Stefenie Neukirch

La más alemana de las actrices uruguayas

Una carrera meteórica convirtió a Stefanie Neukirch en una de las caras más nuevas de la Comedia Nacional. Esta temporada se le vio en dos roles marcadamente distintos: por un lado, en “Arcadia”, de Tom Stoppard, y por otro en “Las maravillosas”, de Taco Larreta. El País conversó con ella, una de las personalidades artísticas sobresalientes de este 2015.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Le doy la bienvenida a hacer obras uruguayas", afirmó Neukirch. Foto: L. Mainé.

Tú viviste en Alemania, Estados Unidos, y sos también medio uruguaya. Empecemos por ahí.

—Bueno. Nací en Alemania, en Bonn, y cuando tenía como un año de edad nos vinimos a Uruguay, porque mi papá es diplomático (ahora es jubilado): los primeros cinco años, mis primeros recuerdos, son de aquí, de Carrasco. Luego a mi papá lo trasladaron a El Salvador, que estaba en plena guerrilla: había que protegerse mucho, siempre había guardaespaldas. Luego volvimos tres años a Bonn, donde aprendí el idioma, en escuela alemana. Después ocho años en Guatemala, donde hice todo el liceo, y comencé teatro. Y a los 19 me fui sola a estudiar arte dramático a Estados Unidos. Por otro lado, mi mamá es uruguaya, y es por parte de ella que yo tengo la ciudadanía, que es legal, no natural.

¿De uruguaya qué tenés?

—Tengo mucho más de uruguaya que de otra cosa. De todas formas, cuando estoy con uruguayos me doy cuenta que tampoco soy cien por ciento uruguaya. De todos modos, es el país, la cultura, la idiosincracia, en la que me he sentido más a gusto, más en casa. No me considero alemana para nada. Las personas que me conocen me dicen que sí, que tengo mucho de alemana, pero voy a Alemania y me siento sapo de otro pozo. Cosa que no puedo decir de aquí, más allá de tener lagunas sobre política. A veces ante cosas que todo el mundo domina yo me quedo sin saber de qué están hablando, y por eso me tengo que informar más que otras personas.

¿Y qué no tenés de uruguaya?

—Hay una cierta liviandad que se tiene aquí, que no siempre es positiva (a veces sí). Una cierta laxitud con respecto de algunos temas, una cierta dejadez que no comparto, y que estoy contenta de no compartir. Por supuesto que es imposible generalizar porque cada persona es un mundo. Por otro lado trato de aprender de eso, porque los alemanes suelen ser muy estructurados, de planear las cosas. Y yo estoy queriendo permitirme más espontaneidad. En ese sentido estoy en el lugar ideal.

¿Saber idiomas que ha abierto puertas en tu carrera como actriz?

—Sí, no sé si precisamente en la actuación, pero antes de entrar a la Comedia Nacional, como la mayoría de actores de nuestro país, tuve que hacer otros trabajos que no tienen que ver con la actuación, y en ese sentido me ha servido mucho el inglés, más que el alemán: traducciones, clases, ese tipo de cosas.

¿La belleza física también ayuda?

—Creo que tengo la posibilidad de embellecerme, y también de ser común, y yo agradezco por eso. Me parece que una actriz, o un actor, excesivamente bello, le puede jugar en contra. Y excesivamente feo quizá también te cierra puertas. Cuanto más puedas cambiar, transformarte en una cosa u otra, según cómo te arregles, te peines, te vistas, bienvenido sea. Y yo me siento que puedo hacer una cosa y la otra.

¿Cuándo te llaman para hacer una publicidad qué buscan?

—Sí, en la publicidad sí puede jugar a favor la belleza, aunque creo que ha cambiado el perfil. Cuando recién llegué, que hice muchos trabajos de publicidad, sobre todo para el extranjero, buscaban a la mujer europea, sofisticada, bonita, con trazos finos. Eso ha ido cambiando: ese perfil fue convirtiéndose en algo un poco menos sofisticado, en algo más común. Menos producida, con una colita de caballo. Como tratando de acercarse a las personas a través de lo que las personas proyectan realmente. No un modelo. De todos modos, en el último tiempo no he hecho publicidad.

¿Te sentís una rara avis en la escena local?

—Por momentos todavía sí. Tiene que ver mucho con quién te estés comparando. A veces te toca trabajar en un Florencio Sánchez, y yo me pregunto cómo lo voy a hacer, qué tengo para aportar. Siempre que me toca algo más cercano, respiro. Cuando me toca un autor inglés, como Tom Stoppard, en Arcadia, lo siento cercano: no soy inglesa, pero estudié en ese idioma. Pero también le doy la bienvenida al desafío de hacer, por ejemplo, Las maravillosas, de Taco Larreta, una obra tan metida en lo uruguayo. Y bueno, quizá tuve que estudiar más que otros, pero eso siempre te enriquece.

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