ni para peinarse, y que a falta de tiempo para cuidar su piel, improvisó una mascarilla con miel y azúcar.

Después, ya juntos, se excusarán por esta llegada demorada a la ciudad mientras una cámara los sigue siempre de cerca, con la intención de reunir material para un documental que está en desarrollo sobre esta obra teatral que ya lleva un año y medio en circulación, y que este fin de semana está otra vez en el Teatro Metro. Además, por primera vez, llegará al interior uruguayo.

Y antes de que empiece la nota, Accardi le pasará la mano por el rostro a Vázquez, en un gesto casi maternal que parece tener la intención de acomodar alguna cuestión estética, pero que se siente como mucho más que eso.

Es que esta nota es de las primeras que Vázquez hace mano a mano con un medio, tras el fallecimiento de su hermano Santiago, quien murió por una falla cardíaca durante sus vacaciones, apenas días después del casamiento de estos dos actores que son una de las parejas más queridas del espectáculo argentino. Ya se avisó previamente que la charla debe centrarse en la obra y, al final, después de tanto conversar sobre El otro lado de la cama, el actor agradecerá el respeto.

—Llevan más de 300 funciones con El otro lado de la cama. ¿Cuál es la clave para no aburrirse ni cansarse?

Gimena Accardi: Siempre nos estamos esforzando —sobre todo Nico— en cambiarla. Cuando hacés 350 funciones ya necesitás renovarte.

Nicolás Vázquez: Después es disfrutar de lo que hacés. Esto es un estilo de vida, elegimos hace mucho tiempo vivir de esto y tenemos la bendición de hacerlo. La gente nos acompaña, y hacemos una obra en la que tenemos el privilegio de hacer reír. La risa es maravillosa, sobre todo en este momento que estamos pasando donde cada vez hay más guerra y violencia. Hacer una obra que lleve un poco de risa y paz a la gente, te juro que es algo maravilloso. Puede sonar naíf o de casete, pero te aseguro que cuando estás ahí arriba y sentís la cantidad de gente que se ríe al mismo tiempo, es muy fuerte.

—¿Cuál es la sensación?

G. A.: Todas las funciones terminamos con piel de gallina. Se cierra el telón, nos abrazamos y es como: disfrutemos, porque cuando queramos acordar, ya se terminó.

N. V.: Y pasa algo que lo hablamos con Gime cuando nos vamos a dormir, que es muy fuerte cuando vos leés mensajes en las redes sociales donde la gente te dice cosas muy fuertes. Lo que la risa puede lograr, hace muy bien.

—Y se fue generando un vínculo casi familiar del público para con ustedes.

N. V.: Es verdad. No todos los actores tienen la dicha de que el público los acompañe y en eso nos sentimos agradecidos. Hay un imán que atrae, y después sumale que los dos funcionamos muy bien como dupla actoralmente, que así fue como nos conocimos. Nos elegimos antes de ser novios. Lo que decís no lo puedo negar, sería falsa modestia: lo vemos y lo agradecemos mucho, con respeto y humildad.

—Esta obra es una comedia liviana, pero les exige mucho a nivel físico: cantan, bailan, tienen mucho desplazamiento, todo sosteniendo personajes casi ridículos.

N. V.: Ah, viste la obra. Sí, tenemos que estar entrenados para lograr eso.

G. A.: Sobre todo Nicolás, que es el que más está en escena y tiene mucho esfuerzo físico, que lo puede lograr porque es un tipo entrenado. No lo puede hacer cualquiera, porque te agitás cantando y bailando. Pero además, si bien queremos hacer reír, hay un mensaje que se baja que es: esto que están viendo es lo que no está bien, y ojalá tengamos menos de estos personajes y todos seamos más comprensivos y respetuosos. Y ese chip queda.

—Hablaron hace un rato de cómo el humor sana. ¿Eso aplica para ustedes?

G. A.: Sí, totalmente.

N.V.: Sí, sin duda. Si no lo creés vos, no lo podés predicar. Yo siempre digo que creo más en los hechos que en las palabras, porque hay gente que dice cosas y no hace. El amor y el humor es algo que sana y te acompaña, no hay otra manera. Es la mejor religión de todas, la que nos une a todos. Te aseguro que hace bien.

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